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Sembrando otras formas de habitar la ciudad

Decrecimiento - hace 15 horas 37 mins
José Luis Fernández Casadevante 
El Ecologista nº 70.

Un futuro socialmente justo y sostenible implica una urgente regeneración urbana ecológica, y en este proceso la agricultura urbana debe jugar un papel estratégico. En el artículo se repasan las principales iniciativas de huertos comunitarios urbanos en el Estado español. Además, se realiza un recorrido histórico en otros lugares donde se iniciaron estas experiencias, muy útil para extraer conclusiones.
La relación entre asentamientos humanos y terrenos agrícolas circundantes es uno de los principales factores que definen a las sociedades humanas. Históricamente hablar de ciudades era hablar de agricultura, hasta el acelerado proceso de industrialización que, con el acceso a la energía abundante y barata, posibilitó un aumento de los procesos de urbanización, el transporte a larga distancia y la expansión de mercados globales.

El surgimiento de la ciudad industrial alimentó una ficticia independencia del suministro de alimentos de producción local y de la disponibilidad estacional, fomentando la progresiva degradación y distanciamiento de los espacios agrícolas. Un espejismo que la crisis económica y energética y la superación de la capacidad de carga del planeta están empezando a poner en cuestión. Un futuro socialmente justo y sostenible implica una urgente regeneración urbana ecológica, y en este proceso la agricultura urbana debe jugar un papel estratégico.

Agricultura urbana y tiempos de crisis [1]

El fantasma de la dependencia agrícola de las ciudades, conjurado en tiempos de bonanza económica, reaparece cíclicamente en los tiempos de crisis. Resulta revelador rastrear las circunstancias en las que se ha recurrido a la agricultura urbana y las funciones que ha cumplido en sus momentos de auge, de cara a reflexionar sobre su aplicación en el contexto actual.

  Huertos para pobres (poor gardens): En la ciudad industrial del XIX y principios del XX, los huertos urbanos cumplen básicamente funciones de subsistencia, salud y estabilidad social, y se conciben como elementos que alivien las condiciones de hacinamiento, insalubridad y falta de recursos en los barrios obreros.

La que se considera primera asociación de hortelanos surge en 1864 en Leipzig, creada para reclamar espacios de juego dentro de la ciudad. En el primer terreno que consigue la asociación se delimita un espacio destinado al cultivo de un huerto que será mantenido por los niños; sin embargo, pronto se hace patente que el trabajo es demasiado duro y serán las familias las que se hagan cargo del huerto. La iniciativa se extiende por otras ciudades y posteriormente se reconocerá legalmente regulando la obligatoriedad de destinar terrenos a este uso dentro de las ciudades.

En Gran Bretaña las primeras leyes (Allotments Act, 1887 y 1908) que regulan los huertos obligan a Iglesia y autoridades locales a proporcionar a los obreros terrenos para el cultivo. Sin embargo se establecen distintas medidas para evitar que los huertos se conviertan en una alternativa al trabajo asalariado, controlando el tamaño, el tiempo de dedicación y prohibiendo la venta de la producción, que sólo podrá destinarse al autoconsumo.

La misma coyuntura de precariedad social sirve de contexto a la aparición de los huertos para pobres en Estados Unidos. A raíz de la depresión económica de 1893, el alcalde de Detroit ofrece terrenos vacantes a los desempleados, para que puedan cultivar sus alimentos, estos terrenos fueron conocidos como potato patchs (parcelas de patatas), y la iniciativa fue replicada en otras ciudades. Se recurrió nuevamente a esta medida en la Gran Depresión (1929-1935), periodo en el que se denominaron relief gardens (huertos de emergencia).

  Huertos de guerra (war gardens): En la primera mitad del siglo XX la historia de los huertos urbanos está ligada a las grandes guerras, durante las cuales las ciudades tuvieron que adaptarse a la falta de medios e introducir en su seno procesos productivos para abastecerse de bienes de primera necesidad. 

En estos momentos la agricultura urbana es un medio de subsistencia y a la vez cumple una función patriótica, fomentando la colaboración de toda la sociedad en el mantenimiento de la economía de guerra.

La dificultad de importar alimentos debido a la inseguridad en el transporte a larga distancia hace que el cultivo dentro de las ciudades y en los entornos próximos sea imprescindible para la subsistencia urbana. Contando con los alimentos producidos localmente se pueden destinar los barcos y el ferrocarril al envío de alimentos, armas y municiones a las tropas.

En la I Guerra Mundial se comienzan a ensayar estas experiencias de agricultura urbana en los distintos países en conflicto, destacando por su innovación programas como los huertos escolares o las milicias de mujeres hortelanas. Aunque es en la II Guerra Mundial cuando se da un inmenso esfuerzo en el cultivo urbano, los gobiernos crean comités específicos que desarrollan campañas de fomento de la agricultura urbana, como Dig for Victory (Cavad por la victoria) en Gran Bretaña y Victory Gardens (Huertos de la victoria) en Estados Unidos. Con el fin de concienciar y educar a los ciudadanos en el cultivo de huertos de guerra se realizan boletines educativos, programas de radio y películas formativas, en los que se explica como preparar los terrenos y cultivar, como alimentar a cerdos o gallinas con restos de la cocina, o las mejores recetas para aprovechar al máximo los alimentos.

  Huertos comunitarios (community gardens): Durante la década de los setenta resurgen los huertos urbanos en las grandes ciudades de Estados Unidos, nuevamente en un contexto de aguda crisis. Son los años de la Guerra de Vietnam y la crisis económica, expresada en un proceso de desindustrialización y de huida de la gente con recursos de los barrios céntricos, abandonados y llenos de solares, con fuertes recortes en gastos sociales y elevadas tasas de criminalidad.

El surgimiento de los huertos comunitarios nos remite al cruce entre las luchas urbanas por la justicia social, emprendidas por las organizaciones comunitarias durante la década anterior, con las movilizaciones y la labor de sensibilización del movimiento ecologista sobre estilos de vida más sostenibles. Muchas de estas experiencias arrancan con la ocupación de solares y espacios abandonados reconvertidos en huertos que son utilizados como herramienta de apoyo comunitario que relaciona la calidad ambiental, la cohesión social y la educación.

Una de las iniciativas de referencia nace en estos años en Nueva York. Se conocería como Green Guerrillas, sus primeras acciones fueron el bombardeo de solares abandonados con bombas de semillas para llamar la atención sobre estos espacios y embellecerlos. El siguiente paso fue ocupar solares para cultivarlos. El éxito de este movimiento fue tal que el Ayuntamiento llegó a crear una agencia municipal que gestionaba la cesión de terrenos públicos para jardines y huertos comunitarios. En la actualidad existen 700 jardines comunitarios en los diferentes distritos de la ciudad, y por todo el país numerosos grupos trabajan en una red a escala nacional.

También en Europa se desarrollan iniciativas similares en los años setenta, en Países Bajos y Gran Bretaña el referente sería el movimiento de Granjas Urbanas y Jardines Comunitarios (City Farms and Community Gardens), surgido en estos años y que desarrolla proyectos no solo de huertos sino también de cría de animales de granja y caballos en entornos urbanos.

Huertos comunitarios y acupuntura urbana

Las comunidades locales que dinamizan huertos comunitarios se organizan para regenerar a pequeña escala espacios urbanos degradados, conjugando una modesta reconstrucción del lugar, que enfatiza el valor de uso del espacio urbano, con una rehabilitación relacional que busca reestablecer la calidad de los espacios mediante la intensificación de las relaciones sociales (desarrollando actividades como fiestas populares, comidas o iniciativas culturales).

Estos ejercicios de microurbanismo expresan una disconformidad con el modelo dominante de ciudad y los estilos de vida que induce. Los huertos comunitarios articulan localmente una pluralidad de sensibilidades, demandas y reivindicaciones (ambientales, vecinales, políticas, relacionales…), a la vez que simultáneamente ponen en marcha procesos de autogestión a nivel barrial, que enfatizan la participación directa, la apropiación espacial, la reconstrucción de identidades y la corresponsabilidad colectiva de las comunidades en distintos asuntos que les afectan.

En definitiva, los huertos muestran como pequeñas y sutiles iniciativas pueden tener una amplia capacidad de transformación e incidencia, y son excelentes experiencias de lo que el arquitecto brasileño Jaime Lerner, ex alcalde de Curitiba, ha defendido como Acupuntura Urbana:

“Siempre tuve la ilusión y la esperanza de que con un pinchazo de aguja sería posible curar las enfermedades. El principio de recuperar la energía de un punto enfermo o cansado por medio de un simple pinchazo tiene que ver con la revitalización de ese punto y del área que hay a su alrededor.
“Creo que podemos y debemos aplicar algunas ‘magias’ de la medicina a las ciudades, pues muchas están enfermas, algunas casi en estado terminal. Del mismo modo en que la medicina necesita la interacción entre el médico y el paciente, en el urbanismo también es necesario hacer que la ciudad reaccione. Tocar un área de tal modo que pueda ayudar a curar, mejorar, crear reacciones positivas y en cadena. Es necesario intervenir para revitalizar, hacer que el organismo trabaje de otro modo” [2].

Una realidad emergente en el Estado español

Nuestras ciudades debido a sus particularidades históricas (industrialización tardía, crecimientos urbanos que desbordan la planificación, dictadura prolongada…) no han tenido una vinculación reciente con la agricultura urbana. Las primeras políticas públicas surgen a mediados de los 80 en un contexto de crisis socioeconómica, en el que confluyen la proliferación de huertos en precario en riberas y zonas baldías de las grandes ciudades con la puesta en marcha de innovadores programas municipales de huertos de ocio, como fórmula de empezar a regular estas situaciones. Estas políticas van acompañadas de la puesta en marcha de las primeras experiencias de huertos escolares como herramientas educativas.

A mediados de los 90 asistimos a la consolidación de estas iniciativas municipales por toda la geografía, para que durante el último lustro veamos emerger una nueva oleada de huertos urbanos vinculados a movimientos estudiantiles, vecinales o ecologistas. Por un lado surgen los huertos universitarios como espacios donde experimentar en la práctica cuestiones agrícolas y acercar los conocimientos de la agroecología al ámbito académico. Y por otro lado han ido proliferando los huertos comunitarios que han pasado de una situación de poca visibilidad de proyectos aislados y en precario a la concreción de redes de huertos comunitarios y al surgimiento de un movimiento que reclama vacíos urbanos para su mantenimiento y gestión ciudadana.

Realizando una panorámica del estado de la cuestión podríamos destacar las siguientes iniciativas:
Uno de los primeros huertos comunitarios del Estado se creó en Sevilla a mediados de los años 80, es el huerto de las Moreras, localizado en el parque de Miraflores. Actualmente forma parte de la Plataforma de Huertos Urbanos y Sociales, constituida por 8 asociaciones vecinales y ecologistas, que desarrolla 5 proyectos de huertos urbanos en Sevilla, en los que participan unos 500 vecinos, más de 4.000 escolares y 15 centros educativos. Los proyectos dan empleo a 20 personas, entre técnicos, coordinadores y educadores. En la actualidad estas iniciativas se encuentran en una situación crítica, ya que están sufriendo de manera intensa los recortes de fondos y subvenciones municipales, por lo que han realizado distintas movilizaciones para presionar al Ayuntamiento y se plantean la paralización de los proyectos.

En Barcelona la tradición de huertos comunitarios se puede remontar al año 86, cuando un grupo de vecinas y vecinos montan el Hort de l’Avi, al lado del Parc Güell, en un terreno que actualmente forma parte de la Red Municipal de Huertos Urbanos. Desde noviembre de 2009 existe una Red de Huertos Comunitarios, que ha realizado tres encuentros en los que han participado los huertos existentes en áreas urbanas y periurbanas de la ciudad, así como los proyectos en gestación. Desde la creación de la red han desaparecido algunos huertos, como el de Gracia (octubre 2008, desalojado en julio 2010), y se han creado otros nuevos, todos ellos (excepto el Hortet del Forat, que tiene una cesión municipal) se localizan en terrenos ocupados. En general estos proyectos no buscan la negociación con el Ayuntamiento ni la regularización de su situación, definiéndose como un movimiento político que pretende llamar la atención sobre los procesos especulativos en el suelo urbano y la capacidad de autogestión de los proyectos autónomos [3].

También en 2009 se creó en Las Palmas de Gran Canaria la Red de Huertos Urbanos, formada por colectivos, asociaciones vecinales, socioculturales y ecologistas. Han creado en colaboración con la Concejalía de Participación Ciudadana la figura del HUCA (Huerto Urbano Comunitario Autogestionado), que permite la cesión de solares municipales en desuso para la creación de huertos urbanos. También han elaborado un protocolo que guía a los grupos que quieran solicitar un solar y desarrollar un proyecto de agricultura ecológica. Han sido legalizados de esta manera dos de los proyectos [4].

En Madrid [5], los primeros proyectos surgen en 2004 (Casa de Campo) y 2006 (huerto plaza del Corcubión, barrio del Pilar). “Esta es una plaza”, en el barrio de Lavapies ha sido el primer proyecto en lograr la cesión municipal en diciembre de 2009, después de haber sido desalojado en mayo del mismo año. La Federación Regional de Asociaciones Vecinales, FRAVM, ha creado en febrero de 2010 una comisión de trabajo específica para promover grupos de consumo y huertos comunitarios. En ella participan 10 asociaciones que gestionan 6 huertos. Además junto a la reciente Red de Huertos de Madrid están llevando a cabo la labor de asesoramiento a los grupos que quieren iniciar huertos, documentando iniciativas, e iniciando la intermediación con la administración en la búsqueda de modelos de regularización y cesión de espacios.

Otra iniciativa interesante es la que se está desarrollando en Elche desde mayo de 2009, liderada por la Asociación de Vecinos Barrio Obrero de Altabix, que en 2006 propuso al Ayuntamiento el proyecto, consiguiendo la cesión gratuita durante un periodo máximo de 10 años de 1.300 m2 dentro del Huerto de la Cuerna, en un palmeral histórico que es Patrimonio de la Humanidad. El proyecto ha involucrado a distintos sectores, incorporando dimensiones educativas, experimentales y sociales. Por una parte se han destinado 20 parcelas para personas de la tercera edad; en segundo lugar se han delimitado huertos escolares y finalmente la asociación de vecinos y la Universidad Miguel Hernández cultivan un huerto comunitario y un bancal experimental, en el que se prueban distintos modos de cultivo y se busca obtener semillas propias.

Una temática emergente que está movilizando a redes e iniciativas que tienen como objetivo el intercambio de conocimientos y recursos, la difusión de la agricultura urbana, la construcción de tejido social y la apertura de puertas de entrada flexibles para trabajar cuestiones socioambientales.

Aportaciones de los huertos comunitarios
      
  • Los huertos comunitarios son una herramienta que puede satisfacer de manera simultánea múltiples necesidades, demandas y problemas. Algunos de sus principales aportes en el entorno urbano serían:
  • Recuperación de espacios degradados o con una percepción social negativa.
  • Aumentar el interés y la responsabilidad por el buen uso y mantenimiento de las zonas verdes del barrio.
  • Experiencias de participación ciudadana novedosas e inclusivas, ya que atraen perfiles sociales diversos y heterogéneos.
  • Generación de nuevos espacios de encuentro y convivencia, que promueven la identidad barrial y el sentido de pertenencia.
  • Una alternativa de ocio. Los huertos urbanos se pueden convertir en una alternativa intergeneracional de ocio, que resulte atractiva a personas de todas las franjas de edad y procedencias.
  • Espacios privilegiados para una educación ambiental significativa, fomentando la reflexión y la implicación ciudadana hacia la sostenibilidad.
  • Promover hábitos de vida saludables y servir de puente con cuestiones como la alimentación y la producción agroecológica.    

Notas

[1] Para profundizar en la historia de la agricultura urbana ver: Morán, N. “Agricultura urbana: un aporte a la rehabilitación integral”. Papeles de relaciones ecosociales y cambio global. nº 111 Icaria, 2010.
[2] Lerner, J. (2003) Acupuntura Urbana. IACC. Barcelona
[3] http://huertosurbanosbarcelona.word...
[4] https://sites.google.com/site/redde...
[5] http://www.aavvmadrid.org/huertos y http://redhuertosurbanosmadrid.word...
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Receso obligado

The Oil Crash - Mar, 22/04/2014 - 07:24
Queridos lectores,

Por razón de una grave enfermedad del editor de este blog, no se publicó ningún post nuevo la semana pasada ni se publicará tampoco durante esta semana. Esperamos volver a la normalidad durante los primeros días de la semana que viene.

Salu2,
AMT
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Entrevista a Jorge Riechmann sobre decrecimiento

Decrecimiento - Mar, 22/04/2014 - 05:00
Entrevista a Jorge Riechmann en el viejo Topo nº 258

—¿A qué atribuye usted el “boom” del discurso sobre el decrecimiento?

—El discurso del decrecimiento repite y reformula algunos temas centrales del ecologismo que éste defiende desde hace más de cuatro decenios, comenzando por la idea básica de que nada puede crecer materialmente de forma indefinida dentro de un medio finito. Su atractivo actual se debe, en mi opinión: 1) al descrédito del concepto de "desarrollo sostenible", del que tanto se ha abusado; 2) al terrible fracaso del paradigma económico convencional, que abre los ojos y los oídos de la gente hacia propuestas alternativas; y 3) a un fenómeno de moda intelectual, de contagio de ideas, un fenómeno de comportamiento gregario al que los seres humanos somos muy propensos.

—¿Desde el discurso sobre el decrecimiento se puede formular una alternativa solvente frente a los primeros dos puntos que ha mencionado?

—Sabemos lo que hay que hacer. A grandes rasgos, se trata de poner límites a la excesiva expansión material de los sistemas socioeconómicos humanos; "descarbonizar" la producción y organizar un sistema energético basado en las energías renovables; cerrar en lo posible los ciclos de materiales; eliminar las sustancias tóxicas, con un enfoque preventivo antes que reparador; avanzar hacia la producción limpia, la química verde, la agroecología, los sistemas de movilidad sostenible basados en el transporte colectivo y en la «creación de cercanía »; recentrar las actividades económicas sobre el territorio, limitando el comercio a larga distancia y erradicando la especulación financiera; orientar el cambio a través de una ecofiscalidad juiciosa; fomentar una cultura de la austeridad... Yo prefiero hablar de ecosocialismo y de autocontención antes que de decrecimiento. Pero si realmente este último discurso puede desplegar una gran fuerza movilizadora –no me parece en absoluto obvio–, bienvenido sea.

En cualquier caso, después de que una de las organizaciones a las que pertenezco y que más respeto y aprecio, Ecologistas en Acción, haya aprobado en su IV Congreso (Valencia, diciembre de 2008) una importante línea de trabajo sobre decrecimiento (con la fórmula de que decrecer es «producir valor, libertad y felicidad reduciendo significativamente la utilización de materia y energía»), yo no voy a polemizar contra el concepto. Ojalá pueda dar de sí todo lo que sus entusiastas proponentes esperan.

—Aceptar las propuestas del decrecimiento, ¿implica el nacimiento del consumidor como sujeto político que con un consumo consciente puede cambiar la economía capitalista desarrollista?
—Bueno, me parece que eso sería todavía menos novedoso que el decrecimiento... Se trataría más bien de repolitizar la esfera pública y de recordar a los consumidores/as que son por encima de todo ciudadanos/as. Y que han de hacerse cargo de las consecuencias de sus actos, no solamente en la esfera del consumo (que también). En definitiva, sostenibilidad bien entendida y democracia inclusiva (que para mí ha de incluir también de alguna forma, digámoslo de forma muy sencilla, a las generaciones futuras y a los animales no humanos).

Jorge Riechmann es sociólogo, poeta y ecologista. Autor de numerosos libros, recientemente ha publicado La habitación de Pascal (Catarata).
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Decrecimiento: Un modo de vida muy ecológico

Decrecimiento - Dom, 20/04/2014 - 05:00
Pilar Cáceres

La machacona maquinaria publicitaria del sistema nos tiene acostumbrados al crecimiento como eje económico sustancial. Una progresión lineal e ilimitada en un planeta finito, es, de facto, una secuencia destructiva e irracional. 

Frente a ese modelo, hay otros, que se silencian desde los poderes y que, sin embargo, se corresponden más con la naturaleza posible y equilibrada entre el hombre y los recursos naturales.
Un camino alternativo lo constituye, la clausura de algunos sectores, como la industria del automóvil, la construcción, la militar y la publicidad. 

La tesis parte de la necesaria catarsis en la sociedad actual, del predominio de la vida social sobre la primacía de la producción, el consumo y la competitividad; el ocio creativo frente al vinculado al dinero; el reparto del trabajo; el establecimiento de una renta básica a la ciudadanía que permita hacer frente a los problemas que puedan derivarse de la aplicación del nuevo modelo. En definitiva, se trata de la recuperación de valores anulados, rescatando a un individuo sumiso en el capitalismo salvaje, que ha desmantelado el estado de bienestar y aniquilado la biodiversidad, hacia una nueva era. 

El mito del desarrollo ilimitado se fundamenta en la creencia de unos recursos naturales eternos y el resultado es la deforestación, la desertización, el calentamiento global, la lluvia ácida y la situación de injusticia y de pobreza en el mundo. El sistema, como norma, como fundamento, es agresivo, y despiadado con el individuo que ponga en peligro su existencia. Es necesaria la “Revolución Ecológica”, que reclama Raúl de la Rosa en su libro del mismo título. Según el autor, la contaminación del planeta, la de nuestros cuerpos y mentes, es consecuencia de lo que consumimos. 

La civilización actual se muestra igual que un cáncer, pues trata de destruir al organismo que la sustenta y da vida, como es el propio planeta, y proviene del consumo desaforado y equivocado, generado por la presión de una información manipulada por los intereses de una oligarquía financiera.

Les voy a contar algo del fenómeno de unos señores, los decrecientes -décroissants en francés-, que están HASTA LA CORONILLA de tanto consumo (y de tanto crédito). Y que cada vez son más. Se autodenominan objetores del crecimiento y cada vez tiene más fuerzas –en términos relativos, muy relativos- en países europeos. Sobre todo en Francia. Están convencidos que no es sostenible un crecimiento infinito en un planeta finito. También creen que los recursos naturales se agotan y que la crisis que vivimos nos es más que un aperitivo del gran plato envenenado que se servirá en 2050, el “gran hundimiento”, la gran crisis, derivada de la confluencia de la escasez de petróleo, los zarpazos del cambio climático y otros factores. Sostienen los decrecientes que el ser humano llega siglos viviendo fuera del economicismo y la economía –la economía como ciencia data del siglo XVIII- y que en Occidente debemos de dejar de consumir –aunque ello implique más paro y nos obligue a repartir el trabajo- y permitir así que los países en desarrollo sigan gastando para acercarse a nuestros niveles de vida. Su mantra es MÁS NO ES IGUAL A MEJOR. Les doy algunas pinceladas: la mayoría prefiere ganar poco dinero, la mayoría odia las grandes cadenas multinacionales, la mayoría odia el despilfarro energético, la mayoría prefiere vivir en ciudades lentas, desestresadas…

¿Tiene sentido esta corriente? ¿No tiene un tufillo apocalíptico? ¿No peca de poca fe en el progreso tecnológico y en la inteligencia del ser humano? Les recuerdo que Malthus allá por el siglo XVIII decía que en el mundo no había bastantes alimentos para tantas bocas y entonces había 700 millones de personas y hoy hay casi 7.000 millones. Otro interrogante retórico: ¿No surgen siempre los milenaristas en épocas de crisis? Y otro más: ¿Acaso es posible el capitalismo sin el consumo? Y otro más: ¿El decrecimiento no nos devolvería a sociedades primitivas, cerradas, proteccionistas?
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La misma cantinela

Decrecimiento - Vie, 18/04/2014 - 05:00
 Philippe Pelletier

¿Por qué la casi totalidad de los partidarios de la desaceleración* no adopta las propuestas anarquistas, a pesar de su diagnóstico sobre “el estado del planeta”? Los que se sorprenden de ello lo deploran amargamente, pero en realidad la cuestión está mal planteada.

*Aclaramos que en la traducción de este artículo se ha optado por la palabra “desaceleración” como traslación del francés “décroissance”; en Internet, y en otros medios, se ha popularizado en cambio el término “decrecimiento”.

Porque hemos de dar la vuelta al razonamiento. ¿No será debido precisamente a que su diagnóstico es falso por lo que los “desaceleracionistas” preconizan, coherentemente, medidas que son igualmente falsas puesto que se mantienen en el marco del capital (la propiedad privada, los salarios y el dinero, sobre todo) y del Estado (al que consideran como neutro y regulador)? Al contestar la pregunta bajo este ángulo constatamos otra lógica.

La letanía: cantinela del catastrofismo

La lógica de la mayoría de los partidarios de la desaceleración es prácticamente siempre la misma: nos precipitamos hacia la catástrofe. Según los matices, ese “nos” designa la Tierra, el planeta, el mundo o la Humanidad. En realidad se trata más bien de la Tierra o del planeta, elementos del lenguaje que confieren naturalidad a las problemáticas sociales vaciando de todo contenido a lo humano. Habría que salvar “lo vivo”: la vida, concepto que todos los religiosos adoran. Esta evolución semántica es resultado de una orientación ideológica en la que se han comprometido desde hace más de un siglo los científicos partidarios del naturalismo integrista y horrorizados por todo lo que pudiera parecerse de cerca o de lejos al socialismo y, aún más, al socialismo libertario.

El catastrofismo además viene acompañado muy a menudo de una letanía ruidosa e implacable. “Choque climático”, “agotamiento de los recursos”, “destripamiento del subsuelo del planeta”, “masacre forestal”, “vaciado de los océanos”, “sistema con el agua al cuello”, “canto del cisne” y lo dejo aquí. El periodo del solsticio de invierno es propicio a este catálogo de ansiedad, ya que en los países de la zona templada se corresponde con un alargamiento de las noches generador de angustia, pero también de llamadas al salvador que vendrá al final a traernos la luz.

La letanía, enumeración sin fin de las miserias cuyo registro es típicamente religioso, para funcionar bien ha de dirigirse a una instancia superior (Dios, el partido, el gobierno mundial…) que sustituirá al salvador del mundo, y a nosotros con él. En la religión cristiana, Jesús es el salvador. En el ecologismo estándar, no es visible de entrada. Pero hay algunos sustitutos: la naturaleza, Gaia, Al Gore, o cualquier predicador, incluso el estafador que preside el GIEC, Rajendra Kumar Pachauri, que ha manipulado las cifras del clima y ha montado su empresa de energías renovables (la mar de práctico: se denuncia el mal, y se vende la solución).

La mística ecologista está en realidad saturada de creyentes de todo tipo, tanto de protestantes puritanos como de católicos imprecadores: Jean-Marie Pelt, Vincent Cheynet, Paul Virilio, Gilbert Rist, Pierre Rabhi, Dominique Bourg, Jean-Pierre Dupuy, además de los fallecidos Jean Dorst, Jacques Ellul o Bernard Charbonneau, por citar a algunas figuras francófonas. Véase a Paul Jorion, que anuncia sin parar “el derrumbamiento inminente del capitalismo” y que acoge en su blog el Manifiesto de los cristianos indignados.

Al final de uno de sus libros, el “desaceleracionista” Serge Latouche pide a la Iglesia católica que lidere la protesta contra la sociedad de consumo, retomando una idea ya formulada por Pasolini (1).

La letanía: una postura intelectual religiosa

Pero no nos equivoquemos. No es porque creamos que todos esos personajes, algunos de los cuales son muy influyentes en el mundo de la desaceleración, sean sospechosos. No. Por el contrario, se debe a que tanto su fe como sus convicciones ecologistas se basan en el mismo resorte intelectual, con lo que la ligazón entre las dos da lugar al mismo callejón sin salida. Dicho de otro modo, la letanía no es un error metodológico: es una postura intelectual, religiosa.

La religión no es solo la afirmación de la existencia de un dios. Es una concepción que consiste en colocar al individuo con sus responsabilidades ante un elemento exterior que no existe, que se sitúa en el futuro o en el Más Allá: el ser supremo, por ejemplo, o bien las “generaciones futuras” del pseudo-comandante Cousteau, ese petainista, unas generaciones que, por definición, no están todavía ahí. Que trata de movilizar a los individuos sirviéndose de la culpabilidad o del miedo. Que considera la sociedad desde un punto de vista moralizante en el sentido más sermoneador del término. Que aborrece la ciencia o la técnica porque no se someten a Dios, es decir, que habla en su nombre. Que sueña en la teocracia.

Que la letanía sea verdadera o falsa importa poco a nuestros predicadores. Ellos saben bien que sobre todos los estudios –ya sean sobre evoluciones climáticas, sobre el número o la extinción de las especies, sobre el exceso de pesca o la deforestación- los científicos no están de acuerdo entre ellos y que, a veces, las disensiones son importantes, y los argumentos válidos. Sin duda hay que amonestarlos, excomulgarlos, calificarlos de “escépticos” (la palabra “descreídos” no queda lejos), cuando en realidad la duda está en la base misma de la ciencia, de esta ciencia en la que se cuestiona en ocasiones la existencia, pero de la que admiten los resultados cuando están a su favor.

La letanía pone uno tras otro los fenómenos sin que su ligazón lógica sea explícita, con una excepción: el “crecimiento”. El “crecimiento” es considerado como el responsable de todos los males. Tomado como el primer grado en la argumentación del Producto Interior Bruto, indicador cuestionado por los analistas serios. Visto como exceso de producción, lo que viene a enmascarar el bajo consumo de millones de individuos, y como agotamiento de los recursos: ahí vuelve la letanía (2).

La letanía, técnica y finalidad autoritarias

Poco importa, porque la letanía es a la vez instrumento y finalidad. La catástrofe, que es el corolario invariable, parece a la vez temida y deseada. En el apocalipsis de los cristianos, los que se salven irán al paraíso. Como aspiran a ese paraíso ¿no desean ese apocalipsis? Perversidad clásica del sistema religioso.

En la catástrofe de los ecologistas profundos, los que podrán pasarse sin coche, sin ordenador portátil y sin agua caliente en el fregadero tendrán la conciencia tranquila. Además, dado que el capitalismo corre a su perdición, según ellos, del mismo modo que pensaban los marxistas respecto al comunismo surgiendo de las contradicciones del sistema, el hundimiento temido-deseado los llevará a los viejos y buenos tiempos de la frugalidad y la tribu ahorradora.

Esos pensamientos surgen sobre todo entre los retoños de las capas sociales bien alimentadas, que no han conocido ni conocen realmente la miseria material. Más prosaicamente, si el peligro no es el que se describe, si la catástrofe anunciada tantas veces no llega realmente, si Fukushima está justificado porque el átomo produce menos gas de efecto invernadero, ¿qué va a ser de los gurús que profetizan el hundimiento? ¿No perderán su aura, su notoriedad, su poder? ¿No defenderán con uñas y dientes su magisterio? ¡Menos mal que uno de los alarmistas más célebres, Paul R. Ehrlich, que no ha dejado de equivocarse en sus sombríos pronósticos demográficos (la famosa bomba P), acaba de ser elegido por la Royal Society de Londres!

La letanía acoplada al catastrofismo es un medio de sacudir las mentes, incluso de aterrorizarlas. Además, ante el hecho de que no sea incompatible con la sociedad del espectáculo que se alimenta del drama hasta su corazón hollywoodiense, para la casi totalidad de los ecologistas se supone que hay que asustarse, sensibilizarse, luego concienciarse y después comprometerse. Pero esta idea del miedo consejero, como lo sería el del policía, hay que rechazarla no solo porque sería autoritaria, sino también porque es ineficaz. Y contraproducente.

Se trata, sobre todo, de hacer a los individuos impotentes impresionándolos, de modo que el reto parece desmesurado, inhumano (¿divino?). En efecto, ¿cómo hacer para luchar contra el clima? ¿Para sustituir el petróleo por otra cosa aquí y ahora?

En este estadio, la impotencia cede ante dos paliativos: el pasotismo puesto que todo es desmesurado, imposible, por tanto, un efecto contrario al deseado despertar de las conciencias; o bien una forma de compromiso que pasa por el repliegue sobre uno mismo o sobre una pequeña comunidad de cátaros (los puros). Se otorga la confianza a instancias que saben que son poderosas, expertas, eficaces, y la instancia que emerge es el Estado. El Estado nación o el Estado del gobierno mundial.

Esas dos opciones no son incompatibles, señalémoslo. Esa es la función sistémica de las desaceleraciones que legitiman siempre al Estado, pilar del sistema que pretenden criticar. Hace una eternidad que el capitalismo ha reciclado la idea de small is beautiful (pequeñas unidades de explotación, pequeñas fábricas, grupos de trabajo que se organizan por su cuenta…), lo que no es incompatible con los proyectos gigantes (infraestructuras, megapolis, medios de transporte, conquista espacial…). Lo uno no impide lo otro, sino al contrario: ambos permiten vivir al capitalismo, y al capitalismo verde, afirmarse.

El antiestatismo no es metafísica: es una organización social

La relegitimación del Estado se encuentra con el anarquismo, antiestatista por definición. Pero conviene ahora rectificar nuestras ideas aprendidas. La crítica anarquista del Estado no es metafísica. El Estado no se considera al mismo nivel que Dios –una entidad trascendente- sino como una mala organización, una autoridad descarriada, incluso si la idea de Dios por medio de las Iglesias acompaña históricamente a la constitución del Estado.

El anarquismo se dirige tanto al principio de heteronomía del Estado como a su organización jerárquica en cascada. No cuestiona la organización, ni siquiera la organización en centro y periferia, que tan incansablemente repitieron Proudhon, Bakunin, Malatesta e incluso Kropotkin cuando llegó a liberarse de su obsesión descentralizadora… Preconiza el federalismo libertario, la relación de todos los grupos de gestión directa sobre una base económica, social y territorial (federación de productores, de consumidores, de municipios).

Pero, eso ya no basta, porque pasa por la puesta en cuestión de dos realidades mayores: la propiedad y el dinero. Sobre esas dos problemáticas, lo menos que se puede decir es que los anarquistas han aportado numerosas reflexiones y realizaciones, ya sea a los almacenes de Estados Unidos o al vendedor y comprador estableciendo un precio, las cooperativas, el mutualismo, las colectividades en España en las que se llegó a quemar el dinero, las discusiones durante los años cincuenta sobre el movimiento abundancista de Jacques Duboin…

Los partidarios de la desaceleración no se refieren a todo eso, sobre todo por una sencilla razón: es incompatible con su diagnóstico y sus postulados.

¿Desaceleración o “desdineración”?

Curiosamente, los anarquistas olvidan actualmente la cuestión de la propiedad y del dinero en beneficio de las cuestiones sociales y de comportamiento. Eso está muy de moda en América, y es en parte compatible con el sistema del momento (por ejemplo, tenemos mujeres a la cabeza del FMI, de algunas presidencias de Estados, de la organización del patronato francés desde hace algunos meses –el boleto ganador era mujer y vegetariana), pero bien alejado de la dinámica socialista. En este marco se deslizan las actitudes desaceleradoras. Comer verduras bio está bien, pero ¿es la solución?

Cuando pasamos al euro, salvo raras excepciones, las publicaciones anarquistas se mantuvieron mudas respecto al tema de la moneda, incluso las revistas pretendidamente reflexivas, lo que es el colmo. Desde ese punto de vista, el movimiento de la “desdineración”, recientemente aparecido, plantea de nuevo las cosas. Desde su fundación, es mucho más pertinente que el de la “desaceleración”.

Porque, repitámoslo, los principales analistas y teóricos de la desaceleración no cuestionan la propiedad, y desde luego, tampoco el dinero. Critican, es cierto, la extensión de la mercantilización, pero el recurso a ese concepto de “mercantilización”, por otro lado claramente marxista, es discutible porque deja creer que podría haber “sectores no mercantiles” en la economía capitalista…

Su ideal, de hecho, consiste en reducir al mínimo los intercambios de bienes para que la moneda no solo no vuelva a plantearse, sino que se haga inútil. Como por encantamiento. La frugalidad reclamada desde hace siglos por todas las Iglesias agrupa ahora el proyecto comunitario de esas mismas Iglesias, que sueñan con abundancia de monasterios autárquicos y humildes, pero que, sabiéndolo imposible, al no llegar hasta el fondo de esta idea, consisten en definitiva en remitirse al Estado como instancia policial, incluso como protector entre los partidarios del soberanismo.

Para decirlo claramente, la mayoría de los partidarios de la desaceleración se equivoca en el diagnóstico de la situación actual y, por tanto, en las soluciones. Imaginar que podrían preconizar un anticapitalismo consecuente en su antiestatismo, a instancias del anarquismo, solo sería hacer votos piadosos. Ya es hora de dejar de engañarse, pues el fin del mundo no está a la vuelta de la esquina, lo queramos o no.

Philippe Pelletier

Notas:

1.- Serge Latouche, Le parti de la décroissance, Fayard, París 2006, p.283.

2.- La idea de una economía depredadora de los recursos naturales no es nueva. Data al menos de la década de los años ochenta del siglo XIX, con la Raubwirtschaft del geógrafo Friedrich Ratzel (conservador, por no decir reaccionario), y luego con su colega Ernst Friedrich a partir de 1904, cuando el geógrafo Jean Brunhes introdujo las ideas en Francia. Sobre las relaciones entre Ratzel, Brunhes y el geógrafo anarquista Élisée Reclus, véase mi libro Géographie et anarchie, Reclus, Kropotkine, Metchikoff…, Éditions du Monde libertaire y Éditions libertaires, París/Chaucre 2013.

Publicado en el número 308 del periódico anarquista Tierra y libertad [ http://www.nodo50.org/tierraylibertad/ ] (marzo de 2014)
http://acracia.org/
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Ya flotamos en un mundo Huxleyano y Platonaniano

Decrecimiento - Mié, 16/04/2014 - 05:00
 Julio García Camarero

Vamos hacia un futuro o tal vez ya estemos en un presente huxleyano y a la vez platoniano.
Huxleyano, porque ya navegamos en un mundo feliz, sin diversidad, todos somos elementos αo idénticos (como en la famosa novela de “Un mundo feliz”de Aldous Huxley). Todos, incluidos los que se consideran originales y rebeldes, actuamos uniformados (de convicción): ambos sexos llevamos pantalones, y todos los pantalones son vaqueros. Lo curioso, es que la potente publicidad markatigniana y nuestro propio borreguísimo han conseguido que estemos convencidos de que (precisamente porque aceptamos ésta universal manipulación e imposición) somos rebeldes y originales. Y todos, por esta circunstancia, nos sentimos satisfechos y felices. Comulgamos con el consumismo, y estamos convencidos de que él es la fuente única de la felicidad. Compramos en el súper lo innecesario de lo cual nos han convencido que nos es indispensable por qué es lo que nos ha amartillado el marketing; y por qué es lo que resulta rentable a la oligarquía. Estamos mediatizados por el coche, nos resulta indispensable debido ya que a él nos hemos habituado demasiado y porque los intereses de las multinacionales (sobre todo petroleras, automovilísticas, cementeras y de urbanizaciones playeras) les interesa y han propiciado que se monte la sociedad en función del coche y no del ser humano. Vamos a “makro fiestas” de música de mala calidad, ruidosa, pero pegadiza y machacona anglosajona que sombifica la neurona, etc.
Y todos pensamos que en eso consiste la felicidad e incluso la personalidad y la originalidad. Y si alguno no bebe coca cola, no usa vaquero, no consume coche, etc., es calificado elemento βo extraño, elemento a denunciar y a marginar ferozmente por todos los αy por el sistema. Y lo peor de todo es que, todo lo que acabo de decir es tabú y es el camino para que consiga que muchos (los muchísimos zolmbificados) se molesten e incluso dejen de leerme en este punto. Pero en lo que a mí respecta, prefiero causar molestias diciendo la verdad, que causar admiración, y seguimiento borreguil, diciendo las mentiras bonitas ya establecidas. El objetivo no debe ser obtener máxima audiencia a base de bajar y bajar el listón y la calidad de lo que se ofrece, hasta ofrecer la verdadera basura de siempre como suelen hacer las TV.
Y estamos en un mundo platonianoen cuanto al mito de la caverna llevado a su estado extremo. En este sentido somos cavernícolas. Intento explicarme, nos hemos convertido en el “homus ciberneticus- internauticus”, que se mantiene encerrado en su pequeño océano de su aldea global virtual. Encerrados en nuestra gruta hemos perdido el contacto humano real. Sólo divisamos de los demás sus sombras electrónicas que circulan como el viento por las redes. Desde nuestra gruta hemos perdido el contacto cotidiano con la realidad y cada vez desde las sombras exigimos más soluciones a corto plazo, imbuidos por los enfoques obsesivos de los capitalistas cortoplacistas. Exigimos cada vez más velocidad a la aparición de sombras en la pared de nuestra caverna. Sólo y únicamente buscamos acción directa, odiamos reflexionar y a los que reflexionan.   Pero navegamos al modo inter-náuticoa la deriva, porque las sombras sobre la pared del monitor de nuestro portátil, aún siendo virtuales son extremadamente duras y destructoras de nuestra aldea global, a la que ya se le están cayendo las tejas de sus ecosistemas, las ventanas del aire, las puertas del agua, los muros de la biodiversidad. Pero este desastre no lo vemos porque solo nos asomamos a la ventana de nuestro monitor o TV, para ver las sombras que pasan extremadamente coloreadas y veloces a través de la pantalla. Y mirando internauticamente y televisivamente nos sentimos felices porque huimos de la dureza de la verdadera realidad y nos olvidamos del más importante problema: la explotación de la naturaleza a través de la explotación del hombre por el hombre.
Y también nos sentimos felices porque, desde que nacemos, nos han lavado el cerebro con el marketing; en la juventud, con la pésima “muisca” anglosajona machacona que zombifica la neurona*, entre otras muchas adicciones y en la madurez, con la obsesión de la competitividad, el consumismo y la acumulación. Cosas que dentro no mucho nos destruirán a todos. Para comprender mejor esto os recomiendo leer un libro de mi amigo Ricardo Almenar titulado “El fin de la expansión” (2012).   Por otra parte, así como el consumismoy el consumoson incompatibles (porque el primero es la desorbitación desmesurada del segundo), y así, por el contrario, el corto (acción directa) y el largo plazo (reflexión) aunque pueden parecer incompatibles, son necesarios entre sí ,para que la sociedad humana y la biosfera consigan un funcionamiento equilibrado.   La reflexión y ellargo plazoson como una guía telescópica y la acción directa y el corto plazocomo el disparo. Ambas cosas son necesarias para dar en el centro de la diana del equilibrio a la que se le dispara.
Todo lo dicho no quiere decir que la navegación internauta sea descartable totalmente, si no que (con todo) debe de ser mesurada para no caer en alejarse demasiado del contacto humano y del contacto con la dura, dificultosa y compleja realidad. Las redes, ¡qué duda cabe!, son un utilísimos catalizadores de las relaciones a corto plazo, pero debemos conseguir que el necesario corto plazo no llegue a destruir al largo plazo, como consecuencia de un desmesurado uso de las redes. Estas tienen la gran virtud de que son una forma de comunicación simétrica es decir esa comunicación en la que cada emisor a la vez es un receptor. Por el contrario la TV tiene el gravísimo inconveniente de que es un sistema comunicativo asimétrico, es decir un tipo de comunicación en el que existe un solo foco emisor (la oligarquía) y muchísimos puntos receptores pero incomunicados entre sí (las masas votantes y consumistas), ello supone un mecanismo ideal para manipular con mentiras, propaganda política demagógica y publicidad comercial, y de forma masiva, a las mentes. Dicho de otro modo, La comunicación asimétrica, como lo puedan ser la TV, la propaganda demagógica y el marketing comercial son excelentes instrumentos para la manipulación mediática de las masas por parte de la oligarquía.
¿Y todos estos excesos que acabamos de denunciar como pueden llegar a corregirse? pues, sin duda, siempre la llave final la tiene la mesura. Pero no debemos confundir en absoluto la palabra mesuracon las palabras moderacióno punto mediopues, la mesurapuede ser una cantidad muy pequeña o muy grande pero siempre debe estar referida a la calidad.
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*No toda la música anglosajona es despreciable. Por ejemplo la música de los Beatles, si que era anglosajona pero si que era autentica música, no era mala música, y no era machacona ni zonificaba la neurona.
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La práctica del decrecimiento

Decrecimiento - Lun, 14/04/2014 - 05:00
Luis González Reyes


El decrecimiento, ante todo, es un camino, no una meta. El objetivo no es decrecer continuamente nuestro consumo de energía y materia, sino hacerlo hasta unos ritmos que se acoplen a los ciclos naturales (lleven la velocidad de la naturaleza de gestión de residuos y producción de recursos) y permitan que todas las personas cubramos nuestras necesidades básicas. Por lo tanto, al hablar de cómo llevar a la práctica el decrecimiento, lo tenemos que hacer con la mirada puesta en el objetivo final: la sostenibilidad.

Pero, ¿qué es la sostenibilidad? Ante tanto ejercicio de retórica y tanta confusión reinante con el término, es imprescindible aclarar la propuesta de “definición” de sostenibilidad.

Para la consecución de la sostenibilidad resulta clave entender que el aumento de la calidad de vida no está directamente ligado al continuo incremento del consumo de recursos naturales. Se trata fundamentalmente de conseguir un mayor bienestar con menor degradación ambiental y uso de recursos naturales. O, como dice el lema de Ecologistas en Acción: “menos para vivir mejor”.

Por lo tanto, la sostenibilidad no es sólo una cuestión de “ecoeficiencia”, sino fundamentalmente de “suficiencia”, de cuánto es suficiente, que nos lleve al respeto de los límites ambientales.

La disociación entre el aumento de calidad de vida y degradación ambiental pasa por un cambio radical en los modelos de producción y consumo. Un cambio radical que abandone la premisa de incremento constante de la acumulación individual en la que se basa nuestro sistema económico.

Lo que sí está íntimamente ligado a la calidad de vida es la satisfacción de las necesidades humanas. Manfred Max-Neef1 afirma que en todas las sociedades y épocas las necesidades humanas son muy parecidas y que pueden agruparse en 9 grupos fundamentales: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, identidad, libertad, ocio, participación y creación. Los satisfactores son las formas de cubrir las necesidades y varían entre las distintas sociedades y épocas. Ante la necesidad de mantener la temperatura corporal, la calefacción es uno de los satisfactores posibles. Una manta y ropa de abrigo serían otro.

De este modo, una línea básica de trabajo en el camino hacia la sostenibilidad parte de preguntarnos ¿cuáles son nuestras necesidades reales, tanto materiales como inmateriales?, ¿necesitamos agua caliente para fregar los platos?, ¿necesitamos cinco pantalones de pana en invierno?, ¿necesitamos un coche? Nuestras necesidades materiales pueden verse satisfechas con mucho menos consumo de recursos. Las inmateriales, simplemente, no se cubren desde lo material. ¿Cuántas horas semanales dedicamos a ver la televisión?, ¿y a salir al campo?, ¿y a jugar con nuestr@s hij@s o sobrin@s?, ¿y a conocer a nuestr@s vecin@s?

Atendiendo a esto, una sociedad sostenible será aquella que cubra las necesidades (reales, no ficticias) de toda la población presente y futura mediante una relación armónica con el entorno. En este sentido, el concepto de sostenibilidad tiene tres patas. La económica, para satisfacer las necesidades; es la menor de todas. La social, para que esa satisfacción sea universal; controla a la pata social y la pone a su servicio. Y la ambiental, para que nuestros actos no se realicen a costa de un planeta del que dependemos, y teniendo en cuenta que no somos la única especie que tenemos derecho a vivir en él.

O, dicho de otra forma, el empobrecimiento de las poblaciones y la degradación ambiental son dos caras de una misma insostenibilidad. La sostenibilidad supone una mejora en la calidad de vida de las generaciones actuales y futuras.

Desde esta perspectiva, los problemas ambientales son, en realidad, socioecológicos: la sociedad no conseguirá solucionar grandes cuestiones como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, o la contaminación química limitándose a buscar soluciones que mejoren el entorno, sino que sólo podrá hacerlo a través de políticas que tengan en cuenta a la vez las implicaciones sociales, económicas y ecológicas de nuestros actos.

Biomímesis

A la hora de elegir los satisfactores más adecuados para cubrir las necesidades de manera sostenible, un concepto fundamental es la biomímesis2 (imitar a la Naturaleza), ya que la Naturaleza ha sabido encontrar, a lo largo de la evolución, las mejores soluciones a las necesidades de los seres vivos y de los ecosistemas.

Pero no sólo eso, sino que también ha sido capaz de evolucionar hacia estadios cada vez más complejos y ricos. Además, la biomímesis implica que el entorno no es parte de la economía, sino al revés: la economía es un subsistema del ambiente.

Partiendo de la propuesta de Jorge Riechmann, la biomímesis supone cerrar los ciclos de materia, consumir en función de los ciclos naturales, minimizar el transporte, obtener la energía del sol, potenciar una alta interconexión biológica y humana, no producir compuestos tóxicos para el entorno (xenobióticos), acoplar nuestra velocidad a la de los sistemas naturales, actuar desde lo colectivo y acogernos al principio de precaución. Unos principios que sustituirían necesariamente al de maximización del beneficio individual imperante.

Cerrar los ciclos de la materia

En la naturaleza la basura no existe, todo es alimento, de manera que los residuos de unos seres son el sustento de otros y los ciclos están cerrados. Los modos de producción humanos, en contraposición a lo anterior, son lineales y, partiendo del petróleo, llegamos a un montón de plásticos tirados en un vertedero. Por lo tanto se hace necesario un encaje armónico de los sistemas humanos en los naturales, cerrando los ciclos mediante el reciclaje.

Esto se traduce en adecuar las sociedades y sus actividades a la capacidad del planeta para asimilar los contaminantes y residuos de forma sostenida en el tiempo, es decir, evitar los tóxicos y materiales que la naturaleza no puede degradar/asimilar y frenar la producción de residuos hasta alcanzar un ritmo menor al ritmo natural de asimilación/degradación.

En ese aspecto, la naturaleza no se preocupa excesivamente por su eficiencia3: no le importa desperdigar miles de semillas para que nazca un árbol, ni poner cientos de huevos para que sólo sobrevivan unas decenas de peces. Sin embargo, sí tiene mucho cuidado en que toda su producción se integre en ciclos en los que la basura se convierta en comida.

Obviamente reciclaje es la palabra clave de este principio, no sólo del vidrio y demás, sobre todo de la materia orgánica (que es nuestra principal producción de basura y la más valiosa). ¿Por qué no poner un compostero en la cocina? No huele, aunque no te lo creas.

Para bajar esto a lo concreto a nivel industrial estaríamos hablando de pensar la producción en red. La interconexión de distintas fábricas ya se está dando, por ejemplo en Namibia, Tanzania, China o Fiji en algunas fábricas de cervezas el residuo fibroso de la cebada se usa como alimento de setas y champiñones. El desperdicio de la producción de las setas se usa como pienso de alta calidad para el ganado vacuno. Pero es más, el residuo protéico de la cebada se usa para criar lombrices, con las que se alimentan gallinas. Los excrementos de los animales se usan para producir biogás (metano). Finalmente, los lodos de la metanización de los excrementos animales se usan como fermento de plantas en cultivos hidropónicos que incorporan peces también. Todo ello generando cuatro veces más empleo que una fábrica de cervezas aislada, con siente veces más eficiencia y centrando la economía en lo local.

Eliminar la liberación de xenobióticos


Es necesario que los compuestos tóxicos no se viertan al entorno. Para ello, la actuación podría discurrir por una doble vía: la reducción o eliminación de la gran mayoría, y la integración del resto en ciclos cerrados estancos que no se mezclasen con el resto de la naturaleza.

En nuestra vida cotidiana esto implica replantearnos nuestro concepto de limpieza y los materiales que usamos. La limpieza la queremos (además de por razones estéticas) por la búsqueda de higiene y esta tiene mucho más que ver con ecosistemas diversos y equilibrados que con la imposibilidad de eliminar todos los gérmenes. Así la apuesta por limpiadores ecológicos y caseros es básica: agua+alcohol+jabón como limpiador universal, cera de abeja para los suelos de madera, vinagre contra grasa, limón como antioxidante y limpiador, alcohol para desinfectar...

En la actualidad en la UE, de las más de 100.000 sustancias que se comercializan, no llegan a 20 las que tienen un expediente de seguridad completo, es decir, de las que sabemos qué implicaciones tienen en nuestra salud y el entorno. Evitar los contaminantes pasa por consumir productos de origen natural frente a los sintéticos.

Disminuir drásticamente el consumo en los países sobredesarrollados

Este criterio, básico en la propuesta del decrecimiento, está íntimamente relacionado con los conceptos de límite y justicia; con entender que vivimos en un planeta de recursos limitados cuyos márgenes hemos rebasado hace décadas y, por lo tanto, nuestra actividad tiene que acogerse a ese marco. Es decir, debemos autolimitarnos con un modelo de vida más austero. Sólo una disminución drástica del consumo en los países sobredesarrollados permitirá el moderado, pero necesario, aumento en los empobrecidos.

La disminución del consumo también implica obtener en primer lugar las materias primas y la energía del reciclaje de los bienes en desuso y, en segundo término, de fuentes renovables. Es decir: reducir, reutilizar y reciclar por este orden.

Las aplicaciones en la vida cotidiana son múltiples y variables, pero todas pasan por la austeridad. Pero no una austeridad triste, sino una feliz y creativa. Necesitamos menos para vivir mejor. Centrar la producción y el consumo en lo local Es necesaria una minimización del transporte, puesto que en la naturaleza su mayor parte es vertical4 (intercambio de materia entre el reino vegetal y la atmósfera y el suelo). El transporte horizontal sólo lo realizan los animales, que suponen muy poca biomasa respecto a los vegetales (el 99% de la biomasa) y que además sólo se desplazan a cortas distancias. El transporte horizontal a largas distancias, como es el caso de las migraciones animales, es una rareza en la naturaleza.

Lo que llamamos contaminación consiste, generalmente, en una enfermedad del transporte de los ecosistemas. En unos casos transportamos minerales desde las entrañas de la tierra, los procesamos, y acabamos dispersando los productos y los residuos por el medio, envenenándolo.

En otros, extraemos productos o sustancias que están dispersas en la naturaleza, las transportamos hasta algún sitio, y provocamos acumulaciones que la naturaleza no puede soportar. Además, invariablemente, para hacer todo eso acumulamos cemento, acero y asfalto en grandes infraestructuras que fraccionan los ecosistemas, tras envenenarlos, y nunca más pueden funcionar del modo en que estaban organizados para hacerlo5.

El crecimiento también está íntimamente relacionado con el transporte. El proceso de globalización capitalista ha maximizado esta faceta. Por eso hablar de decrecimiento es, en gran parte, hablar de reducción del transporte.

Esta idea supone una tendencia paulatina hacia la autosuficiencia desde lo local. Este principio, minimiza el transporte de recursos y bienes, facilita la gestión del sistema económico, los recursos y los residuos, y favorece las actividades económicas adaptadas a las características del entorno.

Esto significaría un funcionamiento confederal de los distintos territorios con un alto grado de autonomía, pero con una importante interconexión entre ellos. Algo así, siguiendo el símil natural, como distintos ecosistemas interconectados entre sí. La propuesta en movilidad es apostar por caminar e ir en bici y, en su defecto, por el transporte público. Aunque parezca mentira en numerosas ciudades, gracias a la presión popular (y la pésima calidad del aire) se está poniendo coto al coche: reducción de coches por eliminación aparcamientos y fomento transporte público (Múnich, Copenhague), restricción del acceso de coches al centro (Atenas, Roma), prohibición de centros comerciales en las afueras (Noruega, Finlandia), peajes para acceder a las ciudades (Londres, Estocolmo, Ámsterdam), barrios sin coches (Berlín, Friburgo, Edimburgo).

Es necesaria la reconversión de la industria del automóvil en industria del transporte público, de la bicicleta o la recolocación de l@s trabajadores/as en un medio rural vivo. Cosas parecidas ya se han llevado a cabo, por ejemplo en Santana Motor.

Los grupos de consumo agroecológico autogestionados son un ejemplo muy exitoso de cómo aplicar este criterio. No sólo permiten la obtención de alimentos de primera calidad a precios de supermercado, sino que suponen la creación de un tejido social donde los valores dominantes son los del apoyo mutuo.

Basar la obtención de energía en el sol

El sistema energético debe estar centrado en el uso de la energía solar en sus distintas manifestaciones (sol, viento, minihidráulica, biomasa...). En general, se trata de obtener la energía de fuentes renovables, es decir, de aquellas que explotemos a un ritmo que permita su regeneración.

El modelo del futuro no deberían ser los grandes parques solares y eólicos controlados por multinacionales (aunque ahora puedan resultar necesarios como elementos de transición en un escenario de cambio climático acuciante). El modelo es la producción descentralizada de energía de manera autogestionada. La construcción bioclimática (que se adapta a las características de entorno y usa energía limpia) no sólo consigue reducir drásticamente el consumo energético y hacerlo 100% renovable, sino que puede incluso generar más energía de la necesaria. Sí, la construcción bioclimática es más cara, pero recupera la inversión con creces. La clave está en buscar medios de financiación colectivos para poder hacer frente a las inversiones, como podría ser COOP-57.

Potenciar una alta diversidad e interconexión biológica y humana


La vida ha evolucionado, desde el principio, hacia grados de mayor diversidad y complejidad, lo que no sólo ha permitido alcanzar mayores niveles de conciencia, sino también adaptarse a los retos y desafíos que se ha venido encontrando. La mayor estrategia para aumentar la seguridad y la supervivencia de la vida ha sido hacerla más diversa, cambiante y moldeable.

Justo lo contrario de aquello para lo que trabaja la Unión Europea, con sus directivas contra la inmigración o la tendencia del mercado a homogeneizar los gustos de la población.

La alta diversidad y la interconexión naturales tienen un correlato en el plano social, que es la vida conjunta de muchas personas diversas y con muchas redes de intercambio y comunicación entre ellas como salvaguarda de la variedad cultural.

Además hay que señalar que la evolución de la vida es hacia la máxima complejidad, no hacia el máximo crecimiento. Los bosques o las personas pasamos una primera etapa de nuestra vida en la que ponemos energía en crecer, pero luego esa energía la desviamos haciael aumento de la complejidad. Nuestra sociedad está anclada continuamente en esa etapa primitiva de crecimiento de la que es incapaz de salir. ¿Quién propone volver a las cavernas realmente? Desde esa perspectiva también cobra especial importancia el decrecimiento.

Por último, una característica fundamental de la complejidad es que permite que se produzca autoorganización de forma “espontánea”. La diversidad tiene mucho con ver con la agroecología, con el cambio de paradigma en nuestra forma de cultivar la tierra, ya que la agroecología tiene como uno de sus principios básicos potenciar la diversidad. Y, contra lo que la mitología empresarial afirma, la producción agroecológica es capaz de satisfacer las necesidades alimentarias de la humanidad con creces (y con garantía de futuro, cosa que la agroindustrial no es capaz), como lo avalan numerosos estudios. Todo ello es básico para alcanzar una soberanía alimentaria.

Acoplar nuestra “velocidad” a la de los ecosistemas

Muchos de los problemas ambientales que se están produciendo tienen más que ver con la velocidad a la que se están efectuando los cambios que con los cambios en sí mismos. Por ejemplo, a lo largo de la historia de la Tierra se han producido cambios de temperatura más drásticos de los que se pronostican como consecuencia del cambio climático actual; sin embargo, el problema principal es que los cambios se están llevando a cabo a una velocidad que los ecosistemas no pueden soportar sin traumas.

En este sentido, es imprescindible ralentizar nuestra vida, nuestra forma de producir y consumir, de movernos. Hay que volver a acompasar nuestros ritmos con los del planeta. Por ejemplo la dieta que llevamos tiene más que ver con los problemas socioambientales de lo que podríamos pensar: un animal alimentado con cereales comestibles (soja, maíz) es una pérdida 70-95% de energía bioquímica, ya que una vaca come 7 kg por kg producido, por ejemplo. Así que una dieta vegetariana o débilmente carnívora se adapta mucho mejor a la velocidad de producción del entorno. Es decir, la dieta clásica mediterránea en nuestro contexto.

Actuar desde lo colectivo

En la naturaleza, para su evolución, ha sido mucho más importante la cooperación que la competencia, como bien lo ejemplifica la simbiosis básica en el desarrollo de ecosistemas y seres vivos. Esto se transpone en la vida social como una gestión democrática de las comunidades y sociedades, de manera que nos responsabilicemos de nuestros actos a través de la participación social. Y cuando hablamos de democracia nos referimos a una democracia participativa, en la que los valores básicos sean la cooperación, la horizontalidad, la justicia, el geocentrismo (huyendo del antropocentrismo y el androcentrismo) y la libertad.

Esta actuación desde lo colectivo es lo que va a permitir que surjan una serie de “emergencias” desde el sistema complejo que permitan encarar las problemáticas con las que las sociedades humanas nos tenemos que enfrentar6.

Principio de precaución

El principio de precaución postula que no se deben llevar a cabo acciones de las que no se tienen claras las consecuencias. Es entender que vivimos en un entorno de incertidumbre insalvable. Es entender que el ser humano no es omnipotente ni omnisciente, ni siquiera con la ayuda de la ciencia y la tecnología. Es entender que somos seres limitados, lo que también tiene mucho que ver con el decrecimiento, en este caso del papel casi religioso de la ciencia y la tecnología en nuestra sociedad.

Desde esta perspectiva no tiene ningún sentido la energía nuclear (¿quién garantizará la seguridad de las centrales?, ¿y la estabilidad de los emplazamientos de residuos radiactivos durante miles de años?), los transgénicos (¿quién puede saber que ocurre cuando se liberan al medio?), o el uso masivo de la telefonía móvil (¿sabes cuantos estudios se han realizado sobre su impacto sobre la salud?).

El principio de precaución significa apostar por lo sencillo, como las tecnologías blandas.

Sostenibilidad tras el decrecimiento

De este modo, una sociedad sostenible sería la que:

Tuviese un carácter altamente autosuficiente en los territorios que la componen: todos los materiales procederían de lugares cercanos (de las huertas dentro de la ciudad, de las granjas en las afueras, del río, de la cantera de la comarca, etc.). El trasiego de materiales sería mínimo.

Basase la satisfacción de sus necesidades energéticas en el sol: se obtendría energía de paneles solares, molinos eólicos y saltos minihidráulicos, fundamentalmente. Y la producción energética estaría descentralizada y controlada por la población. Además, el consumo energético sería reducido.

Cerrase los ciclos de materia: los excrementos del ganado y el compost irían a las huertas, el agua usada se depuraría y regaría jardines y calles, el ganado pastaría en los prados y los abonaría, los residuos sólidos urbanos se reciclarían, etc.

Enmarcase la producción de alimentos bajo los parámetros de la agroecología. Tuviese una producción y consumo locales: para ello habría gran variedad de profesiones, oficios y habilidades en los municipios, de modo que se pudiera encontrar cualquier bien o servicio básico (atención médica, vestido, calzado, arreglo de bicicletas, educación, semillas, libros, carpintería...).

Planificase su urbanismo de tal manera y tamaño que haría muy práctico el uso de la bicicleta y el transporte público, y la mayoría de los lugares serían accesibles a pie. Redujese sus necesidades de movilidad a largas distancias, excepto para coordinarse y enriquecerse con otras comunidades.

Posibilitase espacios para la vida del resto de los seres, espacios que deberán estar interconectados mediante corredores biológicos.

Tomase las decisiones mediante democracia participativa, con una redistribución equitativa, justa y solidaria de la riqueza y del poder entre sus habitantes. Es decir, no existirían megaestructuras como la Unión Europea, sino mecanismos de coordinación para articular globalmente las decisiones locales.

1. Manfred Max-Neef: Desarrollo a escala humana. Icaria Barcelona. 1994.
2. Jorge Riechmann: Biomímesis. El Ecologista nº36. 2003. Jorge Riechmann: Un mundo vulnerable: ensayos sobre ecología, ética y tecnociencia. Los Libros de la Catarata. 2000.
3. Aunque los ecosistemas tienden, conforme evolucionan, a estados de productividad bajos, es decir, pasan de ser muy ineficientes a ser altamente eficientes.
4. Ramón Margalef: La Biosfera entre la termodinámica y el juego. Omega. 1980.
5. Ramón Margalef: Planeta azul, planeta verde. Prensa Científica. 1992. Antonio Estevan: La enfermedad del transporte. www.ciudad-derechos. org/espanol/pdf/eed.pdf.
6. Una de las características de los sistemas complejos es que, ante situaciones de crisis, son capaces de producir una serie de emergencias que permiten salvarlas. Una emergencia en la naturaleza fue, por ejemplo, la aparición de la fotosíntesis.
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la conversión del poder-hacer en poder-sobre

Decrecimiento - Sáb, 12/04/2014 - 05:00
John Holloway

El capital no se basa en la propiedad de las personas sino en la propiedad de lo hecho y, sobre esta base, del repetido comprar el poder-hacer de las personas. Dado que no hay propiedad de las personas, ellas muy fácilmente pueden rechazar tener que trabajar para otros sin sufrir un castigo inmediato. El castigo proviene más bien del hecho de ser separadas de los medios de hacer (y de supervivencia). El uso de la fuerza no proviene entonces de la relación directa entre capitalista y trabajadora o trabajador.

La fuerza, en primer lugar, no se centra en el hacedor sino en lo hecho: su centro es la protección de la propiedad, la protección de la propiedad de lo hecho. No la ejerce el propietario individual de lo hecho porque eso sería incompatible con la naturaleza libre de la relación entre el capitalista y la trabajadora o el trabajador, sino una instancia separada responsable de proteger la propiedad de lo hecho: el Estado. 

La separación de lo económico y lo político (y la constitución de lo "económico" y lo "político" por esta separación) es, por lo tanto, central para el ejercicio de la dominación bajo el capitalismo. Si la dominación siempre es un proceso de robo a mano armada, lo peculiar del capitalismo es que la persona que tiene las armas está separada de aquella que comete el robo y simplemente supervisa que el robo se realice conforme a la ley. Sin esta separación, la propiedad de lo hecho (como opuesta a la posesión meramente temporal) y, por lo tanto, el capitalismo mismo, serían imposibles.

Esto es importante para la discusión sobre el poder, porque la separación de lo económico y lo político hace aparecer a lo político como el reino del ejercicio del poder (dejando a lo económico como una esfera "natural" fuera de cuestionamiento), cuando de hecho el ejercicio del poder (la conversión del poder-hacer en poder-sobre) ya es inherente a la separación de lo hecho respecto del hacer y, por lo tanto, a la constitución misma de lo político y lo económico como distintas formas de relaciones sociales.

Extraído de 'Cambiar el mundo sin tomar el poder. El significado de la revolución hoy' de John Holloway
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El período especial cubano

The Oil Crash - Jue, 10/04/2014 - 11:17
Bodega de aprovisionamiento popular en Cuba.

Queridos lectores,

En las primeras conferencias que dimos sobre el problema del Oil Crash poníamos el ejemplo de dos países que habían afrontado una situación de caída brusca del suministro de petróleo (en ambos casos, por el colapso de la Unión Soviética) de dos maneras completamente diferentes: o bien apostando por un modelo industrial (Corea del Norte) o por uno más agrario (Cuba). Los ejemplos estaban recogidos en el libro de Dale Allen Pfeiffer "Comiendo combustibles fósiles" y nosotros los trasladábamos un tanto acríticamente a las charlas. Con el tiempo, muchos cubanos me han hecho notar que el Período Especial cubano no fue ni mucho menos tan ideal como nosotros lo mostrábamos, y, si bien en Corea del Norte las cosas fueron mucho peor, en Cuba el Estado tuvo un papel menos decisivo del que le atribuíamos y la situación fue de todo menos idílica.

Recientemente, Erasmo Calzadilla, del Havana Times, me contactó para preguntarme sobre ciertas cuestiones relacionadas con la energía, y en medio de los sucesivos e-mails acabamos hablando del Período Especial. Su visión sobre el tema, como esperaba, era bastante crítica con el mensaje que nosotros trasladábamos en aquel entonces. Erasmo es el primer cubano que ha aceptado escribir un ensayo sobre su visión de aquel período para ser publicado en este blog y que además lo firma con su propio nombre (que por cierto tanta resonancia histórica tiene para nosotros los europeos).

Les dejo con Erasmo.
Salu2,
AMT



El trabajo donde comparas a Cuba con Corea se llama: THE OIL CRASH: EL FUTURO INMINENTE DE UNA ESPAÑA SIN ENERGÍA. Data del 18 de febrero del 2010 (Nota de AMT: se refiere a una de las primeras conferencias que di sobre el Oil Crash).


Dices sobre Cuba:

El gobierno tomó dos medidas básicas para evitar el colapso:
  • Programas de alimentación de los sectores sociales más débiles 
  • Cartillas de racionamiento para toda la población.

Un plan agresivo de reforma agropecuaria, un retorno progresivo e incentivado al campo y la investigación en agricultura ha permitido mantener un nivel alimentario razonable.

No creo que fueran estas las medidas que evitaron el colapso.

La cartilla de racionamiento y el buchito de comida que repartían a los más desamparados brindaron alguna ayuda pero no podías contar con eso para no morir de hambre.

En la ciudad, la solución fue “la lucha y el invento”. La gente pescaba hasta en charcos de aguas negras, cazaba hasta los gatos (aunque dejaron tranquilos a los perros), recolectaba hasta en los nichos de basura y/o robaba, sobre todo al Estado. Aquellos con más iniciativa y ganas de trabajar se apropiaron de los terrenos yermos en torno a los barrios con el objetivo de sembrar o criar animales (casi siempre a título personal).

El mismísimo centro de la ciudad se llenó de corrales hediondos que sus dueños construían justo al lado de los edificios o incluso dentro de los apartamentos para protegerlos de los “ninjas”. Las fosas se tupieron y desbordaron con los residuos de las cochiqueras; de milagro no se desató una epidemia mortal.

Se dice que Cuba sobrevivió gracias a la cooperación comunitaria; me parece que idealizan. La gente se ayudaba pero mucho menos que antes de la crisis y nunca con explícito sentido comunitario.

Que yo sepa no emergió ninguna organización suprafamiliar (salvo la comunidad de fieles que proliferó en las iglesias); más bien se desintegró la que había, tal y como cuenta y predice Dimitriv Orlov. Los líderes de la Revolución y los medios de comunicación habían combatido ardua y concienzudamete contra el individualismo pero este rebrotó a la menor oportunidad y se instaló en el trono de la subjetividad del cubano.

Ese Renacimiento nuestro fue positivo en muchos aspectos pero fatal en otros. El pico de la crisis, el momento en que peor estábamos, coincidió con el pico de la ostentación, con el del egoismo y el de la violencia despiadada. Mucha gente andaba armada para evitar que la asaltaran y hasta degollaran por quitarle cualquier bobería.

Fue ese el momento en que levantaron cabeza los Macetas, tipos inescrupulosos que hicieron fortuna aprovechando el hambre ajena, la desesperación y el descontrol. Una comunidad organizada y consciente como la que imaginan los idealistas hubiera enfrentado y puesto en su lugar a esos personajes pero más bien ocurrió lo contrario. Los Macetas se fueron convirtiendo en el ejemplo a seguir, en líderes de la comunidad y vecinos de respeto, llegando a ocupar cargos públicos. Cuando el gobierno recuperó las riendas tumbó a algunos del caballo; otros consiguieron lavar su fortuna y hoy prosperan protegidos por la ley.

Y en cuanto al retorno progresivo e incentivado al campo, no tengo noticia de que algo así haya ocurrido. En la ciudad capital había miseria, sed y hambre pero no tanta como para empujar a los habaneros fuera de la urbe; el fenómeno migratorio masivo de que tengo noticia fue más bien en sentido contrario.

De la noche a la mañana La Habana se llenó de buscavidas, gente que vivía muy mal en las provincias del interior o que intentaba aprovechar el caos para instalarse en la capital. Los recien llegados levantaban un llega-y-pon en una cuarta de tierra, con una viga robada a una torre de alta tensión, una plancha de zinc extraida de una industria desmantelada, un pedazo de cartón sacado de la basura y como eso todo lo demás.

Aún en plena crisis la Habana daba vida a aquellos que venían dispuestos a todo: trabajar en la construcción, en la agricultura, en la policía, como jineteras, como pingueros, asaltantes de camino, mensajeros etc. El gobierno los deportaba masivamente hacia su provincia de origen pero ellos regresaban en el mismo tren. Hay un documental, “Buscándote Habana”, que refleja el tema.

En resumen, los capitalinos no se fueron al campo, más bien la ciudad se ruralizó, llenándose de sembrados, cochiqueras, potreros y gente de campo.

Sobre la investigación científica en el ámbito de la agricultura

Mientras fluyó la ayuda del campo “socialista” aquí se practicó una agricultura intensiva a golpe de combustibles fósiles. Los disímiles institutos de investigación tenían los ojos puestos en los avances más deslumbrantes de la ciencia y sobre todo en la biotecnología. Justo antes de La Caída los burócratas y tecnócratas tenían un entusiasmo tremendo con los cultivos hidropónicos, que necesitan un andamiage sofisticado y caro. Por supuesto que todo eso se fue a bolina en el primer soplo de la crisis pero en cuanto comenzó a gotear el maná proveniente de Venezuala se pusieron las pilas y andan girados para los transgénicos y otras lindezas semejantes. “Los bueyes lucen mejor en el plato”, es una expesión de Jorge Triana, un economista que disfruta del reconocimiento de las altas esferas y se la pasa dando conferencias a la élite política y científica.

Sin embargo, las fuerzas armadas revolucionarias (FAR) sí tenían pensada una estrategia de cómo organizar la sociedad y el trabajo en tiempos de guerra; Opción Cero le llamaban. Implementada con tino dicha estrategia ayudó a recuperar una agricultura, una farmacia y hasta una medicina natural alternativa que ayudaron a parar el golpe.

Además, con los reclutas que iban entrando a las fuerzas armadas (aquí es obligado para los hombres) la FAR organizó el Ejército Juvenil del Trabajo (EJT). Los reclutas trabajaban en granjas agrícolas por un salario miserable (siempre es mejor que marchar bajo el sol) y luego el ejército vendía barato o distribuía gratis (en escuelas, hospitales, unidades militares y centros de trabajo) lo cosechado.

Pero desde mi punto de vista fueron los guajiros y guajiras los que más hambre ayudaron a matar; con técnicas rudimentarias y a golpe de sabiduría tradicional, nucleados alrededor de la familia y sin recurrir al trabajo esclavo. La gente de la ciudad se daba viajes al campo a intercambiar cualquier cosa por viandas, vegetales o frutas.

El Estado-Gobierno estaba en la ruina y no tenía recursos para organizar ni controlar salvo lo más indispensable. Al Aparato no le quedó más remedio que permitir a regañadientes el laisser faire, que la gente se independizara. Muchos campesinos y emprendedores de todo tipo se partían el lomo con la ilusión de tener algo propio, recuperar la dignidad, ser libre. Tanto malestar había generado el colectivismo forzado que el ansia de independencia devino en uno de los motores subjetivos más poderoso cuando apenas quedaban esperanzas ni fuerzas para luchar.

Por otra parte el turismo, la inversión extranjera y las remesas familiares aportaron la moneda dura que, junto a otros factores, impidió cayéramos tan hondo como Corea del Norte.

Muchas personas de bien toman a Cuba como el ejemplo de que es posible sobrevivir a un desabastecimiento repentino de combustible y otros productos indispensables gracias al trabajo en comunidad y la guía de un gobierno socialista con respaldo popular. La idea me parece bonita pero dista bastante de la realidad.
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El debate sobre el socialismo del siglo XXI apenas comienza

Decrecimiento - Jue, 10/04/2014 - 05:00
Gustavo Fernández Colón - Entropía

Traducción al español de la ponencia leída originalmente en francés en el Coloquio “Crisis ética, ética de crisis”, organizado por la revista Entropía en la Universidad París Descartes, París, el pasado 4 de abril de 2009.   


Junto con mis disculpas por mi mal francés, quiero ante todo agradecerles a Jean Claude Besson-Girard, a Yannick de la Fuente, a Claude Llena y al Comité Editorial de la revista Entropía por haber tenido la gentileza de publicar mi artículo y por su amable invitación para que participe en esta Mesa Redonda.

Yo formo parte de un pequeño grupo de académicos venezolanos interesados en resaltar la importancia de las estrategias alternativas generadas por las comunidades populares para enfrentar la crisis económica y ecológica contemporánea, en el contexto de la transición política por la que atraviesan actualmente mi país y, en general, América Latina.

Desde esta perspectiva, quisiera compartir con ustedes algunas apreciaciones acerca del «viraje a la izquierda» de la política latinoamericana que ha tenido lugar durante la última década, precedido por fuertes movimientos sociales de protesta contra la agudización de la desigualdad y la pobreza provocada por las políticas neoliberales de la década de los noventa.

Desde el primer triunfo electoral del presidente Chávez en Venezuela en 1999 hasta la más reciente elección del presidente Mauricio Funes en El Salvador el pasado quince de marzo, las organizaciones políticas de izquierda han llegado al poder en muchos países, aunque con orientaciones filosóficas, programas de gobierno y contextos de acción muy diferentes.

Pero más allá de las divergencias, es posible identificar algunos rasgos comunes en todos los gobiernos de la nueva izquierda latinoamericana. La primera característica es el énfasis en el rol del estado para frenar los desequilibrios sociales generados por el mercado. En la práctica, esto ha implicado una mayor preocupación por la justicia social, el fortalecimiento de los servicios estatales de educación, salud y bienestar social destinados a atender a los más pobres, el énfasis en la soberanía económica, una mayor cooperación e integración entre los países de la región y el intento de zafarnos de nuestra subordinación a los Estados Unidos.

Pero aun reconociendo los enormes méritos éticos y políticos de este esfuerzo, observamos con preocupación que el problema de la sustentabilidad ecológica de nuestras estrategias de desarrollo aún no está siendo considerado en serio por la mayor parte de los líderes y cuadros dirigentes de la nueva izquierda latinoamericana. Todavía palabras como desarrollo, progreso y crecimiento económico continúan orientando los objetivos de las políticas gubernamentales.

Es justo señalar que ha habido avances conceptuales importantes en materia de sustentabilidad ecológica. Un ejemplo lo tenemos en la nueva Constitución de la República del Ecuador, que reconoce a la naturaleza o Pacha Mama como sujeto de derecho, y otro en la declaración de los diez mandamientos para salvar al planeta, la humanidad y la vida del presidente de Bolivia Evo Morales. Pero en la práctica, la acción política sigue condicionada por la urgencia de hacer crecer nuestras economías para distribuir la riqueza de una manera más equitativa y atender los problemas de la pobreza y la miseria que aquejan a la inmensa mayoría de nuestra población.

La actual crisis del sistema capitalista mundial, que ha hecho perder sus empleos y sus viviendas a miles de estadounidenses y que ha desencadenado las recientes movilizaciones de protesta de los trabajadores de Francia, también está teniendo un fuerte impacto en las economías latinoamericanas a raíz de la caída de los precios y los volúmenes de nuestras exportaciones. No sabemos cuánto tiempo pueda prolongarse esta depresión global ni la magnitud de los daños que causará en el mundo entero. Lo que sí es cierto es que representa tanto una oportunidad como una amenaza para los esfuerzos destinados a la construcción de una economía no solo justa sino también ecológicamente sustentable.

La recesión global es una amenaza porque el propósito de reactivar el crecimiento económico puede imponerse como un reto urgente para tratar de contener el creciente malestar social y porque puede servir también de excusa para justificar estrategias de desarrollo ambientalmente insostenibles bajo la promesa de crear más empleos.

Por otra parte, la crisis económica puede también convertirse en una oportunidad si su coincidencia con los signos del avanzado deterioro ambiental de nuestro planeta contribuye a poner en evidencia que la lógica capitalista nos está conduciendo no sólo a una debacle económica que agravará la pobreza y el sufrimiento de la mayor parte de la humanidad, sino a un desastre ecológico que está poniendo en riesgo la sobrevivencia misma de nuestra especie.

En consecuencia, el actual proceso de agudización de las contradicciones sociales, económicas y ecológicas del sistema capitalista mundial, podría desencadenar una metamorfosis civilizatoria si logramos traducir en acciones colectivas lo que Serge Latouche ha denominado la “pedagogía de la catástrofe”.

En Venezuela, como en muchos otros países del mundo, la conciencia acerca de la gravedad de la crisis ecológica es todavía incipiente. Y si bien es cierto que, desde hace una década, el gobierno revolucionario que dirige el presidente Chávez ha hecho avances importantes en materia de disminución de la pobreza y redistribución de la renta nacional con criterios de equidad, el ideario del socialismo del siglo XXI defendido por nuestro gobierno todavía responde, en sus rasgos fundamentales, al paradigma desarrollista compartido tanto por las derechas como por las izquierdas del siglo XX.

Para hacerse una idea del alcance de las políticas sociales de nuestro gobierno, vale la pena examinar el más reciente informe publicado por la CEPAL o Comisión Económica para América latina y el Caribe. De acuerdo con este organismo dependiente de la ONU encargado de sistematizar las estadísticas sobre la situación económica en América latina, la pobreza en Venezuela disminuyó de un 49,4 % en 1999 a un 30,2 % en 2006, mientras que la indigencia o pobreza extrema pasó del 21,7% al 9,9% en el mismo período. Del mismo modo, la mortalidad infantil descendió en casi cinco puntos porcentuales entre el 2003 y el 2007. El desempleo disminuyó desde el 14% en 1999 hasta el 7,1%.

Gracias a nuevas formas de organización comunitaria como las “mesas de agua”, se ha ampliado el suministro de agua potable hasta alcanzar el 92% de la población. Se ha creado un servicio estatal de distribución de alimentos subsidiados que alcanza a 14 millones de personas. Se ha extendido considerablemente la atención médica gratuita a los más necesitados, mediante la puesta en funcionamiento de 4500 consultorios y clínicas populares. El país fue declarado territorio libre de analfabetismo por la UNESCO en 2005 y se ha ampliado notablemente la cobertura del sistema educativo nacional, con carácter gratuito hasta el nivel universitario.

Sin embargo, la gran pregunta que hoy se formula la mayoría de los venezolanos es por cuánto tiempo serán sostenibles estas políticas de inclusión social en medio de una recesión mundial que ha hecho descender enormemente los precios de nuestra principal fuente de ingresos: el petróleo.

Se trata de una preocupación grave sobre todo para los sectores populares que temen perder estos beneficios sociales a los que nunca antes tuvieron acceso y para la nueva burocracia instalada en el poder. Lamentablemente, lo que muy poca gente se pregunta hoy en Venezuela es por cuánto tiempo será viable una economía fundada principalmente en la explotación de los combustibles fósiles, responsables del recalentamiento de la tierra.

Un ejemplo significativo de los límites ecológicos del modelo de desarrollo imperante en mi país, lo tenemos en nuestro sistema de generación de electricidad. Cerca del 70% de la energía eléctrica que consumimos 26 millones de venezolanos proviene de fuentes hidroeléctricas. Y particularmente de las represas construidas sobre el río Caroní, cuya cuenca está ubicada en el borde norte de la amenazada selva amazónica. El otro treinta por ciento proviene de centrales termoeléctricas a base de fueloil y gas.

El crecimiento económico de los últimos años y la extensión del acceso a los servicios públicos a sectores de la población anteriormente excluidos, ha hecho que rápidamente estas fuentes de energía se hayan hecho insuficientes. Para resolver este problema, se ha comenzado a trabajar en el desarrollo de energías renovables como la solar, la eólica y la geotérmica. Pero hasta ahora se consideran insuficientes para cubrir el crecimiento de la demanda eléctrica, lo que ha llevado a nuestro gobierno a proyectar la construcción de centrales nucleares, con el apoyo técnico de Rusia y de Francia.

Los ecosocialistas venezolanos, acompañados por algunos decrecentistas de Francia, hemos expresado públicamente nuestro desacuerdo con los convenios de cooperación en materia de energía electro-nuclear suscritos recientemente por ambos países. Pero nuestro impacto ha sido mínimo en la opinión pública y los planes gubernamentales en esta materia siguen en marcha.

Hay muchos otros aspectos relacionados con las transformaciones socio-políticas que están teniendo lugar en Venezuela y América Latina sobre los que pudiéramos seguir conversando, pero el tiempo previsto para nuestras intervenciones en este foro me obliga a ser breve. En todo caso, me parece conveniente señalar que a pesar de la enorme influencia de los mitos modernos del crecimiento y el desarrollo, el debate sobre los rasgos distintivos del socialismo del siglo XXI todavía permanece abierto en Venezuela. Y, en mi opinión y la de varios intelectuales latinoamericanos, la filosofía del decrecimiento tiene mucho que aportar en esta discusión.

De ahí mi complacencia por la posibilidad de estar hoy y aquí entre ustedes dialogando sobre un asunto tan trascendental para el porvenir no sólo de mi país y del vuestro, sino de la humanidad entera.

Muchas gracias.

Original disponible en: http://www.entropia-la-revue.org/spip.php?article37
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El decrecimiento como herramienta política

Decrecimiento - Mar, 08/04/2014 - 05:00
Propuestas desde las redes de decrecimiento para la sostenibilidad y la equidad.

Desazkundea. Revista El Ecologista nº 75.

Sin duda, la mirada política del decrecimiento tiene la virtud de abrir un espacio, un vivero de ideas teóricas y buenas práctica subversivas, recuperadas algunas e innovadoras otras, para entender, afrontar y transformar un futuro catastrófico cada vez más cercano.

Cada vez somos más quienes pensamos que ante una situación caracterizada por una crisis ecológica, económica, sociopolítica y de cuidados, los movimientos transformadores necesitamos encarar nuevas preguntas, nuevas respuestas y nuevos caminos para la acción.

Está permitido pensar de nuevo y, por ello, un creciente número de personas y movimientos están empezando a utilizar el decrecimiento no solo para vivir acorde con sus principios de simplicidad voluntaria, sino también para organizarse, reflexionar y aportar propuestas concretas de cambio colectivo. Una parte de los movimientos sociales han otorgado al decrecimiento un papel de herramienta política válida y eficaz que orienta un trabajo de lucha contra este capitalismo desarrollista y brutal basado en los mercados de futuro, el beneficio y la explotación de personas y cosas.

La suficiencia y el “menos para vivir mejor” son los lemas que el decrecimiento sostenible opone a la resignación del caos capitalista y sus crisis endémicas. En un planeta finito es necesaria la autolimitación para un “buen vivir”… de todo el planeta.

Sin duda, la virtud de la mirada política del decrecimiento es la de abrir un espacio, un vivero de ideas teóricas y buenas práctica subversivas, recuperadas algunas e innovadoras otras, para entender, afrontar y transformar un futuro catastrófico cada vez más cercano. Así, puede aportar elementos centrales para el futuro como:


  • Una reconceptualización de aspectos como el desarrollo, el trabajo o la riqueza, y una profundización y rescate de otros como la justicia social o la democracia radical, basados en las economías alternativas y el ecofeminismo.

  • Propuestas novedosas desde la justicia ambiental y las relaciones Norte-Sur centradas en un decrecimiento selectivo y justo de los países del Norte que elimine los efectos de la anticooperación, y un desarrollo socio-ecológicamente eficiente para los países del Sur.

  • La apuesta por modelos relacionales, de vínculo y lazo social, urbanísticos y energéticos como las ciudades en transición o las cooperativas integrales.

  • El valor de la coherencia entre el comportamiento individual y la acción colectiva, así como una necesaria revolución cultural: si el estado está perdiendo legitimidad, buscar respuestas comunes que hagan universales los derechos básicos.

  • Un puente entre sociedad y espacios de transformación social, y la creación de un nexo estratégico entre partidos, agentes sociales y movimientos verdes, anticapitalistas, feministas y ecosocialistas, rompiendo resistencias y prejuicios, desde la democracia de base.

La experiencia de Desazkundea

Con pensamientos similares a los expuestos en los apartados precedentes y experiencias variopintas, algunas personas decidieron crear en Euskadi, al igual que estaba sucediendo en otros lugares, una Red por el Decrecimiento. De esta manera, en febrero de 2010 se realizó la primera asamblea del colectivo Desazkundea en Bilbao. Una de las características de esa primera asamblea es que nos reunimos gentes de diversas procedencias (desde el movimiento libertario en sus diversas formas, ecologistas, anticapitalistas, cristianos/as de base…) que hablaban un mismo lenguaje, con un diagnóstico similar y desde mundos políticamente diversos. Desde el primer momento quedó claro que pretendíamos tejer un movimiento sin burocracia, sin jerarquías, inclusivo desde una perspectiva feminista y capaz de pensar, trabajar y actuar desde lo local a lo global y vuelta.

Las iniciativas y experiencias se tejen alrededor de diferentes áreas y grupos de apoyo de los cuales han ido surgiendo diversas experiencias y trabajos concretos entre los que podemos citar: Etxekoop (para construir cooperativas de viviendas de cesión de uso), huertos (con la ocupación de un terreno municipal en un barrio de Bilbao puesto al servicio de la gente), DOT (Directrices de Ordenación Territorial), moneda local (que se piensa lanzar en breve), Debalde (tienda gratis), Gasteiz en transición (combinando el decrecimiento y el modelo de las iniciativas de transición), etc.
Dentro de una perspectiva de intervención política iniciamos un tímido camino con la ayuda a la traducción al castellano del informe de la NEF inglesa 21 horas. Al mismo tiempo vimos que necesitábamos concretar más para dar expresión a los cambios estructurales políticos y sociales que el decrecimiento requiere. Así, hemos iniciado una triple vía de trabajo; la primera centrada en cómo estructurar una futura economía alternativa alrededor de la economía feminista y del modelo del estado estacionario (con la traducción y difusión del informe Suficiente es suficiente con CASSE y Justice for All o los talleres en relación a la economía feminista); la segunda e incipiente basada en cómo relocalizar la política usando y estudiando la propuesta de la Democracia Inclusiva; y la tercera con la elaboración de una serie de propuestas políticas (ver apartado siguiente).

Propuestas políticas

Aprovechando las elecciones autonómicas al parlamento vasco del 21 de octubre, decidimos hacer un sencillo proceso participativo con el objetivo de plantear a las organizaciones políticas propuestas concretas y medidas suficientes para organizar la sostenibilidad de la vida y alcanzar la justicia socio-ambiental. Somos conscientes de que estas medidas corresponden a diversas fases de transición y todavía quedan muchos aspectos por trabajar.

Concretamente, se trata de 66 medidas que pueden consultarse en: http://desazkundea.org/component/co.... Para desarrollarlas adecuadamente necesitaríamos un espacio que excede el del presente artículo (recomendamos su lectura), pero sí quisiéramos destacar algunas:


  •   La medición del progreso y el bienestar por parámetros alejados del PIB que mezcle los índices cuantitativos y cualitativos a través de un proceso social participativo de cara a romper los vínculos entre felicidad y progreso con lo monetario y el consumismo. Esto nos llevaría igualmente a un replanteamiento de la cooperación Norte-Sur, de la educación y la salud, para centrarse en el ser humano.

  •   Visibilizar el trabajo de cuidados y promover actuaciones para su reparto, así como conseguir una igualdad real. Por ejemplo, creando estructuras públicas y comunitarias para el cuidado de la infancia, personas mayores y dependientes; convirtiendo en vinculantes las decisiones de los órganos consultivos en los que participan las organizaciones feministas y de mujeres…

  •   Una redistribución del trabajo y, por ende, de las rentas entre las personas a través de la limitación de las diferencias salariales (por ley, de 1 a 4), de la jornada laboral de 21 horas semanales y de una renta básica universal digna.

  •   Medidas fiscales y modelos empresariales y financieros tendentes a rebajar los niveles de producción y consumo y fomentar la relocalización máxima de todos los procesos hasta los límites biofísicos mediante la promoción de energías renovables, soberanía alimentaria, modelos cooperativos a escala humana, directrices de ordenación territorial nuevas y ecosuficiencia, pero sin olvidar la autolimitación. Por ejemplo, creando ecoregiones, imponiendo ecotasas, prohibiendo los paraísos fiscales, estableciendo un plan de descenso de consumo energético…

  •   Nacionalización de la banca y del sistema energético dejando a salvo las cooperativas energéticas y de crédito autogestionadas.
  •   Lucha contra la acumulación de poder a través de la promoción de una democracia inclusiva basada en asambleas populares vinculantes y con una transición en la que se promuevan los referéndums, ILP efectivas, etc. Y la horizontalización de las estructuras de las instituciones, partidos y sindicatos para conseguir coherencia entre la democracia que se predica y la que se practica, en una nueva ética.
Por el momento, nos hemos reunido para contrastar opiniones en relación a las propuestas con Equo, EH Bildu y Ezker Anitza-IU y estamos a la espera de concertar fechas con algún partido más. En estos encuentros hemos visto coincidencias y radicales discrepancias, pero también un pequeño compromiso por seguir de cerca las actividades de los grupos de decrecimiento e incluso la posibilidad de realizar talleres y jornadas específicas. Uno de los mensajes que hemos tenido muy presentes a la hora de hablar con ellos es nuestra radical negativa a asumir que no hay medidas ni pensamientos alternativos que nos lleven a una relocalización de otra política posible, basada en la equidad y la sostenibilidad en un proceso de transición justo; y precisamente descubrir qué metodología de transición aplicar es uno de los retos prácticos que debemos encarar entre todas.
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Propiedad y uso de la propiedad

The Oil Crash - Dom, 06/04/2014 - 22:33
Queridos lectores,

Partiendo del concepto de acceso universal tan común de las modernas tecnologías de la comunicación Gabriel Anz hace una reflexión sobre cómo tendría que ser una nueva visión del clásico régimen de aparcería para incorporar en él las ideas de mínimo vital y de sostenibilidad.

Les dejo con Gabriel

Salu2,
AMT 

La Era del Acceso




La Era del Acceso… una frase que captó mi atención y motivó mi interés por bucear en la WEB para ver de que se trata. Asociadas a ésta aparecieron otras frases y como concepto me quedó que estaríamos a las puertas de una nueva Era, en la que se cuestiona el significado y alcance de la palabra “propiedad” y por otro, se habla de que hay una migración desde la “masividad a la individualidad”. Las otras frases asociadas (y de seguro habrá otras) son:
- All That We Share- Capitalismo Distributivo- Socialismo Colaborativo- Economía Científica- Capitalismo empático.
Parece ser que en la economía capitalista actual, comprar cosas en los mercados y ser propietario de bienes es algo obsoleto, prevaleciendo el acceso a múltiples servicios, donde la conectividad y tecnología asociada que permite Internet es el protagonista de la historia. Se venden propiedades y achican inventarios, se alquilan herramientas y tercerizan prestaciones. Poseer activos hoy se considera una desventaja que quita flexibilidad y capacidad de adaptación a los cambios. Así mismo, escuchar música, ver cine, comunicarse por medio de redes sociales, etc. han pasado a formar parte de una nueva cultura, que es la del Acceso, en donde el concepto de la propiedad intelectual, de lo que es mío o no, de la posibilidad de acceder casi sin límites y hasta incluso sin costos, está derribando preceptos y estructuras sociales muy arraigadas en la historia de la humanidad moderna. Las fronteras físicas y políticas se han desdibujado con la globalización de procesos y nuestra interacción con congéneres de otras nacionalidades, razas y culturas, ha derribado barreras ideológicas al mismo tiempo que se ha logrado una conciencia mas elevada respecto de nuestros semejantes y “compañeros de viaje en éste barco” que es el Planeta Tierra.
También el concepto de “propiedad” está siendo cuestionado al hablar sobre bienes esenciales como el agua, la tierra, el aire, los recursos naturales, la biodiversidad, etc.
Al mismo tiempo, las tecnologías y la capacidad de comunicarnos en tiempo real con alguien en cualquier lugar del globo, han promovido un cambio de conciencia en cuanto a la individualidad y a la capacidad individual de promover cambios y de auto-gestionar muchos aspectos de nuestras vidas. Un ejemplo extremo podría ser la cercana posibilidad de “imprimir en 3D un corazón artificial en el living de casa” o simplemente ensamblar un mueble prefabricado o una computadora, editar textos e imágenes, producir energías alternativas en casa y sumar los excedentes de éstas a redes interconectadas para beneficio de otros y mil cosas más.
Así que entiendo que la combinación de estas posibilidades, configura y da sentido a las frases enumeradas mas arriba.
Pero… ¿No les parece que este futuro que se preconiza es demasiado dependiente del sistema BAU en el que estamos inmersos y de que por ello es altamente dependiente de energías? Y por este motivo encuentro sumamente frágil la idea. Considero que hay gente seria detrás de todos estos estudios y análisis, por lo que me llama la atención la manera en que se promueven. Ello me hace pensar en propagandas pergeñadas para anunciar los cambios que ya sabemos se vienen, pero siempre decorados de tecno-optimismo y futuros brillantes y promisorios, que es lo único que estamos dispuestos a escuchar, porque las alternativas son desoladoras desde el punto de vista de los valores y referencias actuales.
En fin… sea como sea, lo dicho hasta ahora es la introducción de lo que realmente me interesa transmitir y que extracté del concepto Era del Acceso, siempre de acuerdo con mi visión escéptica de tanto artificio y desconexión con lo natural.
Habría que hacer Historia para determinar más o menos en que momento el Hombre se separó del resto de la dinámica de los seres vivos y comenzó a pensar en la acumulación de Capital y en establecer la Propiedad sobre los bienes y recursos, pero creo que estaremos de acuerdo en general, de que coincide con el advenimiento de la Agricultura y el consecuente fin del nomadismo para establecerse en lugares de tierras fértiles y con posibilidades de riego, con el desarrollo de herramientas, con la domesticación de animales para facilitar el trabajo y la subsistencia, con el auge del comercio, etc. Surgió entonces la necesidad de establecer normas de convivencia y de hacer más predecible los embates de la naturaleza y sus ciclos, es decir de domeñar a favor nuestro fuerzas muy superiores. El descubrimiento del potencial y versatilidad de los hidrocarburos fueron el complemento que terminó por torcer el rumbo de la Humanidad hasta lo que hoy conocemos, en un lapso de tiempo lo suficientemente corto en términos históricos y geológicos, pero lo suficientemente largo como para incluir a varias generaciones que han perdido la noción del impacto de tales cambios, aceptándose estos como naturales y de pleno derecho.
Pero antes de que surja la agricultura… si estamos de acuerdo en considerar a éste momento histórico como el gran punto de inflexión, ¿no teníamos acaso Acceso -por derecho natural- a casi todo lo que la Madre Naturaleza nos proveía? Obviamente no de forma globalizada ni instantánea, pero tengamos en cuenta que antes hablábamos de recursos naturales y hoy hablamos de servicios, modas y un mundo virtual, lo cual es tremendamente diferente si pensamos que antes se involucraban bienes básicos para la supervivencia y hoy en términos generales hablamos de bienes más relacionados con la satisfacción del hedonismo que nos caracteriza.
No he visto en los escritos que hablan sobre la Nueva Era del Acceso como se resolverían de forma contundente los problemas que cada vez más gente sufre para acceder a agua limpia, a un pedazo de tierra para cultivar o tan solo siquiera para asentar sus reales.
¿De qué manera aplicaríamos un Capitalismo Distributivo y Empático, un Socialismo Colaborativo o una Economía Científica, al paradigma de vida actual, pensando en que mas tarde o mas temprano nos vamos a tener que hacer enemas de tecnología, porque no va a haber con qué hacerla funcionar y porque simplemente no es alimento?
Es la Gran Pregunta que me hago… y que les hago.
¿Está la respuesta en una vuelta a formas de vida tribales? A veces pienso que desde el punto de vista del Equilibrio del Ecosistema, de la posibilidad de Acceso a los recursos, de la obligación a ser más Colaborativos por necesidad y supervivencia, ha sido y sería lo más efectivo. ¿Pero hay espacio para pensar en otras alternativas que satisfagan en parte las necesidades del Hombre desarrollado, sin tener que volver al pasado y sin tener que plantear la posibilidad de nuestra extinción por inadaptados?
Para muchos de nosotros está más que claro que el Planeta está desbordado en su capacidad de carga y que éste ritmo de vida es absolutamente suicida. Tenemos claro también que la Naturaleza con sus mecanismos de regulación encontrará la forma de “ponernos en caja” y que en todo caso no es el Planeta el que está en peligro, sino nuestro Hábitat y la supervivencia de nuestra especie y de todas las que arrastramos con nosotros durante ésta época de excesos. Para mi la única solución es aceptar esta realidad con sentido Trascendente, porque ninguno de nosotros es eterno, pensando en las generaciones futuras, dejando planteado para ellas un esquema de dinámica social, económica y política, en el que sin tener que volver al pasado cavernícola, nos permita lograr el necesario y obligado equilibrio con la Naturaleza para la sustentabilidad del Ecosistema, mientras que podamos disfrutar de ciertos privilegios que nos otorgaría esta condición de seres vivos más desarrollados y complejos desde el punto de vista intelectual y espiritual.
¿Pero cuál sería ese punto de equilibrio?
Ya he comentado en otras oportunidades (en mis dos post “Concepto de Granja I y II”) que el equilibrio lo ubicaría entre el punto en el que desarrollemos la conciencia y empatía con la Naturaleza pues es la que cuenta con millones de años de evolución y demostrada capacidad para regenerar sustentablemente los recursos necesarios para la vida, y entre la posibilidad de modificar ciertos aspectos del Ecosistema a favor nuestro, pero sin llegar a los extremos de herirlo de muerte. Tal equilibrio lo encuentro en el desarrollo del Concepto de Granja, porque ello implicaría revertir el proceso de vaciamiento de los campos por el éxodo ocurrido hacia las urbes, para que más gente encuentre nuevamente la senda del auto sustento y la auto gestión de sus vidas (sin tener que estar todos colgados de un Sistema que se está empezando a caer en pedazos), para que produzca alimentos de forma artesanal y biodiversa y así poder prevenir y/o paliar las crisis y hambrunas que se están gestando velozmente. Está claro que debe cambiar radicalmente la forma de trabajar las Granjas, aprovechándose los conocimientos científicos que demuestran las ventajas de la preservación de los suelos, el agua, la vegetación y la biodiversidad en general, para lo cual han surgido varios métodos como son la Permacultura y otras técnicas Biodinámicas, que se basan en formas orgánicas de producción de alimentos, aunque se promuevan otras formas de equilibrios naturales, lo cual no tiene porqué ser necesariamente malo.
Lo que encuentro difícil, es como resolver el Acceso –parafraseando el título que dio origen a este Post- a una cantidad suficiente y sustentable de gente a esos recursos, para que los gestione en beneficio propio y de otros sectores de la sociedad (que no necesariamente se tienen que reconvertir en granjeros), sin que se generen conflictos de magnitudes incontrolables. Deduzco entonces que los cambios radicales no sirven por ser traumáticos en exceso y que debería lograrse una transición bajo el esquema actual de “propiedades” y preservación de “capitales y mercado”, pero otorgando formas de Acceso a terceros que le confieran Derechos de uso y usufructo mientras vivan y/o demuestren idoneidad y vocación para llevarlos adelante.
Pongamos un ejemplo… Yo soy dueño de una finca, una estancia, un terruño o como quieran llamarle y resulta que por los problemas económicos propios de una Era de decrecimiento e insuficiencia energética y de recursos tecnológicos y mecánicos acotados, ya no puedo producirlos ni trabajarlos ni cuidarlos apropiadamente. Entonces, otorgo Derechos y Acceso a gente en cantidades suficientes y sustentables para que trabaje sectores de tales tierras, a cambio de un contrato de alquiler o mediante comodato o a cambio de un porcentaje de lo producido, etc. Tales derechos podrán ser transferibles y/o heredables bajo condiciones preestablecidas, para lo cual habrá que readecuar quizás Códigos Civiles y de Comercio a las nuevas circunstancias.
Desconozco demasiado sobre temas legales y corro el riesgo de decir barbaridades grandes como casas, pero solo me interesa que quede el concepto de la idea y de cómo intento readecuar el concepto de la Era del Acceso a un escenario más realista que el que plantean otros autores, según mi entender. Como verán, mucho de lo que digo –si no todo- es de práctica frecuente en la actualidad y se ha practicado también en el pasado… la diferencia quizás pase más por la intensidad y por la necesidad de adaptación a nuevos escenarios, que como dije serán mucho más conflictivos y difíciles de llevar adelante por grupos reducidos de gente. Creo que también serían alternativas dentro del esquema de “mercado” actual, que no implicarían volver a la esclavitud o a relaciones de trabajo del tipo “empleado-empleador”, que también han demostrado tener una cantidad de inconvenientes, por los abusos de ambas partes (costos, sindicalizaciones extremas, rebeliones, etc.).
Creo también que las Cooperativas son efectivas y tendrían cabida dentro del planteo que imagino. Hay mucha tela para cortar aquí. Los grupos de transición tipo Eco Aldeas o Transition Towns creo que decantarán en amalgamas de sistemas ya institucionalizados y legislados con nuevos paradigmas, para lo que irán encontrando nuevos caminos “al andar”, debiéndose adecuar los códigos de convivencia.
En lo personal y dentro de mi propiedad, le doy vueltas a la idea de generar pequeñas parcelas de tierra con disponibilidad de agua, para que acuerdo/contrato mediante, puedan producir sus alimentos hortícolas terceros adquirentes del derecho de acceso y uso de dichas parcelas. Imagino la posibilidad de vender el servicio de cuidado y mantenimiento de las mismas, para que las personas con Derecho y Acceso a dicha tierra, no vean fracasados sus cultivos por falta de disponibilidad de tiempo y recursos para llevarlos adelante. A diferencia de una huerta comunitaria, donde es compleja la equitativa distribución del trabajo y de los beneficios (comunismo), en este caso cada uno sería “propietario” o tendría Acceso y Derecho al fruto de su trabajo y esfuerzo, en calidad y cantidad acorde. Para mi podría ser una fuente extra de ingresos, con terceros ayudándome a producir superficies de tierra que solo no podría llevar adelante.
Una persona que me está haciendo un par de trabajos, me contaba que se había estado dedicando a organizar y cuidar “huertas a domicilio”, como si fuera un servicio de jardinería o cualquier otro servicio. Huertas y Granjas “llave en mano”… ¿Cómo suena eso?
En campos grandes, como los que es normal ver aquí en la Patagonia, era de uso habitual otorgar a “medieros” áreas del predio para que los produzcan (normalmente con la cría de animales) a medias con el dueño de la tierra.
Creo que serán pasos obligados de la “vuelta a al campo” y que darán trabajo y nuevas oportunidades a los “descolgados y descolocados del Sistema”.
La transición no será fácil ni romántica, porque somos más de los que el Planeta puede sostener. Como tantos otros soy víctima del cuatrerismo y de los robos que lamentablemente van en aumento, pero estoy convencido que no es con barbarie que hay que combatir la barbarie que se hará más habitual.
El Acceso a tanta información, conocimientos y sabidurías debería iluminarnos para encontrar caminos alternativos efectivos y en beneficio del Conjunto.
Saludos a todos,

Gabriel AnzTécnico Agrónomo

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La crisis como oportunidad. Por una transición vía decrecimiento

Decrecimiento - Dom, 06/04/2014 - 05:00
Enric Duran en el viejo topo nº 253





Desde los movimientos sociales, Enric Durán apuesta por dar pasos concretos hacia una sociedad que, a través de prácticas solidarias y comunitarias, inicie su despegue del capitalismo. Abandonar la globalización, relocalizar la economía y la política, rechazar el crecimiento económico como modo de desarrollo y de creación de empleo son algunas de sus propuestas.

Comunidad y cooperación social, ejes para abandonar el capitalismo.

Ante la gran crisis económica que azota al sistema capitalista y que antecede lo que con toda probablidad será la mayor depresión desde el crack del 29, la línea que ha tomado el poder político y financiero global es la de una huida hacia adelante. La importancia de esta constatación no por previsible debe minusvalorarse.

Las medidas que se están adoptando desde el poder político global, van en la línea de afianzar el sistema actual con grandes aportaciones a los bancos y cada vez más a otros sectores estratégicos a costa de la mayor parte de la ciudadanía, que está recibiendo la atención mínima necesaria para mantener la paz social, mientras muchas empresas aprovechan la situación para hacer limpieza a través de multitud de ERE's Ante esta situación excepcional es fundamental mirar más allá de las finanzas y de la economía de casino que está haciendo tanto daño a la economía real.

El G20 ha apostado por oponerse al proteccionismo y por mantener el crecimiento económico como fin en sí mismo, y esto es igual a apostar por el colapso ecológico. Nadie de arriba dice que hablar de proteccionismo, ecológicamente hablando, sería sinónimo de reducir globalmente el transporte de mercancías y personas.

El transporte actual es un 95% dependiente del petróleo, el cual ya ha llegado a su pico –su capacidad máxima de producción– y en breve empezará a declinar. Si bien pueden haber varias alternativas para producir electricidad de manera renovable, no las hay válidas para sustituir los combustibles líquidos necesarios para el transporte de mercancías que va mayoritariamente en camión y barco.

Ningún jefes de estado del G20 considera que hablar de crecimiento económico, como objetivo en sí mismo, está fuera de toda lógica consecuente en un mundo que está llegando a sus límites naturales. No quieren reconocer que lo que deben hacer es cambiar un sistema económico en el que el dinero es creado por los bancos de la nada, y dónde el sistema de negocio bancario basado en el tipo de interés hace que sin crecimiento haya depresión económica y social, como estamos viendo en la actualidad.

Nadie recuerda ahora el gran problema del cambio climático, que fue tan mediático en el 2006 y el 2007 hasta que empezó la crisis económica. Sin olvidarnos de los peligros que tenemos ante la dificultad de acceso a agua potable, la escasez de minerales básicos para la industria, la reducción de la pesca y de tierras cultivables, las especies que se extinguen etc...

Por no hablar del aumento del número de pobres en todo el mundo, por causas intrínsecas al sistema capitalista, ya mucho antes que empezara la crisis actual.

Querer solucionar la crisis económica dando la espalda a las crisis energética, ecológica y social es una de las decisiones más irresponsables de la historia.

Ahora que la depresión económica impedirá crecer durante unos cuántos años puede estar ante nosotros la gran oportunidad para construir un nuevo sistema económico que nos permita perdurar en el planeta mucho tiempo y acabe con las desigualdades sociales. Eso, como era de prever, no lo van a hacer los mismos poderes económicos y políticos que nos han llevado a esta situación.

¿Ante eso que podemos hacer desde los movimientos sociales?

Hemos de evitar la visión parcial y cerrada que ya tienen los poderosos y la izquierda institucional, no podemos luchar sólo para que los capitalistas no sean tan malos y dejen menos personas en paro. No podemos dedicarnos simplemente a pedir a los políticos que destinen dinero a la clase trabajadora, o a nuestro sector económico concreto.

Tenemos el deber de unirnos para transformar el sistema. Estamos iniciando unos años muy importantes en la historia de la humanidad, la depresión económica que está llegando será posiblemente la última oportunidad que tendremos para parar la destrucción del planeta y salvarnos a nosotros los humanos de una catástrofe social sin precedentes.

Ante una situación excepcional, no podemos seguir actuando como estamos habituados a hacer desde los movimientos sociales, sino que hacen falta respuestas excepcionales. Por todo ello, las acciones de presión puntuales, como determinadas acciones directas, manifestaciones o incluso la tan ansiada huelga general de trabajadores, las tendríamos que acompañar de acciones estratégicas de carácter sostenido que nos permitan progresivamente ir restando hegemonía al poder y repartirla entre los de abajo. Y especialmente son necesarias respuestas que incluyan al mismo tiempo el embrión de una nueva sociedad. Es importante actuar tanto respecto a la sociedad en general (o por lo menos la gente abierta a cambios) como entre la gente que ya practica otra manera de vivir. En este segundo caso, pienso que debemos apostar por la extensión del decrecimiento.

El decrecimiento como práctica de los nuevos movimientos sociales.

El movimiento del decrecimiento denuncia el mito del crecimiento perpetuo, y propone salir de los parámetros del productivismo, del consumismo y al fin y al cabo salir del sistema capitalista. Para hacerlo nos propone relocalizar las maneras de vivir. Se trata de abandonar el proceso de globalización económica y relocalizar la economía, es decir la producción y el consumo, y con ellas reducir el transporte. Para hacerlo hace falta relocalizar la política y así conseguiremos que vuelva a ser controlada por la gente.

Relocalizar la política significa por ejemplo que los niveles de soberanía vayan de abajo arriba, de manera que todo lo que se pueda decidir a nivel municipal no se decida en niveles superiores y sólo aquello que afecte a todo el país se decida en ese nivel. Vivir así, nos permitiría liberarnos del poder de las empresas transnacionales y los poderes económicos mundiales.

Esta transición hacia lo local se debe llevar a la práctica acompañada de una reducción radical del consumo que pueda causar por tanto una reducción de la producción y de los transportes. Aquello que se considere necesario, se debe ir produciendo cada vez más sobre principios ecológicos y cerrando los ciclos de las materias utilizadas.

La reducción del consumo necesita un cambio cultural importante en el que paulatinamente las personas dejemos de basar nuestro bienestar en las propiedades y el consumo de bienes materiales y valoremos mucho más los bienes relacionales, como son por ejemplo las relaciones humanas.

Y una de las claves para aplicar estos cambios económicos, políticos y culturales es rehacer la comunidad como elemento básico que permita poner en marcha nuevas formas de convivencia, en las que salgamos del individualismo que ha predominado
en las últimas décadas, aprendamos a cooperar entre vecinos y vecinas para ayudarnos los unos a los otros en nuestras necesidades, evolucionando así hacia una autonomía comunitaria del estado y del mercado para resolver las cosas del día a día.

Esta forma de transformar se está organizando desde la base social a partir de experiencias concretas que resuelven por mentales y privadas-mercantiles las necesidades básicas de cada persona y de la comunidad en temas básicos como la vivienda, la alimentación, la educación, el trabajo, la salud y el ocio, entre otros. Allí tenemos ejemplos de ello, como son los centros sociales autogestionados, las cooperativas de consumo ecológico, las escuelas libres, las redes de intercambio y los huertos comunitarios.

Para convertir las experiencias concretas realmente en una alternativa sistémica debemos ir mucho más allá y combinarlas unas con otras. La construcción de puentes de cooperación social puede permitir optimizar esfuerzos y energías, conectar espacios y extender cada vez más la red, de manera que se vuelva mucho más fuerte y dinámica. Por ello es importante que en cada territorio se genere un gran banco de recursos de todo tipo: materiales para compartir, viviendas vacías o con espacio, tierras para cultivar, conocimientos para la autogestión cotidiana, propuestas para el decrecimiento, y otras…

Para sacar adelante nuevas maneras de vivir, hacen falta recursos materiales y también mucha dedicación. Por ello, además de compartir lo que ya se tiene, es fundamental liberar ese tiempo tan necesario para consolidar esos proyectos.

Puesto que la falta de dinero suele convertirse en un problema limitador para la consolidación de alternativas, hace falta superar esa escasez y crear un sistema de acceso a las necesidades que en sí mismas sean parte de la alternativa de sociedad.

Un ejemplo de ello sería el Espacio Público Autónomo, que la Xarxa pel decreixement está tratando de poner en marcha en Catalunya. Éste consistiría en una red de personas y recursos donde se garanticen a partir de relaciones comunitarias las necesidades básicas de las personas que participen, con el objetivo que éstas dejen de dedicarse a trabajar en la economía capitalista y se puedan dedicar a proyectos de la sociedad alternativa.

Propuestas como ésta quieren contribuir a que la gente, organizada en los movimientos sociales, pueda convertirse en un contrapoder real a los poderes fácticos, de manera que podamos oponernos a los planes de los de arriba a la vez que ponemos en práctica un embrión de lo que puede ser una nueva forma de organización de la sociedad.

Para avanzar en esos objetivos es necesario aumentar la base social de estas prácticas. Para ello, ¿qué mejor que aprovechar la actual crisis económica para demostrar a través de la práctica cómo la cooperación social puede mejorar la calidad de vida de la gente? La aportación de los movimientos sociales a la sociedad en tiempos de crisis.

Ante una problemática económica generalizada propongo que nos relacionemos con la sociedad especialmente en cuanto a los que son los tres grandes problemas que forman parte de la percepción común de la crisis: endeudamiento/sistema financiero, vivienda y trabajo, desde una perspectiva que nos permita avanzar mediante una respuesta social que también responda a otras necesidades profundas que no son tan evidentes pero que ya hemos comentado: recuperar la comunidad, el equilibrio ecológico con el entorno, y la cooperación social. De esa manera la acción de los movimientos ante la crisis tendría como resultado un acercamiento a las prácticas decrecentistas de un mayor número de personas.

Así pues, en cada uno de estos temas necesitamos proyectos estratégicos que puedan tener un impacto importante en la forma de vida de mucha gente. Siempre bajo el prisma de las cooperativas como método legal de agregar voluntades a una práctica no capitalista, y las relaciones comunitarias como medio y a la vez fin para superar el individualismo a que nos somete el sistema. A partir de ello, aquí comparto algunas propuestas concretas.

En el ámbito del endeudamiento de los particulares, que les obliga a esclavizarse con trabajos que odian o más horas de las que querrían, desde el colectivo Crisis hemos iniciado la campaña para una huelga de usuarios y usuarias de banca. Mediante la cual, las personas morosas o que opten por serlo, podrán cortar sus cadenas y al mismo tiempo implicarse en soluciones cooperativas a sus problemas de vivienda, trabajo y estilo de vida. A la vez que cualquiera se podrá implicar tenga deudas o no, vaciando o cerrando su cuenta en un banco capitalista para apostar por alternativas financieras éticas, cooperativas y en algunos casos comunitarias. De esta manera iremos disminuyendo colectivamente nuestra colaboración con el sistema para financiar su alternativa.

En el ámbito de la vivienda propongo como proyecto estratégico la creación de cooperativas de vivienda de uso. Es decir, donde los participantes son inquilinos y a la vez socios de la cooperativa que es propietaria de la vivienda. Esta idea que aborta la especulación, sigue el modelo escandinavo “andel” que está popularizando, hasta ahora todavía con poco impacto, la asociación Sostre civic.

Ahora se abre una buena oportunidad para generalizar esa propuesta, porque con unos pocos cálculos cualquier persona hipotecada podrá darse cuenta que dejando de pagar su hipoteca y apostando por ese modelo, podrá aumentar a medio plazo su bienestar y seguridad, disminuyendo sus necesidades económicas.

Este modelo de cooperativa de vivienda además de por el propio acceso a la vivienda es importante por todas las relaciones comunitarias que puede conllevar, pues se pueden generar tareas, espacios y usos comunes que además ayudarán a reducir el impacto ecológico de nuestra forma de vida.

Se trata de realizar una expropiación ciudadana de la propiedad capitalista para convertirla en propiedad colectiva, y la cooperativa de uso es una manera legal de hacerlo que puede complementarse con las acciones de desobediencia civil tipo okupaciones que ya conocemos.

Sabemos de sobra que también debemos construir una acción unitaria en el ámbito del trabajo, delante de los despidos y del aumento exponencial del paro que se está empezando a vivir. No podemos conformarnos con presionar para quedarnos como estamos; porque la construcción de una alternativa al capitalismo necesita de otros tipos de empresas, autogestionadas por los trabajadores y trabajadoras, que se dediquen cada vez más a aquellas áreas económicas que nos permitan realizar una transición hacia otra manera de vivir.

Es necesario apostar por la expropiación y la recuperación obrera de empresas y a la vez por la transición de éstas hacia otros modelos productivos. Y hace falta apostar por crear nuevas cooperativas que hagan posible otra manera de producir y de vivir.

Es importante que el entramado existente de sindicalistas alternativos y combativos asuma esa estrategia en sus incansables acciones de apoyo a los trabajadores en peligro, puesto que será de esta forma que dotaremos de una estrategia realmente anticapitalista al actual proceso de luchas sociales. En ese camino, sin duda contarán con el apoyo del movimiento ecologista y cooperativo, junto con nuevos movimientos sociales, entre ellos el movimiento por el decrecimiento.

Y de manera transversal a los tres ámbitos comentados es importante construir redes comunitarias de apoyo a las personas que por causas de lucha o precariedad tengan problemas para cubrir sus necesidades básicas: (vivienda, alimentación, etc.). Una propuesta que puede interesar a embargados y parados. La misma idea que comentábamos del espacio público autónomo cuando hablábamos del decrecimiento, pero extendida a cualquier persona que tenga necesidades que puedan cubrirse con la autogestión. Quizá es el momento de recuperar la idea de las asociaciones de vecinos pero en un formato basado en la producción de nuevas relaciones sociales y económicas en el ámbito comunitario. ¿Acaso como cooperativas comunitarias?

Conflicto y sistematización. Por la complementariedad de las estrategias de acción.

Estoy enfocando este artículo hacia estrategias de transformación positiva, pero antes de acabar cabe recordar que ella no puede estar exenta de conflicto. El conflicto es inevitable, pero además necesario, porque mucha gente se conciencia a través de una injusticia o situación delicada que le afecta directamente y esta situación estructural activa su motivación para hacer a la vez su cambio personal y participar del cambio colectivo. En el conflicto el individuo se convierte en parte de un colectivo, y el cambio positivo necesita de esos colectivos para alcanzar una envergadura adecuada.

En un momento de crisis como el actual, las situaciones de conflicto se acrecientan y por tanto también las oportunidades de cambios. Mediante el conflicto, de algunas de las empresas del capital que cierran ahora deberán salir las empresas sociales y sostenibles del mañana.

El nosotros contra ellos es algo que se da de manera múltiple en miles de conflictos que hay en nuestra sociedad, y estará allí mientras exista un sistema basado en clases sociales.

Si queremos que la opción por las transformaciones positivas crezca, podemos dedicarnos los que podamos a apoyar a muchos de estos “nosotr@s” en sus conflictos en su lugar de trabajo, de vivienda o donde sea, y provocar que a partir de la práctica de solidaridad también deserten de la opción sistémica (ser explotado, estar hipotecado, etc..) y se impliquen en la creación de una solución positiva que supere esta situación de conflicto. A través de la solidaridad y apoyo mutuo, será más viable desertar de unas realidades y construir otras.

Igualmente, por mucho que desertemos, no nos olvidemos de que el conflicto seguirá existiendo. Por ejemplo, una gran mayoría seguimos obligados a ducharnos en un agua que gestiona Agbar, calentar esa agua a través de otra empresa llamada Gas Natural y conectarnos a internet a través de Telefónica. Empresas que siguen explotando trabajadores y destruyendo el planeta en otros lares y que a la larga harían imposible ese modelo de vida que estamos construyendo.

En algún momento, cuando hayamos dado muchos otros pasos antes y tengamos sistematizada y extendida esa otra forma de vivir, deberemos afrontar ese conflicto con el sistema dominante y afrontar la expropiación de esas empresas que gestionan necesidades públicas.

La necesidad de otra sistematización es necesaria también para que mucha gente se implique en desertar del capitalismo y participar en esos cambios positivos. Hay bastantes personas que necesitan ver que hay algo más allá de pequeños flotadores para tirarse a la piscina. En este artículo he incluido algunos de los elementos que se podrían incluir en lo que podría ser un plan de acción de transición, un plan para llevar a la práctica una transición desde el abandono colectivo del sistema actual, hacia la construcción de otra sociedad. Un plan estratégico de acción, en que el cambio individual y el colectivo; el cambio estructural y el cultural, sean sinérgicos y paralelos, un programa completo pero a la vez abierto y en permanente reconstrucción que nos permita hacer camino al andar. Un plan donde quepan muchos planes, para un mundo donde quepan muchos mundos.

Para concluir, aclarar que en este artículo no he estado hablando de esa otra sociedad que aún nos queda muy lejos y, a golpe de obsesionarnos demasiado en ella, dejamos de hablar de los primeros pasos y los siguientes, que son los que nos pueden permitir acercarnos para que esa alternativa se divise más cerca. Así que me he centrado en proponer lo que podemos hacer para aprovechar la crisis y empezar a salir del capitalismo, aquí y ahora.

Enric Duran es guerrillero antibancario
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El capitalismo, paradigma del Progreso. ¡Hasta para el “socialismo”!

Decrecimiento - Vie, 04/04/2014 - 05:00
Octavio Alberola

En teoría, una economía estatalizada debía permitir una planificación racional de la producción y el consumo, de manera a obtener una productividad máxima del trabajo y del capital para asegurar un desarrollo igualitario y sostenible para todos.

Imaginemos que, gracias a los recursos actuales de la medicina, Marx y Engels hubiesen podido ser conservados en estado de coma hasta el día de hoy, y que ahora recobrasen plenamente su conciencia de entonces y se les pudiera preguntar su opinión sobre el milagroso vuelco dialéctico que se ha producido en la historia: ¡el capitalismo convertido en paradigma del Progreso, inclusive para el socialismo! Por lo menos, para ese “socialismo” que Marx, Engels y sus seguidores creyeron poder alcanzar tras la conquista del Poder y el establecimiento de la Dictadura del Proletariado por el Partido Comunista.

Cada uno es libre de imaginar lo que los inventores del “materialismo histórico” nos dirían ante tan prodigiosa y milagrosa síntesis dialéctica producida por la historia en estas últimas décadas; pero todos debemos reconocer que es realmente sorprendente encontrarnos ante esta – hasta hace poco inimaginable - vía hacia el Progreso soñado por el socialismo marxista. Y eso pese a que en ninguna otra época de la historia la “utopía” capitalista alcanzó la “racionalidad” funcional que ha alcanzado en la nuestra. Una “racionalidad” que, pese al progreso material logrado, jamás ha sido tan negativa, para la libertad y la propia supervivencia del hombre, como lo es actualmente.

Que el capitalismo es hoy el paradigma del Progreso en todas las sociedades humanas es una obviedad irrefutable. Como también lo es el hecho de que los pueblos son incapaces, al estar hipnotizados por la magia del consumo capitalista, de imaginar otra forma de “progreso” que la de un “confort” cada vez mayor.  Una hipnosis que no les permite ver la coexistencia, en las sociedades actuales, de la “racionalidad” capitalista con la barbarie, en una permanente promiscuidad en el mundo de la tecnológica y en el de la praxis política. Una promiscuidad obscena que nos da el espectáculo aberrante de sociedades preparando viajes cósmicos mientras millones de hombres siguen marchando descalzos sobre la tierra, y en las que Democracia y tiranía funcionan bajo el imperio de la mercancía, deshumanizando la especie con la obsesión del “confort” y la “eficacia”, mientras la “racionalidad” capitalista y la barbarie siguen gestando víctimas y verdugos.

La sublimación de la alienación 

La obsesionada búsqueda del “confort” y de la “eficacia” nos ha llevado a la “mundialización” que hace funcionar todas las zonas del mundo bajo las mismas pautas de la sociedad industrial  desarrollada, de manera que el proceso de integración opera esencialmente en casi todas ellas sin terror abierto y bajo las formas más sutiles de la dominación: la democracia y el consumo.

Ya no hay colonias; pero ahora el imperialismo capitalista transnacional neo-coloniza el mundo con las mercancías, los técnicos, los administradores, los capitales y, cuando todavía es necesario, las armas. Es la totalidad capitalista del Progreso la que está en marcha y en ella ya no es posible hacer más la distinción entre negocios y política, provecho y prestigio, necesidades y publicidad. Es un “modo de vida” que se exporta a sí mismo a través de la dinámica de la totalidad mundializada. Ese materialismo individualista del “tener”, sacrificando el “ser”, que se ha impuesto como forma única de vida en esta sociedad-mundo. El individualismo del imperio de la “libertad de empresa” y del reino del “mercado”, cosificando las personas por el fetichismo del consumo, que hace que la “satisfacción” aumente en función de la masa de mercancías que se “tienen” o que se “consumen”. 

Esa satisfacción instintiva del “tener” que se transforma en convicción de “ser libre” a través del consumo: de la libertad de consumir. Pero sin otra libertad que ésta. Esa idea capitalista de libertad que permite liberarse de la explotación volviéndose explotador de sí mismo o de otros. Esas falacias que se materializan en la ilusión del “nivel de vida” creciendo exponencialmente y sin límite, pero que juntas hace posible la aceptación de la dominación y permiten al Sistema su consolidación y  perpetuación..

Lo sorprendente es que estas falacias ahoguen las necesidades que piden liberación, comprendida la necesidad de liberarse de aquello que es soportable, ventajoso y confortable, porque sólo responde a la lógica del desarrollo capitalista. Como la de producir y consumir lo superfluo, o la de hacer un trabajo embrutecedor que no es verdaderamente necesario, o complacerse en formas de ocio que adulan y prologan el embrutecimiento, o mantener libertades frustrantes (tales que la libertad de comercio, la libertad de prensa, la libertad de compra) que sólo sirven para el buen funcionamiento de los controles sociales.

Como pues sorprendernos de que los miembros de esta sociedad sean incapaces de ver que la libertad reglamentada se convierte en un instrumento de dominación poderoso. Que la libertad no debería ser medida según la elección que es ofrecida al individuo sino en función de lo que éste puede escoger para “ser” y no sólo para “tener”.  Que el hecho de poder escoger libremente los amos o de poder escoger entre una gran variedad de mercancías y servicios no suprime la existencia de amos y esclavos. Que tales libertades no son prueba de ser libre y que sólo se es libre cuando se puede decidir la forma en que se quiere vivir.

De ahí que la integración de la clase obrera, en el nuevo mundo tecnológico del trabajo y de la producción, no le permita ser la oposición, la contradicción activa y viviente de la sociedad capitalista desarrollada. No sólo porque el velo tecnológico del instrumento de producción, transformado en “bien común”, logra disimular la desigualdad y la esclavitud, sino porque obsesionada por consumir renuncia a decidir. De suerte que las decisiones fundamentales que la conciernen son tomadas a un nivel en el que ella no tiene ningún control. Y poco importa si es un sistema democrático o un sistema totalitario el que concede al Estado el monopolio de este poder de decisión; pues, aunque siempre lo ejerza con la escusa de realizar un proyecto histórico de transformación y organización de la actividad y la relación social en beneficio de la colectividad, el resultado es siempre el mismo para la clase trabajadora: el Estado decide y la clase trabajadora ejecuta. Una relación de dependencia y sumisión, aceptada por la promesa ilusoria de “mejoría continua del nivel de vida” dentro del sistema de convivencia social jerárquica. Sumisión y dependencia que la mantiene en la alienación y, en consecuencia, sin perspectiva de emancipación.

El fracaso de la alternativa autoritaria

Hubo momentos en la historia en que la erradicación de la alienación parecía posible, inclusive manteniendo  la racionalidad autoritaria. En teoría, una economía estatalizada debía permitir una planificación racional de la producción y el consumo, de manera a obtener una productividad máxima del trabajo y del capital para asegurar un desarrollo igualitario y sostenible para todos. Y ello porque, en ese tipo de economía, no deberían existir intereses particulares de lucro ni resistencia estructural de parte de los trabajadores, al poderse reducir considerablemente las horas de trabajo y aumentar el confort de todos. De ahí que, bajo esos presupuestos, la racionalidad autoritaria “marxista-leninista” pareciese ser idónea para alcanzar tal objetivo.

La revolución socialista debía conducir a una sociedad en la que sus mismos realizadores (en otro tiempo simples objetos de “producir ante todo”) llegarían –por fin- a ser individuos a parte entera: tanto para planificar y utilizar los instrumentos de su trabajo que para satisfacer sus propias necesidades y deseos. Por primera vez en la historia debíamos ver a los hombres actuando, libre y colectivamente, contra la necesidad que restringía su libertad y limitaba su humanidad. Entonces, y sólo entonces, toda represión impuesta por la necesidad sería verdaderamente y libremente aceptada.
Pero el desarrollo de la sociedad comunista ha estado a lo opuesto de esta concepción y de esta esperanza. En ella, el hombre fue reducido a la esclavitud por los instrumentos de su trabajo en el marco de una racionalidad decidida por el Estado-Partido. Una racionalidad que, además de no lograr mejorar el nivel de vida, reenvió el cambio cualitativo - la transición del capitalismo de Estado al socialismo - a una fase que nunca llegó.  

Pero lo grave no es sólo que esa fase no llegara sino que todas las experiencias fundadas en el “marxismo-leninismo” (para llegar al socialismo a través de la racionalidad autoritaria del Estado) hayan acabado restableciendo el capitalismo en su forma originaria más brutal, defraudado las ilusiones de los millones de explotados que un día creyeron poder emanciparse a través de esa ideología.

Un fracaso tan nefasto para la lucha por la emancipación que nos obliga, a todos los que no queremos renunciar a luchar por ella, a encontrar las causas que lo provocaron; pues de ello depende que los explotados puedan volver a desear emanciparse y a luchar por conseguirlo.

La erradicación de la alienación

Lo primero es pues reconocer lo que produjo un tal fracaso; pues es evidente que la historia de todas esas experiencias ha demostrado – como lo reconocen ya muchos de los que adhirieron a la propuesta marxista-leninista – que no “es posible edificar la sociedad comunista en un sistema de Estado comportando un aparato adecuado de sujeción física y una burocracia” (1). Pretender que, en una economía que se quiere “socialista”, es posible mantener el funcionamiento de las categorías mercantiles y dejar la utilización de la ley del valor en manos de la burocracia y los tecnócratas; pues eso no es sólo un contrasentido sino la negación del socialismo. Ya que es querer socializar la economía rechazando el descapitalizarla. Contentarse de una revolución económica fraseológica para hacer evolucionar el capitalismo de empresa privada hacia el capitalismo de Estado. Pues capitalismo de Estado es dejar incólumes las raíces de la acumulación, la concentración de capitales y nuevos beneficios (cada vez más grandes) entre las manos de nuevas categorías sociales, de nuevas clases dirigentes que no tardarán en monopolizar la utilización de la ley del valor y de las categorías mercantiles para su exclusivo provecho.

Así pues, el capitalismo y el comunismo autoritario habiendo demostrado suficientemente su incapacidad - en tanto que proyectos hegemónicos - para resolver los graves problemas del mundo y sólo proponiendo un Progreso que, además de injusto e irracional es destructor del medio ambiente, se impone encontrar una nueva negación del Orden establecido que permita liberarnos de la alienación y potenciar de nuevo la lucha contra la explotación y la dominación. Sin olvidar que, dada la situación en la que nos encontramos hoy, estamos obligados –por razones de simple supervivencia -  a renunciar al Progreso capitalista del “tener” y a buscar uno que privilegie el “ser”. Pues sólo así nos erradicaremos de la alienación y podremos poner en marcha una humanidad capaz de comenzar una historia que tenga por objetivo realizar plenamente los valores humanos que todos reivindicamos.

 (1) Adam Schaff, director de la Academia polonesa de ciencias.                              
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Imparcialidad y dignidad

The Oil Crash - Jue, 03/04/2014 - 16:43



Queridos lectores,

Desde hace ya algún tiempo me encuentro con una crítica recurrente a este blog. A algunas personas les parece bien que haga un análisis técnico (la palabra que suelen usar es "científico") de aspectos concretos de la crisis energética, particularmente los asociados a la producción de materias primas, la rentabilidad energética y económica que tienen, etc. Sin embargo, a estas personas les suele molestar cuando trato otros temas de índole más social, a pesar de que uso las mismas técnicas analíticas cuando hablo de exclusión social que cuando hablo del suministro de hidrocarburos. Entienden que un blog técnico ("científico") no debería tocar temas que, en su concepción, son más de opinión antes que de hecho. Incluso a veces se dice que son "demasiado políticos" (particularmente cierto si hablo de Cataluña).

Por el contrario yo creo que soy bastante coherente con mi línea editorial (que sólo rompo cuando publico artículos de otros, artículos por cierto con los que no siempre estoy de acuerdo pero que difundo aquí en aras de una pluralidad que no suelo encontrar en otros lugares). Los temas que abordo los trato (o intento tratar en la medida de mis posibilidades) desde una perspectiva lo más técnica y objetiva posible, y además los temas tratados son pertinentes, incluso fundamentales, para la discusión de este blog. Sin embargo, entiendo que se me hagan estas críticas partiendo de donde partimos, puesto que hoy en día los medios de comunicación en general y la prensa escrita en particular no tienen en absoluto una manera semejante de discutir estas cuestiones.

Hoy en día en los medios de comunicación se ha impuesto una suerte de falsa equidistancia: delante de cada tema de debate en la sociedad, ya sea la ley del aborto o la producción de hidrocarburos, se recaban las opiniones de los diversos sectores y se presentan tal cual, dejando que sea el lector quien elabore sus propias conclusiones. Se dice que tal manera de presentar las discusiones es imparcial, puesto que no se toma partido por ninguno de los sectores implicados. Tal estrategia, que podría tener cierto sentido (aunque se le apliquen algunas salvedades que detallo más abajo) para la discusión de cuestiones de opinión, es completamente absurda y nociva cuando se discuten cuestiones de hecho. Y es que los hechos no admiten discusión: pueden ser más difíciles o más fáciles de conocer -y es legítimo centrar el debate ahí en algunos casos-, pero una vez conocidos no son opinables. Peor aún, en aras de una supuesta representatividad equilibrada de todas opiniones en realidad se da un peso desmedido a las opiniones más repetidas, las cuales (dinero mediante) son las más representadas. Hace años que las grandes compañías comprendieron que esta aproximación al periodismo les favorecía, puesto que creando fundaciones, centros de estudios, etc, además de sus propios gabinetes de comunicación y medios políticos afines, podían hacer escuchar la opinión que favorecía sus intereses por encima de cualquier otra, y por eso atacan con fiereza cuando en un medio de comunicación no hay lo que denominan una "representación proporcionada de todas las opiniones" - es decir, sus propias consignas no son repetidas varias veces desde sus diversas antenas.

Este tipo de periodismo que se limita a recoger y transcribir opiniones, y que tanto abunda hoy en día, es indiscutiblemente una muestra de dejación del periodista de su labor primera: informar. Informar no es hacer una relación de opiniones como si uno estuviera haciendo un inventario; informar es buscar la verdad y presentarla correctamente a los lectores. Es lo que hace tiempo llamaban "periodismo de investigación"; lo otro no pasa de mera crónica o gaceta, cuando no directamente de publirreportaje. Y es posible que la decadencia de los medios de comunicación tradicionales se deba en parte a esta falta de compromiso con la verdad, a veces por la influencia directa de los grandes intereses económicos, pero otras veces por esa falta de búsqueda de la verdad que explicamos, y que es lo que hace que cada vez más personas busquen en la red medios alternativos donde encontrar una verdadera elaboración a partir de los hechos, un verdadero intento de llegar a la verdad.

La primera cosa a comprender es que no se puede hacer de igual manera una crónica de sociedad que la discusión de hechos medibles y observables. No hay posible equidistancia entre hecho y opinión. Y menos aún si hablamos de fenómenos naturales: la Naturaleza no negocia, y le es igual nuestra opinión. Y sin embargo te encuentras a menudo que esta visión de relatividad absoluta de los hechos, este mundo del todo es opinable, impregna todo discurso, hasta el punto de que hay una total y absoluta falta de práctica en la discusión de hechos. Muchas veces me he encontrado que después de hacer una exposición de hechos alguien me dice: "Muchas gracias por su opinión". La presentación de hechos está tan desvirtuada que la gente no distingue hecho de opinión, porque está acostumbrada a que hablando de un tema concreto los "hechos" dependan completamente de quién los transmite. En el fondo es un problema de decadencia moral de nuestra sociedad: en los debates públicos se debería exigir que las partes actuasen con honestidad, presentando los hechos de manera no sesgada y objetiva, en vez de dar una visión particular que favorezca una cierta visión. Sin embargo, la opinión pública encuentra perfectamente aceptable que la presentación de los hechos sean manipulada para favorecer intereses particulares, y eso hace que a estas alturas hecho sea indistinguible de opinión.

Esa manipulación de los hechos se manifiesta de muchas maneras. Cuando un tema afecta a grandes intereses económicos es frecuente encontrarse con campañas de confusión deliberadas, en las que se hace selección interesada de hechos -cherry picking- para hacer ver las cosas con un prisma completamente desvirtuado. A modo de ejemplo, es normal encontrarse entre los voceros del fracking ciertos argumentos, como por ejemplo que la producción de petróleo de fracking en los EE.UU se ha multiplicado por 18 en los últimos 10 años (sin decir que hace 10 años era prácticamente insignificante) y escribir eso hábilmente en una frase en la que se dice que los EE.UU. son ya independientes energéticamente (cosa radicalmente falsa hoy y que tampoco será cierta en un futuro) y sin decirlo explícitamente dando a entender que una cosa ha llevado a la otra. Cuando uno lee frecuentemente lo que dice esta gente detecta el fraude de mezclar medias verdades con mentiras porque las frases son siempre idénticas (y es que el engaño sólo funciona con unas frases especialmente construídas para ello, que por tanto se tienen que repetir prácticamente literalmente), pero al lector desavisado le puede pasar por cierto, y ese es justamente el objetivo de tales desinformaciones. Como además estas opiniones construidas con la presentación sesgada de hechos escogidos está sobrerrepresentada en los medios de comunicación, se consigue emborronar el debate y que la verdad nunca sea conocida.

La verdad, lo que creemos que es la verdad objetiva de las cosas no es, por supuesto, nunca completamente objetiva: siempre los propios sesgos cognitivos de la persona que la busca y la transmite, sus propias preferencias, influyen en lo que ésta considera "la verdad". Pero esta subjetividad inevitable en la presentación de los hechos no nos puede hacer caer en un escepticismo recalcitrante: yo siempre digo que una cierta dosis de escepticismo es conveniente, pero un exceso del mismo es puro cinismo. Lo que hay que hacer es simplemente centrarse en los hechos. La presentación de los mismos puede estar voluntaria o involuntariamente sesgada pero al menos son hechos; lo que tiene que hacer el lector crítico es buscar otros hechos que corroboren o complementen en su caso la parte de la verdad que se le había presentado. Por eso es importante que el lector sea parte activa y crítica de lo que lee; otra de las grandes deficiencias de nuestro tiempo es que los lectores y espectadores son pasivos y apáticos, y básicamente se tragan más o menos acríticamente lo que les echan, sin buscar razonar, sin comparar con informaciones previas, sin buscar inconsistencias; en suma, sin ser críticos y responsables, como corresponde ser a un buen ciudadano.

En el colmo del despropósito, a los pocos periodistas que comprenden que hay que ir más allá e informar de verdad, a los que realmente buscan la verdad y la presentan basada en hechos, no en las declaraciones de unos y otros, se les suele acabar llamando "activistas", como si su objetividad se viera empañada justamente por su búsqueda de los hechos y de la verdad. Este tipo de periodista suele tener problemas en los medios para los que trabajan, tanto da cuál sea su orientación política formal, puesto que al final todos están en manos del gran capital.
 
Y justamente una de las cosas que suceden cuando uno se centra en los hechos, cuando uno se centra en la verdad, es que se le acusa de meterse en discusiones políticas aunque uno esté hablando de ciencia, ya sea de recursos naturales o del clima; y siempre hay quien te reprocha que eso es inadecuado e impropio de alguien que se llama científico, puesto que los científicos deben permanecer puros, imparciales. Esta crítica en particular es especialmente absurda. Resulta que los estudios científicos del medio ambiente o los recursos naturales, como en realidad los de cualquier otra materia, son esencial e irrenunciablemente políticos. Pues por definición la política es la discusión de los asuntos que interesan a los ciudadanos. Como he dicho muchas veces, este blog, todo lo que en él se discute, es político, porque se trata de cosas que les interesan a los ciudadanos. Lo que no es, o no debe ser, es partidista: no se puede, desde una perspectiva meramente técnica, tomar partido por una u otra opción, entre otras cosas porque las dinámicas de partido suelen llevar a que tarde o temprano se sacrifiquen ciertas ideas en aras del pragmatismo.

¿Debe por tanto la ciencia intentar dar respuesta a cuestiones políticas? La respuesta es sí, y en realidad siempre ha sido así. La ciencia intenta dar respuesta a problemas que preocupan al hombre, y que a menudo afectan a la organización social, es decir, a los aspectos políticos. El científico no es quien para tomar las decisiones de cómo gestionar ese conocimiento, pero sí quien debe decir qué es lo que hay y qué es lo que puede funcionar y lo que no en base a su conocimiento. Conocimiento incompleto y siempre provisional, por supuesto, pero que es lo único que tenemos en cada momento, y que es mejor guía que otros intereses mucho más espurios en base a los cuales se toma tan a menudo decisiones con consecuencias lamentables.

La opinión pública está tan poco educada en el debate de los hechos, en el debate científico, que cada vez que se aborda desde una perspectiva científica un determinado tema causa extrañeza lo que se considera una rotundidad excesiva. Pasa que el debate de opiniones es siempre subjetivista y por tanto las normas de cortesía implican que los interlocutores tienen que estar dispuestos a conceder cierto beneficio de la duda al contrario; quien no lo hace así se le considera un grosero y un bruto. Sin embargo, en el debate de los hechos no hay ni medias tintas ni consideraciones; el debate científico es en ese sentido implacable pues sólo le interesa la verdad. No hace mucho me encontré, discutiendo por internet con una persona, que tras ir yo presentando hecho tras hecho, artículo tras artículo, a pesar de que siempre fui educado en mi tono el otro me repuso de forma un poco áspera: "Tienes todas las respuestas". Y es que en un debate de opiniones no es admisible ser contundente; sin embargo, hablábamos de hechos. Como le dije, la cuestión era simple: lee mis hechos y refútamelos con datos, si crees que no son correctos. Es así como se discute en ciencia. La ciencia, digámoslo aún otra vez, no es opinable. No podemos someter a votación el resultado de hacer dos más dos; siempre tendrá que ser cuatro, siempre será cuatro, independientemente de nuestras preferencias u opinión al respecto.

La enorme confusión sobre lo que es hecho y lo que es opinión, el colosal y  cínico relativismo moral de nuestra época, es lo que lleva a algunas aberraciones lógicas, como por ejemplo las que discutimos en este blog al hablar de precaución y garantía. A modo de anécdota, recuerdo haber leído hace tiempo un artículo sobre el infausto e-CAT (que el tiempo se ha encargado de mostrar que era una estafa). Quien lo escribía asumía que lo que decían los "inventores" era cierto por un "Principio de inocencia científica". Por supuesto que en ciencia no existe tal principio: los hechos se discuten por sí mismos, implacablemente; las críticas son siempre afiladas, precisas, quirúrgicas: se busca la verdad, sin concesiones; no hay presunción de inocencia: hay hechos que probar, mostrar o refutar. A veces me encuentro también, en la discusión de la magufada de turno, que hay quien me dice que "la crítica siempre tiene que ser constructiva", y de nuevo la afirmación es errónea. La crítica a las personas siempre tiene que ser constructiva, puesto que a una persona no la podemos desechar y empezar con otra: hay que intentar mejorarla partiendo de lo que se tiene, y por tanto la crítica tiene que dirigirse a construir, no a destruir. Sin embargo, la crítica a las hipótesis, a las ideas, ha de ser descarnada, implacable, lógica, feroz; y si las hipótesis no son refrendadas por los datos, si la teoría resulta falsada, se la desecha por completo y se busca una nueva. Es así como se avanza en el conocimiento.

La razón de tal confusión, de tal falta de comprensión de los aspectos básicos de la ciencia y su elaboración, vienen en una parte del exceso de peso de unas ramas concretas de las Humanidades (concretamente el Derecho y las Ciencias Económicas tradicionales) en la dirección de la sociedad, pero en una parte mayor del gran interés de los rectores de nuestro sistema económico en alimentar una confusión que sirve mejor a sus propios intereses. El primer paso para poder construir una sociedad más equilibrada y menos cínica es recuperar el respeto por el debate científico y aplicar una imparcialidad implacable en la discusión de los hechos. Es necesario para comprender cabalmente dónde estamos y hacia dónde podemos dirigirnos, y es imprescindible para recuperar nuestra dignidad como seres humanos.

Salu2,
AMT
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Entrevista a Joan Martínez Alier

Decrecimiento - Mié, 02/04/2014 - 05:00
Monica Di Donato entrevista a Joan Martínez Alier en Papeles nº 104 

“El ecologismo igualitarista enraizará sobre todo entre los desposeídos del mundo”

A partir de una primera pregunta de carácter general sobre la crisis de nuestro tiempo, esta entrevista recorre la formación y el trabajo de un académico, de un ecologista, de un ecosocialista que ha hecho confluir economía política, ecología, antropología social y termodinámica en el desarrollo de una crítica ecológica de la economía, y en la construcción de una ecología política que sirva de apoyo a los movimientos sociales del sur del mundo que luchan contra la degradación del medio ambiente. Joan Martinez Alier es catedrático del Departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona, ex-presidente de la Sociedad Internacional de Economía Ecológica (Internacional Society for Ecological Economics) y autor de numerosos libros y artículos de carácter transdiciplinar de reconocido prestigio internacional.

Pregunta: Los discursos más avanzados de la izquierda social culpan al capitalismo de la situación en la que nos encontramos, una situación injusta desde el punto de vista socio-económico y ecológico, y señalan el socialismo como la alternativa para alcanzar una situación distinta. Sin embargo, los experimentos de carácter socialista llevados hasta ahora no se han caracterizado precisamente por su unión entre aspectos ambientales y sociales. ¿Qué cree Vd. que la izquierda está haciendo mal en este sentido? ¿En qué medida un ecosocialismo es posible en nuestra sociedad?

Respuesta: Me parece bien el ecosocialismo, y también el eco-feminismo, pero será un socialismo sin referencia alguna a los partidos leninistas del pasado. Me interesa más bien algo que se base en el gran movimiento por la justicia ambiental y social que hay en el mundo. El sistema de mercado no garantiza que la economía encaje en los ecosistemas, ya que los mercados no valoran las necesidades futuras ni los perjuicios externos a las transacciones mercantiles, como ya señaló Otto Neurath contra Von Mises y Hayek en el famoso debate sobre el cálculo económico en una economía socialista en la Viena de 1920. El conflicto entre economía y medio ambiente no puede solucionarse tampoco con jaculatorias tales como “desarrollo sostenible”, “eco-eficiencia” o “modernización ecológica”. Ahora bien, si el mercado daña a la naturaleza, ¿qué ocurrió en las economías planificadas? No sólo explotaron a los trabajadores en beneficio de una capa burocrática de la sociedad, sino que preconizaron el crecimiento económico a toda costa, y además les faltó la posibilidad, por ausencia de libertades, de tener grupos ecologistas que protestasen. Hay que inventar algo nuevo, pero eso no lo hará un partido, sino una suma de movimientos sociales.

P: ¿Cuáles son los momentos fundamentales que han influido sobre el desarrollo de esta posición, desde la perspectiva que nos ha expuesto, a lo largo de su rica experiencia intelectual y humana?

R: Desde mis estudios en economía en la Universidad de Barcelona y mi posterior especialización en economía agraria en Oxford, he ido madurando una cierta sensibilidad política en relación con la autonomía de las comunidades, un tipo de sensibilidad “populista” al estilo ruso, por decirlo de otra forma. Aunque al principio de los años 70 mis posiciones sobre la cuestión de las comunidades eran todavía las de un marxista abierto a las influencias de la antropología social y también sensible a las influencias del científico social Karl Polanyi, ya no estaba de acuerdo con la posición que defendía, por ejemplo, Hobsbawm en su libro Primitive Rebels (1959) según el cual los agricultores eran los rebeldes “primitivos” y la verdadera vanguardia sólo podía ser el proletariado industrial y el partido del proletariado.

Digamos que en rigor no fui un anarquista, pero estaba muy influido por la historia de Cataluña, y también por los intelectuales antifranquistas y libertarios del Ruedo Ibérico, exiliados en Francia. Todas estas contaminaciones fueron determinantes a la hora de desarrollar esta sensibilidad anti-leninista. También tengo que subrayar la importancia que tuvo, en este sentido, mi experiencia andina donde trabajé no sólo la cuestión de la antropología ecológica, sino que también fui testigo de la resistencia “anti-moderna” de las comunidades indígenas, como en Ecuador, los huasipungueros, o en Perú, los huacchilleros, que vivían en haciendas: ellos no eran siervos a la manera feudal, sino campesinos que resistían a la “modernización” capitalista.

P: De esa manera, uno de sus temas principales de investigación y trabajo ha llegado a ser el así denominado ecologismo popular, la ecología de los pobres, especialmente en los países del Sur del mundo. Todo esto, siempre ha ido unido al afán de indagar la relación entre la economía y el medio ambiente no sólo en términos monetarios sino sobre todo en términos físicos, analizando las incertidumbrelos problemas de inconmensurabilidad de valores, el problema de los lenguajes de valoración, etc. llegando a ser uno de los pioneros en el campo de la economía ecológica. ¿Podría explicarnos estos dos diferentes planos de investigación y cómo se relacionan?
R: He sido, durante los últimos veinte años, uno de los principales actores en los demorados nacimientos de la economía ecológica y de la ecología política, así como en explicar cómo el enfrentamiento inevitable entre economía y medio ambiente (estudiado por la primera de las dos disciplinas) abría el espacio para el ecologismo de los pobres (estudiado por la segunda), potencialmente la corriente más fuerte del ecologismo. En este sentido, siempre he tenido la idea de que la economía ecológica tenía que servir principalmente de apoyo a los movimientos sociales en el sur del mundo que están luchando contra la degradación del medio ambiente, lo que me hace estar convencido de que el ecologismo igualitarista, y no el socialdarwinista,1 enraizará sobre todo entre los desposeídos del mundo. Por ejemplo, los activistas de Vía Campesina que incorporan temas de economía ecológica, como la eficiencia energética, la pérdida de biodiversidad, la contaminación química, etc., aunque a veces sin conocer todos los supuestos teóricos de esta disciplina. Y también el fuerte papel de las mujeres, que están a menudo a la vanguardia de las luchas populares ecologistas. Es sobre todo la aparición de ese formidable grupo de ecologistas de carácter popular, así como la fuerza y potencialidad que reconozco en ellos lo que me mantiene activo políticamente, con una serie de viajes en América Latina, en la India, etc.

P: ¿Entonces se puede hablar de conciencia ecologista dentro de esos movimientos populares o sencillamente se trata de una lucha básica por la supervivencia?
R: Para entender el asunto, el libro de Ramachandra Guha, acerca del movimiento Chipko es muy importante. Él demuestra cómo un movimiento campesino, muy similar a otros movimientos de esta región del Himalaya, pero también de otras partes de la India, lucha contra la nacionalización de los bosques, ya iniciada por la administración colonial británica, con el pretexto de realizar una gestión racional. Obviamente, esto significaba que los pueblos indígenas perdían el acceso a los bosques, y de ahí las protestas. También hubo luchas contra un proyecto de plantaciones, porque la comunidad prefería el roble nativo en lugar de las plantaciones de árboles de crecimiento rápido como el pino, por ejemplo. Como se puede ver, estas luchas eran en realidad una forma de lucha por la biodiversidad, aunque se correspondían con los intereses de supervivencia de los que vivían allí. Pero, els resultantes, movimiento Chipko, que comenzó en la década de 1970 constituye sólo un ejemplo típico de este tipo de movimientos. Algo muy similar pasa con el movimiento de Chico Mendes en Brasil: un sindicalista que había aprendido a leer con la ayuda de un superviviente de la guerrilla comunista refugiado en el Amazonas, en la frontera con Bolivia. Mendes comienza como un defensor de los seringueiros, los recolectores de caucho de la selva amazónica, y posteriormente se da cuenta de la importancia de reclamarse como ambientalista, ecologista, quizás como una forma de protección. Definitivamente, el ecologismo popular es un ecologismo que no sabe que es ecologista hasta la década de 1970 o 1980, es decir, cuando ya era complicado no darse cuenta.

P: Pero en muchos de los sectores más populares de los países del sur del mundo es innegable que existe una fuerte atracción y aspiración a copiar los modelos de consumo y los estilos de vida del norte, de la parte enriquecida del mundo desde un punto de vista monetario. Muchos de sus líderes no esconden una perspectiva muy modernizadora, que hablan de la ecología como de un lujo del mundo rico. También hay que reconocer que las sociedades pre-industriales o pre-capitalistas no siempre han protegido sus ecosistemas y sus servicios. Teniendo presente esto, ¿cuál cree Vd. que pueda ser la verdadera fuerza del ecologismo popular?

R: La teoría del ecologismo popular no dice que todos los pobres del mundo son ecologistas porque, por supuesto, eso es falso. Lo que remarca, simplemente, es que en muchos conflictos ambientales, los pobres se alinean al lado de la preservación de los recursos naturales, no por ideología ecologista, sino en virtud de sus propias necesidades de supervivencia, de preservar los medios de vida, a veces expresadas en un idioma culturalmente específico, como la idea de la santidad de las fuerzas de la naturaleza de algunos grupos indígenas. Por el momento, en América Latina, Perú, Argentina, en particular, pero no sólo, hay decenas de conflictos en torno a la minería, por ejemplo, ahora mismo en Orissa (en India) por la minería de bauxita, enormes conflictos entre grupos indígenas como los Dongria Kondh que defienden la montaña sagrada de Niyamgiri y las empresas extranjeras del aluminio. En este enero del 2009 he estado allí unos días. Y habrá más y más conflictos, porque el metabolismo de nuestra sociedad, la cantidad de energía y materiales utilizados en el carrusel de la producción y el consumo, sigue aumentando más y más. No hay crecimiento económico desmaterializado y la idea de “crecimiento económico angelical”, como Herman Daly dijo irónicamente, es una utopía. Lo que sí es posible es que la intensidad material de la economía baje un poco en los países ricos, pero seguirá creciendo en términos absolutos. En Europa, por ejemplo, ya no producimos el aluminio y el acero, pero lo importamos, como el petróleo, el gas, etc. Las economías en apariencia más “limpias”, funcionan sobre la base de importaciones “baratas”, y son tan limpias porque trasladan hacia fuera el coste ambiental relacionado con la producción.

P: Hacemos un pequeño paréntesis justo en relación a la última idea que acaba de desarrollar. Cada vez más se escucha que hace falta un verdadero cambio del sistema, un cambio que muchos intelectuales cómo Vd., cómo Serge Latouche en Francia, llaman decrecimiento. ¿Cuáles son, entonces, los puntos que debería de incluir cualquier programa de decrecimiento?

R: El decrecimiento económico ya lo tenemos aquí, en la crisis del 2007-2008 del mundo rico. Este año bajarán las emisiones de dióxido de carbono en España, en Estados Unidos, etc. Se juntó la crisis financiera (por el exceso de hipotecas y de la construcción de viviendas) con una crisis económica. Todo eso ayudado por el precio del petróleo (por el oligopolio de la OPEP, que se mantiene por la escasez de petróleo a la larga). El coste energético de conseguir energía está aumentando. Este decrecimiento económico debería ser socialmente sostenible, hacen falta nuevas instituciones, redistribuir la producción, redefinir el trabajo para incluir el trabajo del voluntariado, también el trabajo doméstico no remunerado, etc.

Entender que estamos a un nivel muy alto de ingreso, y que si bajamos un poco no pasa nada. Instituir la renta básica. Evitar el racismo con los inmigrantes. Estamos viendo lo que yo llamo “la Segunda Muerte de Friedrich von Hayek”. Estos días vuelve Keynes, hasta los bancos piden que el Estado los nacionalice porque están temerosos de que los clientes pidan su dinero. Hace falta pues un cambio del sistema financiero. Así que este decrecimiento necesario hay que medirlo no tanto en términos de PIB, sino con indicadores físicos (menor uso de materiales, menor producción de gases con efecto invernadero, etc.) y aplicando el principio de precaución a las tecnologías. Mientras que en los países ricos debe ocurrir esto, en los países más pobres hay que aumentar el uso de energía porque todavía es muy bajo.

P: Acerca de ese nuevo juego de equilibrios entre Norte y Sur, Vd. en muchas ocasiones ha hablado también del problema de la “deuda ecológica”. ¿Qué consideraciones haría al respecto?

R: Hay una gran injusticia en el mundo, el Norte tiene una deuda ecológica hacía el Sur, existe una deuda de carbono, además de todas las deudas colonial y postcolonial que los europeos han contraído en el Tercer Mundo. Se deberá evaluar el importe de dichas deudas, que podría resolverse mediante la eliminación de la totalidad o parte de la deuda externa de los países del Sur, por ejemplo, y desarrollando mecanismos institucionales para garantizar la reinversión del dinero ahorrado en los programas contra la pobreza y la promoción de energías alternativas en el Sur.

P: Volviendo a sus investigaciones en el seno de la economía ecológica y de la relación con la economía crematística, la ortodoxia dominante dentro del mundo académico. En lo que se refiere a estas disciplinas, ¿por qué y de dónde nace esta dicotomía, y cuáles son los autores que han sabido expresarla con mayor lucidez y rigor científico?

R: La diferencia entre economía y crematística fue explicada por Aristóteles en su libro Política. Digamos que la primera es el estudio del abastecimiento del oikos o de la polis, mientras que la segunda es el estudio de la formación de los precios en los mercados. La Economía Ecológica critica el “imperialismo” crematístico en dos casos: las extracciones de recursos energéticos y materiales agotables o lentamente renovables, y las inserciones en el medio ambiente. Y en este sentido la crítica ecológica va a tocar un tema ante el cual la ciencia económica no tiene ninguna respuesta convincente: la inconmensurabilidad de los elementos que componen la economía. La Economía Ecológica empieza, pues, poniendo en solfa con mucho gusto buena parte del instrumental de la economía ortodoxa, y a continuación trata de explicar el uso de energía y materiales en ecosistemas humanos. Este punto de vista ha existido por lo menos desde hace unos 120 años (con Frederick Soddy, Patrick Geddes), pero pocos de los autores de la segunda mitad del siglo XX como Paul Ehrlich, Herman Daly, Barry Commoner, Howard y Eugene Odum, David Pimentel, René Passet, Kenneth Building o Nicholas Georgescu-Roegen, han conocido a sus predecesores, cuyas obras yo estudié en mi libro de 1987, Ecological Economics. En este libro expliqué que Podolinsky en 1880, según reconoce Vernadsky en 1925 en su libro Geoquímica, estudió la economía agraria como un sistema abierto a los flujos de energía. Y eso le hace un importante precursor de la Economía Ecológica.

P: Unos de los indiscutidos padres de la economía ecológica del siglo XX fue el ya citado Nicholas Georgescu-Roegen. ¿Cómo se acercó a él y qué obra destacaría del economista rumano?
R: Georgescu-Roegen es muy importante. En 1971 publicó su gran texto, La Ley de
Entropía y el Proceso Económico, y uno de mis grandes amigos, José Manuel Naredo, un joven economista que trabajaba por aquel entonces en la OCDE en París, me lo señaló. Ya sabía un poco acerca de él, porque fue también un experto en economía agraria, y en 1960 había publicado un artículo sobre la economía campesina en Europa Oriental, donde todavía no explicita el análisis de la economía en términos del flujo metabólico de energía. Su libro de 1971 que, como un poco toda su obra, resulta bastante difícil de leer, representa un texto fundamental de la Economía Ecológica. El supo investigar de manera atrevida pero brillante sobre los asuntos de la bioeconomía, cómo la denomina él, sabiendo tender, gracias a su enfoque transdisciplinar, puentes fundamentales entre economía, termodinámica y ecología a la hora de explicar cómo el proceso económico se da dentro de un sistema abierto a la entrada de materia y energía y a la salida de residuos.

P: Las preocupaciones por tender puentes entre las ciencias de la naturaleza y la ciencia económica seguramente representan un aspecto fundamental para los economistas ecológicos, y en Georgescu todo esto estaba relacionado con la aplicación de la segunda ley de la termodinámica a la teoría de la producción. ¿Podría comentar algo más acerca de esta ley y su importancia dentro de la Economía Ecológica?
R: La teoría económica neoclásica describe la economía como un sistema cerrado en el que las mercancías se intercambian a través de un sistema de precios regulados por el mecanismo de la oferta y la demanda. Esto tiene alguna utilidad en la medida en que ha desarrollado una serie de ideas relativamente interesantes, pero en última instancia se trata de una visión ontológica equivocada, aún cuando puede ser metodológicamente aprovechable.

En realidad, la economía es un sistema abierto que no puede funcionar sin los insumos de energía y materiales, comenzando con la energía del sol a través de la fotosíntesis, o el carbón y el petróleo, que son acumulados, almacenados gracias justo a la fotosíntesis.
Pero este sistema produce también residuos. En volumen, el residuo más importante es el dióxido de carbono, pero también cadmio, residuos radiactivos, que son prácticamente imposibles de reciclar. Hay gráficos para ilustrar la naturaleza abierta de un sistema como el económico, como los publicados por René Passet, en su libro Principios de Bioeconomía (traducción al castellano de su obra L’économique et le vivant de 1979). Creo que Passet fue el primero en mostrar gráficamente la economía como un subsistema de un sistema más amplio. Así que en este sistema, no todo es reciclable. Esto es lo que la economía neoclásica denomina “externalidades”, y que pretende “internalizar” por medio del sistema de precios, como si fuera sólo una cuestión de detalle. En general, los economistas hablan de energía y materiales sin preocuparse por las leyes que gobiernan la “gestión” de esos recursos.

En concreto, el economista rumano decía que las dos leyes eran la limitación física a la expansión del sistema económico, y que la nueva ciencia de la termodinámica representaba la física del valor económico.

P: Para concluir esta entrevista. Lo que se deduce de lo que ha mencionado anteriormente es que el tema de los flujos de materia y energía, así como la importancia de las leyes físicas en los procesos económicos, son cuestiones fundamentales en la reflexión que se está llevando desde hace algunas décadas a nivel académico. ¿Piensa Vd. que en algunos autores existe la clara intención de elaborar una teoría puramente energética del valor económico?
R: No, pienso que ya no hay tales autores. Yo creo que una teoría del valor energético es equivocada. La importancia del segundo principio de la termodinámica para la economía es que la energía no se puede reciclar. Quemamos petróleo, y se acabó, la energía se “disipa”, ya no sirve para mover el automóvil. Y el petróleo tiene un stock limitado, estamos llegando al pico de la curva de Hubbert. Y además al quemarlo, el petróleo produce dióxido de carbono y por tanto aumenta el efecto invernadero. Esos aspectos quedan ocultos en la economía convencional. Los precios están mal puestos. Pero no creo que podamos o debamos contar todo en unidades de energía con la intención de servir de guía para decisiones sociales.

Nota

1 El socialdarwinismo es la creencia de que el concepto de selección natural entre las diferentes especies mediante la lucha por la existencia, y el consecuente triunfo de las más adaptadas, resulta también aplicable a distintos grupos humanos (J. Martínez Alier y K. Schlüpmann, La ecología y la economía, FCE, México, 1992, p. 25).
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La clave ucraniana

The Oil Crash - Lun, 31/03/2014 - 14:29


Queridos lectores,

Víctor Wilches ha escrito la siguiente pieza sobre la actual situación de Ucrania. Es un texto bastante duro y en contradicción con el discurso oficial que se suele oír en Occidente, bien argumentado y contundente. Espero que sirva para su discusión.

Les dejo con Víctor.

Salu2,
AMT

Ucrania: laboratorio neonazi, gas y petróleo


"Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista.Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro.Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío.Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí."Martin NiemoellerPastor protestante, 1892-1984.
“Todo tiene sus límites, y en el caso de Ucrania nuestros socios occidentales se han pasado de la raya, se han comportado de manera grosera, irresponsable y poco profesional”… “San Petersburgo fue la cabeza de Rusia, Moscú su corazón, pero Kiev la madre”.Vladimir PutinDiscurso sobre Crimea, 2014       


Por: Víctor WilchesAgropolis


Los tambores que anuncian el inicio de una gran guerra mundial continúan repicando en Ucrania. La injerencia a fondo por parte de EE.UU./UE/OTAN en la desestabilización de Ucrania entraña unas connotaciones geopolíticas que van más allá del golpe de estado inducido para instalar un régimen/laboratorio neonazi a las puertas de Europa. Los acontecimientos conducen a conjeturar que con esta agresión se busca alterarle el rumbo al orden internacional multipolar gestado en la última década e impedir su consolidación, y en su lugar imponer un orden internacional hegemónico, opresor, militar/mercenarizado y violento capitaneado por la plutocracia de EE.UU.
La agresión político-militar desplegada por EE.UU./UE/OTAN para forzar un nuevo orden internacional que responda a los intereses de EE.UU. está develando que inevitablemente todos los caminos conducen finalmente a una guerra frontal con China. Para llevar a cabo este arriesgado sueño imperial, Washington y Bruselas tienen que controlar/derrotar tres lugares emblemáticos: La Plaza Maidan, la Plaza Roja, y la Plaza Tiananmen. Tarea no fácil, pero el desespero puede llevar a cualquier demencial aventura, así ésta sea una pugna intercapitalista.
Esta peligrosa jugada por parte de EE.UU./UE/OTAN es producto de la pérdida de influencia y de poder global de EE.UU., cuyo declive acelerado viene acompañado de una profunda crisis económica y energética sin retorno. El modelo capitalista de producción depredó, destruyó y agotó los recursos naturales y energéticos, y contaminó todos los ecosistemas del planeta en su afán de acumulación. El crecimiento económico es cosa del pasado. Sin energía es imposible crecer. Para crecer económicamente se requiere aumentar el consumo de energía, y a la inversa, sin aumento del consumo de energía es imposible crecer económicamente. Por lo tanto, si un sistema basado en el crecimiento económico infinito no puede crecer está abocado a un colapso societal. El modelo capitalista ha llegado a su punto límite y ha comenzado su implosión arrastrado por una crisis multidimensional inherente al propio modelo. “La decadencia y caída del imperio global de Estados Unidos es el hecho más importante de la geopolítica en el mundo de hoy” (1), el colapso está en camino y su impacto es de grandes proporciones telúricas a nivel global. Ucrania acusa ser un revelador síntoma para evitar que el sistema colapse. Esta encrucijada hace que los apetitos imperiales de Estados Unidos en su huida hacia adelante por el control de territorios y de los recursos que quedan conduzcan a una guerra mundial nuclear.
El sistema capitalista estocado de muerte en el alma hegemónica imperial ha entrado de lleno en un giro geopolítico de eje geográfico/Asia/ acelerado. Los acontecimientos internacionales están testificando que la transición de paradigma post imperial-USAmericano se precipita a empellones, dejando a su paso profundas y graves crisis económicas, sociales, ecológicas, políticas, culturales, éticas y humanitarias. Ninguna transición y disolución imperial hegemónica puede ocurrir sin crisis, violencia, ni guerras, así ese escenario sea el menos deseado por la mayoría de la humanidad. Lo ideal sería que ésta fuera pacífica, pero un poder hegemónico erigido a base de violencia y de destrucción no va dar el paso al lado de manera pacífica para que otros llenen este vacío.
La actual ofensiva geopolítico puesta en marcha en Ucrania por EE.UU./UE/OTAN para remodelar el orden internacional -aparte de sus peligros, costos y desenlace final- ha dejado al descubierto dos líneas relevantes interrelacionadas que deben ser analizadas con atención: instauración de un régimen/laboratorio neonazi en Kiev; y una gran crisis energética en especial gas y el petróleo.
¿Por qué Ucrania es centro de rivalidad?
Ucrania juega un rol estratégico en los intereses y en las aspiraciones hegemónicas de EE.UU. desde siempre en su afán por controlar el mundo. Estas tendencias vienen desde tiempo atrás. A inicios del siglo XX la teoría del “Heartland” de Halford Mackinder sostiene que “Quien gobierne en Europa del Este dominará el Heartland; quien gobierne el Heartland dominará la Isla-Mundial; quien gobierne la Isla-Mundial controlará el mundo." Y más concretamente quien domina el “Heartland”, domina el mundo, especialmente si controla Ucrania.
La particular situación geopolítica de comienzos del siglo XXI revive y da un nuevo impulso y valor funcional a la región euroasiática como segmento espacial a controlar para dominar el mundo, lo cual choca frontalmente con las visiones geopolíticas del euroasianismo ruso y de la alianza sino-rusa de revivir la Ruta de la Seda. Este nuevo impulso en “occidente” vendrá de las pretensiones imperiales delineadas por el estratega de seguridad de EE.UU. Zbigniew Brzezinski, quien enfatiza la doctrina que el Estado que domine este vasto continente, el cual constituye un eje geopolítico, de hecho controlaría dos de las tres regiones económicas más productivas y avanzadas del mundo, subordinaría a África y tornaría el hemisferio occidental y Oceanía geopolíticamente periféricos. En Eurasia, vive el 75% de la población mundial y están depositadas 3/4 de las fuentes de energía conocidas en todo el mundo. Y más en concreto afirma que “Rusia sin Ucrania deja de ser un imperio, pero Rusia con Ucrania sobornada y luego subordinada, automáticamente se convierte en un imperio”. Estos parámetros expuestos muestran por qué EE.UU./UE/OTAN están dispuestos a jugar sus últimas cartas en una aventura bélica en Ucrania; y además, por qué en sus propósitos de alcanzar sus metas de dominio y control de Eurasia no existe parámetros de ninguna especie que les impida acudir a los métodos y alianzas execrables, como el apoyo a grupos neonazis y extremistas violentos de derecha.
En el complot dirigido y patrocinado por EE.UU./UE/OTAN para derribar el gobierno de Viktor Yanukóvich y empotrar un régimen neonazi en Kiev, hace gala de la combinación de una serie de elementos entrelazados que deben ser analizados.
Laboratorio neonazi en Kiev
En Ucrania no se empleó el típico golpe de estado blando sustentado en el modelo “revolución de colores” del Albert Einstein Institution, de Gene Sharp, en este caso se recurrió a la aplicación de diferentes instrumentos para llevar a cabo el golpe de estado. Estos van desde la utilización de la protesta social pacífica hasta métodos abiertamente radicales, en los que prevalecen formas de violencia extrema apuntaladas con grupos neonazis y extremistas nacionalistas y mercenarios-francotiradores.
Cambios y variantes al modelo de Gene Sharp ya se habían visto en Egipto, Libia, Siria. Allí se acude abiertamente a yihadistas islámicos como complemento central. En el actual complot en Ucrania por su importancia geoestratégica se sincronizan, se actualizaron y se ejecutan nuevos mecanismos. Por un lado tenemos el modelo de “golpe de estado blando” con toda su parafernalia: la mass media corporativa de “occidente” acusando de lo peor y demonizando hasta el paroxismo al gobierno de Yanukóvich, a Rusia y en especial a Putin (Nota: aquí el autor de ninguna manera está afirmando que Yanukóvich y Putin sean unos santos, se está es analizando el desarrollo de los acontecimientos de rivalidad intercapitalista); las ONGs actuando a tope para velar por los “derechos humanos” y las “libertades civiles y democráticas”. Además, ahora encontramos que las cancillerías, embajadas, parlamentos e instituciones de EE.UU., Unión Europea, Canadá, OTAN, OSCE, tienen una nueva misión diplomática participar abiertamente y en masa en las revueltas de la Plaza Maidan de Kiev, abrazados de partidarios de la neonazi Svoboda de Stepan Bandera y del Sector Derecho.
Por otro lado, esto va acompañado con la participación de multinacionales como Chevron orientadas a la apropiación del gas esquisto de región oriental de Ucrania –en cualquier análisis con relación a Ucrania es básico ver el papel que juegan las multinacionales en la crisis-. La firma de un acuerdo de 10 mil millones de dólares para la producción compartida de gas esquisto entre el gobierno ucraniano y Chevron, es tomado desde Washington como un paso en dirección de la independencia energética de Rusia, y en la tradición de unir los intereses de las corporaciones multinacionales bajo el paraguas y pretexto de la seguridad nacional de EE.UU. Al respecto el International Business Times afirmó que “el acuerdo de Chevron con Ucrania fue apoyado por USA como parte de su estrategia de seguridad nacional para ayudar a reducir la dependencia energética de Europa y de Kiev de Rusia.”  A la par de esto, la multinacional Cargill apunta al control de la producción de los alimentos fortaleciendo la posición comercial de la corporación en uno de los negocios al invertir más de 200 millones de dólares en las acciones de UkrLandFarming (Financial Times, enero 12, 2014). Esta empresa ucraniana que posee 500 mil hectáreas de tierra, es la octava cultivadora de tierra más grande del mundo y el segundo mayor productor de huevos. Cargill también tiene en Ucrania negocios en plantas de procesamiento y terminales de exportación en el Mar Negro. Seguramente necesitaba un puerto para aumentar el grado de control sobre el mercado. No se debe olvidar la importancia mundial agrícola de Ucrania y de la franja de tierra de gran fértil que abarca la mayor parte de las llamadas "tierras negras" o chernozem, al centro y oeste del país. Y para completar el cuadro, Monsanto, la empresa de semillas transgénicas más grande del mundo, también está ganando espacio en Ucrania donde ya controla el 40% del mercado de semillas. Jugada comercial de control agrícola que busca cerrarle espacio a China en el mercado ucraniano. Lo cual se puede inscribir dentro de las guerras por las tierras fértiles y la alimentación desatada a nivel mundial.
Esto se complementa con las medidas que el gobierno neonazi títere de Kiev ha comenzado a tomar para preparar al país para “que afronte las dolorosas pero necesarias reformas sociales y económicas” impuestas por la medicina del FMI. Una de los primeros requerimientos del FMI es que los subsidios al gas de los hogares se reduzcan en un 50%. Otros requisitos onerosos del IMF incluyen recortes a las pensiones, en el empleo estatal y la privatización de los activos y propiedad del gobierno (traducción: que las corporaciones occidentales puedan comprar a precio de regalo los bienes públicos); así como otras reducciones en los programas de gastos sociales en Ucrania (Voice of Russia: Ukraine's economic crisis: Who benefits? Who pays?).
El laboratorio neonazi/neofascista de Kiev no es un mero hecho coyuntural para Ucrania o para ciudadanos de tercera o cuarta clase. Ese es el modelo que UU.EE., la Unión Europea, Canadá y en los países del autoproclamado “occidente” vienen adecuando y refinando para implantar en sus propios países. La pérdida y la restricción continuada de las libertades civiles, políticas, sociales y derechos democráticos avanzan a pasos agigantados. Las demandas sociales y políticas son acalladas. Nada de esto existe mientras no esté en la falsimedia corporativa. La protesta ciudadana es criminalizada y penada severamente. El desmonte del estado de bienestar es a marchas forzadas y a golpe de decreto. Todo lo público y los bienes comunes son saqueados. El control e interceptación de todas las fuentes de información y a todos los ciudadanos, pese a ser uno de los más aberrantes ataques a la libertad, no es otra cosa que el miedo de estas plutocracias y sus amos. Las legislaciones nacionales del autoproclamado occidente se están ajustando a un modelo neofascista en ciernes para ser aplicado a sus ciudadanos. Por ello, EE.UU./Obama, el gobierno de Canadá y los gobiernos de Europa salieron presurosos a afirmar y ratificar que el gobierno títere neonazi montado en Kiev tras el golpe de estado es un “gobierno legítimo”. Ese experimento puesto en escena en Kiev es todo un laboratorio neonazi/neofascista que esperan trasladar depurado a sus propias naciones. Un ejemplo palmario de lo que puede pasar en inmediato futuro es la destitución del periodista finlandés Jari Sarasvuo (ver: http://rawnata.blogspot.se, Känd finsk programledare Jari Sarasvuo fick sparken; y en Helsingin Sanomat www.hs.fi/) y el cierre fulminante de su programa por entrevistar al catedrático de la Universidad de Helsinki, Johan Beckman, quien exigió la liberación de Europa de la "junta fascista" ucraniana y acusó al canciller de Finlandia de apoyo a los nazis.
Que nadie se llame a engaño. Alguien puede imaginarse a EE.UU., la Unión Europea, Canadá, la OTAN, entregándole 5000 millones de dólares a unos grupos ucranianos sin saber quiénes eran éstos (dinero confirmado por la misma la Secretaria de Estado adjunta Victoria Nuland). Ni quiénes son los que conforman esos grupos, y mucho menos darse por enterados quiénes son sus líderes. Naturalmente que todos sabían que sus pupilos/marioneta encargados del golpe eran miembros de grupos neonazis y de extrema derecha. Este monto económico aportado no es una bicoca, ni tampoco gratis. Ante la magnitud de los objetivos occidentales se podría pensar que es mucho más dinero. La infraestructura y los niveles de coordinación entre los interesados en el caos y el complot contra el gobierno de Yanukóvich y el control de Ucrania pueden ser mucho más oscuros de lo que cualquier mente pueda imaginar. La apuesta de EE.UU./UE/OTAN es una jugada geopolítica temeraria, pero ante la crisis multidimensional por la que están atravesando los conduce inevitablemente a esa aventura.
Crisis energética: Gas y petróleoLa crisis económica mundial galopante desde 2007/2008, y en especial, en los países desarrollados (mal-desarrollados es la mejor definición), se debe a la escasez y el declive de los hidrocarburos. Al no poder disponer de ingentes cantidades de energía en el mercado, fundamentalmente de petróleo, hace que el complejo sistema industrial y tecnológico, sustentado en esta fuente de energía, no pueda funcionar y mucho menos crecer. Por consiguientemente, el sistema al no poder continuar con su crecimiento y su consumo sin límites entra en crisis. El sistema ha chocado con un mundo que es finito, realidad física de la cual no se puede escapar: el cenit del petróleo.
El cenit del petróleo que ya hemos pasado, y que la propia Agencia Internacional de la Energía en su informe anual de 2010 (World Energy Outlook 2010) finalmente reconoce, y afirma que éste tuvo lugar en 2006. Además, muchos expertos y estudios señalan que el cenit de los hidrocarburos más el uranio tendrá lugar en 2018, de ser así estamos ante un problema muy grueso. Estas gráficas de diferentes reportes lo ratifican: el de la izquierda es de Energy Watch Group: Fossil and Nuclear Fuels, the Supply Outlook 2013. Y el otro tomado de The Future.
http://www.resilience.org/articles/General/2013/05_May/chart.JPGhttp://www.thefuture.net.nz/peak.png


Esto cambia el panorama y le da un vuelco total a las políticas de seguridad y a relaciones internacionales de los países de las economías (mal)desarrolladas, pues en su afán de garantizar el acceso, disposición, transporte y control de los recursos energéticos chocan frontalmente con los intereses de otros países y poderes que también están compitiendo por los mismos escasos recursos. Por ello, EE.UU./UE/OTAN han estado involucrados en la última década en cantidad de agresiones e invasiones a países que cuentan todavía con recursos como gas y petróleo, o con abundante agua dulce y tierras fértiles.
En la actual situación internacional de crisis, Ucrania es una puerta crucial en la búsqueda del control de los hidrocarburos de Rusia y de las regiones del Mar Caspio y de Asia Central. Ucrania es una zona geoestratégica que juega un papel central en la estrategia de EE.UU. en sus ansias de hegemonía global. Con esta arremetida Washington, en primer lugar, busca sacar a Rusia de Ucrania y a su vez, quitarle la posibilidad de acceso al Mar Negro y a las aguas del Mediterráneo. Segundo, correr las fronteras de la OTAN si es posible al centro de la Plaza Roja. Tercero, desmembrar a Rusia para controlar sus hidrocarburos y su vasto territorio. Cuarto, tratar de estrangular a China por sus flancos norte y occidental como refuerzo de la llamada política del “pivote Asia-Pacífico” de Obama, para entrar a asestarle de golpe de gracia.
Por lo tanto, nadie se puede auto-engañar o dejarse engañar. Aquí todo tiene que ver con petróleo y gas: energía. Petróleo es casi sinónimo de poder. La trama ucraniana de EE.UU./UE/OTAN obedece al acceso y control del petróleo y el gas de Rusia, Mar Caspio y Asia Central. Sin energía y sin petróleo no hay posibilidad de sostener la máquina de dominio y es imposible parar la caída del imperio. Sin petróleo el dólar chatarra es eso chatarra, pues no hay fuerzas armadas, ni misiles amenazantes que lo impongan como moneda global.
La “aparente sensación de empate” que se presenta en la crisis ucraniana encierra muchos peligros escondidos. Esto no para ahí. Por un lado, porque EE.UU. y sus aliados europeos aunque estén contentos con su gobierno-títere neonazi en Kiev, no se van a quedar satisfechos con lo logrado. Y por el otro lado, Rusia no duerme tranquila pese a la rápida adhesión de Crimea tras el masivo referendo autodeterminación.
El forzoso alto en la marcha al que se vio obligado EE.UU./UE/OTAN, tras la rápida jugada del Kremlin al consolidar su posición en Crimea y de un control seguro de la base militar de Sebastopol, es un simple interregno para preparar los siguientes pasos. Mientras tanto, la obscura realidad es maquillada con sanciones y expulsiones de organismos que ya no juegan un papel preponderante en el contexto internacional.
La pregunta que surge es ¿qué obligó a EE.UU./UE/OTAN a hacer este alto en la marcha de conquista? Respuesta, la carencia y garantía de insumos energéticos (gas y petróleo) suficientes y seguros que permitan seguir a delante con la agresión.
Por tal motivo, petróleo y gas y su garantía de abastecimiento es el tema recurrente en actual la crisis ucraniana por parte de las élites gobernantes europeas y de EE.UU., asunto que contiene dos vertientes centrales: 1) que los países de Europa no disponen de gas y petróleo, y 2) que Europa en gran parte depende las importaciones de gas y de petróleo de Rusia.
Esta baza a favor de Rusia y el hecho de que Moscú pueda cortar el suministro de energía hace que las agresiones se detengan un momento, mientras se resuelve cómo garantizar el abastecimiento para que la economía europea no se vea comprometida y paralizada. Ante esta circunstancia han surgido las más variadas soluciones y respuestas. Estas van desde acudir a la supuesta abundancia e independencia energética de EE.UU. para usarla como arma energética estratégica contra Rusia, hasta llegar a plantearse el supuesto abastecimiento energético con gas del norte de África.
Ninguna de estas alternativas son reales, ni tampoco fáciles de concretar, por más que sus líderes las den como ciertas. En cuanto al gas procedente del norte África, surge una inquietud, si esa vía puede abastecer con tanto gas a Europa por qué no se ha puesto en marcha de tiempo atrás. Y súmele a esto que Europa no cuenta con gasoductos, ni con plantas de licuefacción de gas en Europa. Ni con plantas de almacenamiento de grandes cantidades. Por lo tanto, esto para tranquilizar a los ciudadanos puede estar bien, pero con  meros deseos no basta para garantizar la seguridad energética de un continente que no cuenta con petróleo y gas.
Con relación a la abundancia de gas y de petróleo de EE.UU. encontramos argumentaciones de que Washington podría suplir las necesidades de gas de Europa o, como afirma Angela Merkel que “El gas estadounidense podría ser una opción”. Sabrá Merkel lo que esconde la historia del gas esquisto, que no existe tal abundancia que permite exportar, y que esto no es más que una gran burbuja energética más parecida a una pirámide Ponzi. Que el decline del gas esquisto de Estados Unidos ya está en camino como lo señala este artículo de Oil Price.com “Shale Bust: North America Natural Gas Production set to Seriously Decline”. Además, Ella debería saber que los inversores están huyendo del negocio por la baja rentabilidad y la oposición de los habitantes de los lugares afectados por el fracking, por los graves problemas de contaminación medioambiental. Ella y los gobernantes europeos podrían consultar el completo estudio sobre el tema: “Baby, Drill, Baby” de David Hughes, para que no especulen con el gas pizarra de EE.UU., ni de Polonia.
Veamos cómo quedan las pretensiones de inundar a Europa con gas estadounidense, escuchemos que dicen al respecto los militares y expertos que se reunieron en la última cumbre de diciembre del Dialogo Transatlántico de Seguridad Energética. Afirma el coronel US Army Daniel Davis: “La producción del gas pizarra de USA ha soportado una meseta en el último año que es poco probable que consiga mantener la sostenibilidad a largo plazo debido al modo impresionante de las altas tasas de declive, y debido a que gran parte de la producción proviene sólo de dos o tres campos.”   
Y qué hablar de crear una “unión energética europea”, esto parece más un pomposo discurso para el oído de los ciudadanos europeos. Es algo así como no hace falta el gas ruso, no lo necesitamos. No se preocupen que si vamos a la guerra les garantizamos que no pasarán frio en el invierno. La pregunta es dónde están los hidrocarburos, quizá la UE cuenta con los recursos de otros países.
Asimismo el petróleo esquisto de EE.UU. tampoco inundará a Europa. La abundancia e independencia procedente del boom petróleo esquisto ha tocado las cumbres del pico y comienza su declive acelerado. Contemplemos la relación que presenta BP para el año 2012 con relación a importación/exportación de EE.UU., para ver si de verdad puede enviar petróleo a los sedientos países europeos. EE.UU. produjo 8.9 millones de barriles diarios, consumió 18.5 Mbd e importó 10.5 Mbd. Según la U.S. Energy Information Administration (EIA), en enero de 2014 el consumo fue de 18.89 Mbd y su producción de 8.39 Mbd, lo cual indica que tiene un déficit de 10.5 Mbd, que deben importar. Por lo tanto, en dónde está el petróleo para enviar a Europa y evitar la dependencia de las importaciones europeas procedentes de Rusia.
Al mismo tiempo, encontramos información que corrobora cuál será el devenir del boom energético de EE.UU. en el corto tiempo, y existen muchas preguntas sobre qué va a pasar cuando la burbuja procedente del gas y petróleo pizarra se desinfle. Le Monde de Francia se pregunta “Según Washington, el boom del petróleo de esquisto estadounidense alcanza el pico en 2016. ¿Después qué?” Por su parte Christian Science Monitor, enero 21 de 2014, pregunta “Qué pasará cuando el boom del shale finalice?” Mientras que  Bloomberg, feb. 27 de 2014, se refiere a que “El sueño de la independencia del petróleo de USA le tira la puerta por la cara contra los costos del petróleo pizarra”. Y Wall Street Journal, enero 28 de 2014, preocupado por los negocios se refiere a que “Las grandes compañías petroleras luchan para justificar los crecientes costos de los proyectos”. Y a manera de remate tomemos lo que dice el experto Arthur Berman en una entrevista el 5 de marzo de 2014: Seamos honestos, después de todo. La producción de combustibles pizarra no es una revolución, es una fiesta de jubilación. (Oilprice.com y en Produktionen från Skiffer är inte en Revolution utan ett Pensionärsparty!).
Lo anterior completa el cuadro. Esto sugiere y reitera que la aparente “calma que se presenta” en la crisis ucraniana, post-adhesión de Crimea a Rusia, es un periodo de preparación mientras EE.UU./UE/OTAN resuelven de manara expedita y “segura” el problema central: los energéticos, para poder seguir con los planes de copar a Ucrania, desmembrar a Rusia y continuar la marcha a Pekín.
Aquí en este momento del análisis es que aparece de forma diáfana la pieza del puzle energético que hace falta en toda esta aventura bélica: Venezuela. Los hidrocarburos de Venezuela son los que van a garantizar que EE.UU./UE/OTAN puedan continuar con sus pretensiones de imponer un nuevo orden internacional hegemónico. La desestabilización del gobierno de Nicolás Maduro es parte de la obra geoestratégica. Por lo tanto, lo que viene para Venezuela es un ataque con la combinación de todos los instrumentos posible de parte de Washington para derrocar al gobierno bolivariano, pues ese petróleo es requerido con urgencia. Ese petróleo para EE.UU. es la garantía de que no desaparezca de la escena internacional como imperio. Aquellos países que cuentan con recursos energéticos suficientes y que pueden ser apropiados para los intereses de EE.UU., deben esperar la misma medicina. País que cuente con gas o petróleo será agasajado con “bombardeos humanitarios” y la democracia le llegará con drones.
A manera de conclusión hay que resaltar el selecto gambito Sebastopol Севастóпoль de Putin, de la profiláctica defensa Crimea que acusa extenderse por el flanco oriental, y  que su vez, amenaza por rayos X con su poderosa pareja de alfiles: gasífero y petrolífero, el corazón de la industria y de la economía jadeante europea que no vislumbra signos de recuperación. El Zar prepara enroque corto, mientras se introducirse en las complejas estrategias del weiqi围棋(Go), juego de los eruditos chinos. Todo acontece bajo la atenta mirada de los bric+s, jugadores de un moderno chaturanga. Pero a pesar de tan rápidos movimientos y de las obligadas alianzas defensivas para detener el monstruo, en el tablero global danza amenazantemente una guerra mundial nuclear. En el escenario global, el orden mundial que más probable se percibe es el de un darwinismo social militar-mercenarizado regido bajo dictámenes de un neofascismo social, capitaneado por la plutocracia de EE.UU. y secundado por la Unión Europea e Israel. Si esta seria amenaza a la humanidad no logra ser contenida por los poderes que han venido consolidando el orden internacional multipolar actual, el futuro será demasiado aciago. Y si a la par de esto, los pueblos del mundo y sus luchas no cuentan con la suficiente unidad y fortaleza el futuro de las nuevas generaciones será sombrío. Por ello, todos los esfuerzos y las luchas que se emprendan para detener a la barbarie puesta en marcha son una conquista. Cada segundo que se gane para evitar que el leviatán avance es un tiempo valioso para la humanidad. El aleteo de la mariposa puede desencadenar olas de emancipación social y política a nivel global y la sed de libertad de los pueblos puede derribar imperios.
_____________________Notas:1. John Michael Greer: Decline and Fall. The end of empire and the future of democracy in 21 century America. Ed. New Society, 2014.
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Por qué los informes del IPCC subestiman, sistemáticamente, la gravedad del cambio climático (2)

Usted no lo cree - Lun, 31/03/2014 - 07:30
Breve introducción a los aspectos clave del IPCC, a menudo no bien comprendidos.
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El cambio climático y el decrecimiento.

Decrecimiento - Lun, 31/03/2014 - 05:00
Entrevista a Serge Latouche por Audrey Boursicot y Audrey Dye, publicada en Entrepueblos/Entrepobles/Entrepobos/Herriartea

Traducción Yannick -Hélène de la Fuente
 

El cambio climático está ligado al incremento de los gases a efecto invernadero. En una medida natural estos gases regulan la temperatura en el planeta, pero la explotación excesiva de las energías fósiles y la producción desaforada de nuestra sociedad han creado un desequilibrio en este fenómeno natural.

Para entender cómo nuestro modelo ha provocado un desequilibrio en este fenómeno natural, es preciso explicar cómo funciona.

La gran mayoría de las radiaciones solares atraviesan directamente la atmósfera para calentar la superficie del planeta. La tierra a su vez emite radiaciones en el espacio. Sin embargo, no toda esta radiación vuelve al espacio, ya que los gases de efecto invernadero absorben la mayor parte. De este modo, el equilibrio térmico se establece a una temperatura superior a la que se obtendría sin este efecto. La importancia de los efectos de absorción y emisión de radiación en la atmósfera son fundamentales para el desarrollo de la vida tal y como se conoce. De hecho, si no existiera este efecto la temperatura media de la superficie de la Tierra sería de unos -22 ºC, y gracias al efecto invernadero es de unos 14ºC.

Los denominados gases de efecto invernadero o gases invernadero, responsables del efecto descrito, son :

  Vapor de agua (H2O).
  Dióxido de carbono (CO2).
  Metano (CH4).
  Óxidos de nitrógeno (NOx).
  Ozono (O3).
  Clorofluorocarburos (artificiales).

Si bien todos ellos (salvo los CFCs) son naturales, en tanto que ya existían en la atmósfera antes de la aparición del hombre, desde la Revolución Industrial, y debido principalmente al uso intensivo de los combustibles fósiles como el petroleo y el carbón en las actividades industriales y el transporte, quemamos en un año lo que la fotosíntesis produjo en 100 mil años.

Nuestro sistema termo-industrial produce cada día cantidades enormes de dióxidos de carbono. Durante esta era industrial hemos gastado más energías fósiles que en toda la historia de la humanidad. Este fenómeno, agravado por otras actividades humanas como la deforestación, ha limitado la capacidad regenerativa de la atmósfera para eliminar el dióxido de carbono, principal responsable del efecto invernadero.

El cambio climático es el elemento más visible del sistema enfermo en el que vivimos, por lo que el decrecimiento, más que necesario, es imprescindible. Hay otros elementos críticos, como el agotamiento del petróleo y la desaparición de especies vivas.

Por todo ello el decrecimiento, además de imprescindible, es deseable, porque este sistema está basado en la obsesión por el trabajo, el desprecio del ser humano, la destrucción de la naturaleza. Se pueden ver las señales de una sociedad enferma a través de la tasa alta de suicidios en los países del Norte, y del consumo de drogas, tranquilizantes, antidepresivos. Este fenómeno tiene su raíz en la presión que ejerce el sistema sobre los trabajadores para que sean cada vez más productivos y eficientes, y para serlo tienen que consumir cada vez más drogas para aguantar el estrés. Retomando la idea de Ivan llitch, « se podría vivir mejor con menos si viviéramos de otra manera ».

No podemos seguir así. Hace dos o tres siglos nuestra sociedad eligió la vía del crecimiento económico, cuyo lema es consumir y producir cada vez más. Esta producción ilimitada acarrea un consumo desenfrenado. Para mantener este modelo económico se tiene que acelerar la obsolescencia de las mercancías, lo que genera cada vez más desechos. Entonces la producción no tiene como objetivo la satisfacción de las necesidades, sino la propia reproducción del sistema. Este modelo causa la destrucción tanto del planeta como del ser humano. En un mundo en donde tú eres lo que consumes, desvalorizamos la Naturaleza, los ecosistemas y hasta a nosotros mismos, los tecnócratas llegan a hablar incluso del hombre desechable. Todo es precario, el amor, el trabajo, el ser humano, etc.

Unos de los síntomas más perceptibles de la insostenibilidad de este modelo es el cambio climático, del cual se habla más ahora mismo. El último informe del GIEC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la Evolución del Clima) y el informe de Nicolas Stern del Gobierno del Reino Unido legitiman en la esfera publica lo que numerosos científicos han señalado desde hace tiempo. Esta conciencia mundial obliga a los gobernantes a tomar medidas, pero estas políticas sólo buscan limitar los efectos en lugar de enfrentar las causas.

Es como frenar un poco y al mismo tiempo pisar a fondo. Estamos en un bólido y nos vamos a estrellar contra la pared, no basta con reducir un poco la velocidad, hay que pararnos y cambiar de camino. Es este el sentido del decrecimiento.

El decrecimiento no es un modelo. Es antes de todo un lema provocador para marcar la necesidad de una ruptura, impactar los espíritus como un eslogan publicitario. Estrictamente se tendría que hablar de « a-crecimiento », del « a » privativo griego, como « a »-teísmo. Es necesario salir de la religión del crecimiento, del culto al progreso, a las mercancías, mejor dicho habría que desintoxicarse.
Como lo comento en mi libro : “Sobrevivir al desarrollo : de la descolonización del imaginario económico a la construcción de una sociedad alternativa”, es imprescindible un cambio de valores, sobre todo en cuanto al comportamiento del ser humano frente a su entorno natural. Es un rasgo específico de Occidente la idea del hombre prometéico, de la cual viene la famosa frase de Descartes : « el hombre maestro y dominador de la naturaleza ». Sin embargo el hombre pertenece a la naturaleza, es menester que el hombre pare su depredación de la naturaleza, y que encuentre un modo de vivir en armonía con la naturaleza, como un jardinero fiel.

Se quiere sustituir el mundo natural por el artefacto, o sea un mundo artificial. Con la técnica conseguiremos sustituir el mundo que ha creado al hombre por un mundo creado por el hombre. Pero si se mira al planeta desde el punto de vista de la hipótesis Gaia (lo que correspondería a la Pachamama en América Latina), el hombre es solamente un elemento del conjunto del ecosistema terrestre. No sólo tiene que cambiar su modelo económico y político, sino que tiene que cambiar su manera de considerar al planeta y a sí mismo.

Entonces la reapropiación del futuro de cada pueblo pasa por la redefinición del contenido de su política general y éste es el sentido del decrecimiento.

El decrecimiento es sin duda un proyecto anti-globalización. Pero la globalización está condenada a largo plazo, incluso según las personas que no pertenecen al movimiento del decrecimiento, con el agotamiento del petróleo. La globalización sólo es viable teniendo en cuenta los costes de transportes artificialmente bajos. Con una desaparición de las energías fósiles, los costes de transporte van a multiplicarse por 10, 20 o 30, por lo que no se utilizará más el transporte aéreo y se reducirá el transporte terrestre. Sólo se transportarán las mercancías que no pueden producirse en la misma zona. J M Keynes, economista famoso del fin del siglo XIX, ya decía en su época, cuando todavía no se sabía lo que iba a ocurrir, que las ideas tienen que circular libremente, pero las mercancías lo menos posible y los capitales para nada. Desde este punto de vista, el decrecimiento cumplirá las aspiraciones de J M Keynes.

Antes de llegar a tal punto, es necesario reducir los transportes terrestres y plantearse una relocalización. Hoy en día, viajamos todo el tiempo porque no estamos a gusto en ninguna latitud, lo que es muy malo para el planeta, porque consumimos mucha energía y el coste ecológico de estos viajes es muy alto. Mientras vivimos cada vez más en un mundo virtual, en cambio viajamos realmente. En el futuro, tendremos que aprender a viajar virtualmente y redescubrir el arraigo al territorio.

La respuesta es sí. Es simplemente matemático : un 20% de la población mundial que vive en el Norte consume un 86% de los recursos, pues nada más queda un 14% de estos recursos para el Sur. Es necesaria una redistribución más justa. Significa que tenemos que restringir nuestra sangría en los países del Sur para que respiren. Por ejemplo, durante la gran hambruna en Etiopia y Somalia, estos países seguían exportando alimentos para las mascotas de las clases medias del Norte.

Eso pasa por un cambio de nuestro modelo alimentario, comemos demasiada carne, grasa, azúcar, sal…Un 50% de los jóvenes en Estados Unidos son obesos, en Europa un 30%. Aquí se vislumbra la irracionalidad de tal modelo. Un 40% de la producción de cereales sirve para la alimentación del ganado. Pero se tira un 30% de la carne que se encuentra en los supermercados, es un despilfarro enorme. La producción de carne de Europa se basa en el uso de un territorio 4 veces superior al de Europa bajo forma de la importación de torta de orujo, de soja, maíz, etc. para el ganado.

Siempre digo que no voy a proponer a los países del Sur emprender el decrecimiento cuando todavía no han conocido el crecimiento. En cambio, si el decrecimiento significa construir una sociedad diferente de la sociedad occidental basada en el crecimiento sin límite, entonces tiene sentido a la vez para los países que todavía no tomaron este camino, que tienen aún un patrimonio que preservar. Y para los que ya tomaron este camino es todavía posible cambiar de camino. Les permitiría romper con la dependencia económica, que se ejerce a través de « l’Etau de la dette » (Aminata Traoré), pero también a través de las estructuras económicas. A esta dependencia económica se suma la dependencia cultural.

Se les ha privado de sus propias ilusiones para vivir, 700 millones de africanos no quieren vivir más en África, sino venir a Europa. A través de los nuevos medios de comunicación (internet, el teléfono móvil) tienen la cabeza en la « aldea global » y « los pies en la mierda africana ». El fenómeno de la inmigración, tal como lo conocemos hoy en día, está sólo iniciándose, no basta con sobrevigilar las fronteras con muros de retención y metralletas, pero eso es ahora mismo lo que va imponiéndose. Somos nosotros mismos quienes hemos creado este deseo, porque ellos no lo tenían antes. Hace 20 años los africanos no pensaban en marcharse, , mientras hoy nada más quieren irse.

No me preocupo por África. La desmundialización será más fácil para ellos que para nosotros. Su sistema económico funciona ya mayoritariamente fuera del mercado, ya están acostumbrados a vivir en condiciones muy difíciles. Con la quiebra del sistema ya no podrán exportar sus cultivos especulativos, como ha sucedido en el pasado. Comerán mejor porque empezarán a diversificar sus cultivos, cultivarán productos para su propia satisfacción. Un inmenso país como es la República Centroafricana, poco poblado, tendría que hundirse por abundancia, pero tiene una organización muy débil como resultado de la colonización y del imperialismo de los países del Norte. Esta organización tiene como consecuencia un nivel de vida que no permite aumentar la producción agrícola que posibilitaría el abastecimiento de la población urbana.

Un ejemplo de alternativa podría ser el de Cuba, que a consecuencia del embargo supo construir una agricultura ecológica, que propicia una alimentación abundante y sana.

Si los países del Sur pudieran autogestionarse, encontrarían una solución. Seguramente no sería la solución en la que pensamos, ya que son ellos mismos los actores de su cambio.

¿Para Vd. cuál fue el papel de las ONG en este continente ?

Las ONG participan en cierta medida de la dinámica de exportación del imaginario desarrollista. Después del fracaso de las políticas de desarrollo de los Estados en los años 60’, los grupos cristiano-católicos, que desempeñaban hasta entonces un papel modesto y más caritativo que dasarrollista, fueron encargándose de la cooperación bilateral que prolonga la colonización. A medida que los Estados se iban descargándo de este papel de « asistencia técnica », se ampliaba el rol de las pequeñas asociaciones ya existentes, y entonces surgió un verdadero mercado para las ONG que empezaron a multiplicarse.

Entre las ONG existe lo mejor y lo peor, y sobre todo lo peor. Pero está claro que la transformación social tendrá que pasar por grupos organizados y no sólo por individuos. Creo que existe un mito acerca de la sigla ONG, que se usa para todo, esconde realidades muy diversas. Es bastante chistosa esta palabra de ONG porque una familia africana de 300 personas podría considerarse como una ONG.

Los africanos se dieron cuenta de que a los blancos les gusta cooperar con organizaciones que tienen la misma manera de actuar y con personas blancas. Es una buena manera de conseguir fondos. Para una parte de la población joven desempleada con largos estudios, este fenómeno constituye una oportunidad grande y entonces crearon ONG que gracias a un discurso occidentalizado consiguen recaudar más fondos. Y eso da pena sabiendo que muchas de las alternativas fomentadas hoy por las ONG del Norte son recuperaciones de mecanismos ya existentes en los países del Sur. Por ejemplo los microcréditos en África tenían el nombre de « tontines ». Era una institución muy antigua, pero con objetivos muy distintos, ya que no se enfocaba hacia el desarrollo económico, sino en la organización de ceremonias familiares (bodas, entierros, etc.). A partir del momento en que se titula « microcréditos », es una recuperación de una creación africana, de una cultura original, para introducirla en el proyecto del hombre blanco. Lo mismo para el comercio justo, las micro-empresas y/o cooperativas, que ya existían a través de organizaciones informales basadas en el sistema de clan.

Es una cortina de humo porque el desarrollo no es sostenible. El desarrollo es sólo una palabra, que conlleva todo un imaginario y una historia. Es la historia del crecimiento insostenible. Hoy en día el crecimiento es nada más una transformación cuantitativa y no cualitativa. El término « desarrollo sostenible » es un lindo hallazgo del mundo publicitario. Según mis fuentes, sería el mismo Henry Kinsinger quien durante la Conferencia de Estocolmo en el año 1972 presionó para que el término de “ecodesarrollo” fuera sustituido por “desarrollo sostenible”. En efecto, a los grupos de presión de las industrias estadounidenses les parecía demasiado ecologista el término “ecodesarrollo”. Es un hallazgo a la vez político, publicitario y técnico, o sea la mejora cortina de humo. Es prometer a las personas el oro y el moro, salvar el planeta sin cambiar nada. Recuerdo una conversación que tuve con un businessman que me decía : “queremos salvar el business y el planeta”, pero es el business quien esta destruyendo el planeta, entonces hay que escoger. Por esta razón, la palabra “decrecimiento” tiene como objetivo marcar la ruptura, mientras el “desarrollo sostenible” marca una continuidad. A tal punto que el World Business Council for Sostainable Development, el grupo de presión más potente del planeta, está compuesto por todos los grandes contaminadores del planeta, que son : Montsanto, Novartis, Total-Elf-Fina, etc.
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Por qué los informes del IPCC subestiman, sistemáticamente, la gravedad del cambio climático (1)

Usted no lo cree - Dom, 30/03/2014 - 08:30
Primer texto introductorio de una serie que justificará, a partir de la sociología de la ciencia, los motivos por los cuales el IPCC, aún cuando sus informes son muy alarmantes, infravalora la gravedad real del cambio climático, y lo hace de forma sistemática.
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